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Breve historia de la enseñanza de la teología
a través de la Historia de la Iglesia




La teología es el estudio responsable que busca conocer, en el pensar y actuar de Dios, sus planes y designios acerca del hombre y la creación; particularmente el pensar teológico busca en Dios, la comprensión y la redención del malestar que nos aqueja: el mal físico (enfermedades, catástrofes naturales; el mal moral (pasiones, instintos, odios) y la muerte.

El que nos acerquemos a conocer a Dios no beneficia en nada a Dios; tampoco lo cambia o afecta el que lo conozcamos.

La teología tiene valor y sentido, porque busca en Dios, una comprensión mejor del ser humano, de sus problemas, de los males que nos afectan. Buscamos a Dios porque el es quien mejor nos conoce, ya fue fuimos creados a su "imagen y semejanza".

No tiene, por esto, caso el buscar a Dios por curiosidad o por erudición. La teología así contemplada, es la ciencia que ha venido buscando, desde hace dos milenios, la huella de Dios presente en la historia del mundo, tal como ha sido transmitida a nosotros en la Escrituras judías (Antiguo Testamento) y en las Escrituras cristianas (Nuevo Testamento) y en el magisterio de la Iglesia (21 concilios ecuménicos, principalmente).

La teología, al reconstruir esta huella de la presencia de Dios en la historia humana, nos muestra una radiografía animada del devenir y del porvenir de todos y de cada uno de los seres humanos, que han, hemos y habrán de habitar nuestro planeta.

A partir del concilio de Trento (1543-1563) el magisterio de la Iglesia (Enseñanza del Papa y de los Obspos; promovieron el estudio de la teología (y de la Filosofía) para los candidatos al sacerdocio (instituyendo los seminarios); en estas ultimas décadas, el magisterio de la Iglesia católica ha dado pasos decisivos en pro de la difusión de la teología entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

El último paso es la convocatoria del Santo Padre Juan Pablo II, a prepararnos al nuevo milenio. Dedicando para esto el año de 1997 a Jesucristo, el de 1998 al Espíritu Santo y el de 1999 al Padre. Llama la atención el dedicar un año a cada una de las personas de la Trinidad, ya que diario se bautiza, desde el Nuevo Tetamento, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En diversas ocasiones el católico nombra a la Trinidad, por ejemplo, al entrar o pasar por una iglesia.

Esta convocatoria busca que todo católico tenga presente que cada una de las 3 personas de la Trinidad tiene importancia vital para su ser y quehacer cotidianos. No se puede ya, en el umbral del tercer milenio ser cátolico sin ser consciente de la doctrina cristiana en su totalidad. Como puedo querer construir la comunión en mi comunidad, sin ser consciente que la comunión, que se busca instaurar es la que hay entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y que nos nutrimos de esta Comunión intratrinitaria en el sacramento de la Eucaristía.

Lo que nos pide el Santo Padre es partir del abc del cristianismo, es un volver a lo que hicieron los apóstoles, es en gran medida la invitación a que nos demos cuenta que somos como niños que tenemos que volver a la infancia, a dar los primeros pasos; a balbucear las primeras palabras en el
crecimiento de nuestro conocimiento y conciencia de la totalidad del mensaje del Evangelio y la coherencia de la doctrina cristiana.

Un paso anterior, muy claro y tangible, es el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica del año de 1992. Es un tratado de teología. Esto se desprende de la cantidad de fuentes que cita el mismo Catecismo: de la Biblia, de los Padres de la Iglesia, de los Concilios Ecuménicos, de los teólogos y doctores de la Iglesia, de los escritos de los Papas, de los libros litúrgicos, del Derecho canónico.

Por otro lado, el Nuevo Catecismo trata de todas las verdades esenciales de la doctrina cristiana y las relaciona unas con otras; el Nuevo Catecismo hace teología.

Ahora bien, el que se llame Catecismo indica que es para todo público, en el caso de la Iglesia católica, para todo bautizado. De nuevo, el Magisterio esta convocando a todo laico, a todo el pueblo de Dios, a conocer la globadilidad de
la enseñanza cristiana.

Un tercer paso, decisivo y de suma trascendencia, es la actitud tomada por el magisterio de la Iglesia católica,
En el último concilio ecuménico; EL CONCILIO VATICANO II

De los 21 concilios ecuménicos realizados en la Iglesia católica a lo largo de estos 2 milenios, sólo el último, EL CONCILIO VATICANO II, celebrado en la ciudad de Roma, Italia, de 1962 a 1965, no formuló dogma alguno.

Los 20 primeros concilios ecuménicos definieron, formal y solemnemente, alguno o algunos de los aspectos de la doctrina cristiana, es decir, formularon dogmas sobre diversas verdades de la fe católica, como la existencia de Dios, Uno y Trino (concilio de Constantinopla I (381), la humanidad y divinidad completas de Jesucristo (concilio de Calcedonia en 451), la existencia de 7 sacramentos y de 53 libros de la Sagrada Escritura (concilio de Trento de 1543 a 1563).

De esta manera el más reciente de los concilios ecuménicos, el Vaticano II, es el único que no incluye formulas dogmáticas en las constituciones y decretos aprobados por los cerca de 3000 obispos presentes en el último Concilio Ecuménico.

Qué implicaciones tiene este hecho en la historia reciente de la Iglesia Católica? Esta resolución del Vaticano II de evitar emitir un nuevo Dogma, qué nos enseña ?

Quien más se ha visto beneficiada por esta abstención del concilio ecuménico Vaticano II es, sin duda alguna, la teología que tiene como objetivo mostrar la coherencia e integración de todas la verdades de la doctrina cristiana.

El Tema central en el concilio Vaticano II fue la realidad de la Iglesia. De hecho, ha sido definido como "El concilio de la Iglesia sobre la Iglesia".

Por otro lado, 2 de sus 4 constituciones tratan el tema de la Iglesia: La "Lumen Gentium" sobre la Iglesia como luz de las gentes y la "Gaudium et Spes" sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo.

Además, poco antes de la clausura del concilio, el Papa Pablo VI, promulgó en 1964 la enciclica ECCLESIAM SUAM cuyo tema central es la Iglesia.

Al abstenerse el magisterio de la Iglesia en el Vaticano II de dar un Dogma, decidió dar lugar a la teología para que profundice, aclare, complemente la noción de IGLESIA

Así, a partir del concilio ecuménico Vaticano II, el magisterio de la Iglesia católica, ha abierto, de par en par, las puertas de la reflexión teológica, permitiendo con esto un nuevo despertar de teología, comparable sólo con el auge que tuvo en los primeros siglos de la Iglesia.

Pbro Florentino Durazo Valencia