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HISTORIA DE LA IGLESIA

EPOCA MEDIEVAL

SEPTIMA PARTE: EL SIGLO XIII


CAPÍTULO I

LAS HEREJÍAS MEDIEVALES Y LA INQUISICIÓN.

Entre los siglos XI-XV la cristiandad europea estuvo invadida por numerosos y diversos movimientos heréticos, los cuales han de ser considerados como una forma de interpretación y una actuación particular de la religiosidad del tiempo. Estos movimientos son considerados heréticos en cuanto que siguieron experiencias religiosas que no sólo hacían de menos a la Iglesia Católico sino que en muchas ocasiones se contraponían a ella constituyéndose una organización propia.

Las herejías presentan sugestiones interesantísimas para la comprensión de la mentalidad medieval. Más que la ortodoxia de estos movimientos interesa hoy el estudio de sus orígenes y de sus motivaciones. Son considerados en un visión más amplia que otros fenómenos paralelos como puede ser la afirmación de una sociedad comunal y la aversión contra ciertas evoluciones en la vida de la propia sociedad.

Los movimientos heréticos de la Edad Media eran substancialmente movimientos laicales. Sus herejías no son intelectuales, sus doctrinas son en general simples, muchas veces sin ninguna reflexión sistemática, no pudiendo ser parangonadas con Lutero o Calvino, por ejemplo. Son más bien una forma del despertar de los laicos medievales. Gregorio VII había instigado a los laicos a rebelarse contra los enemigos del papado reformado (recordemos por ejemplo la Pataría Milanesa). De suyo este .impetus religiosus. de los laicos no se pudo suprimir más por la jerarquía. La incomprensión de los deseos religiosos de los laicos por parte de la jerarquía condujo e el XII a la formación de movimientos religiosos que sólo en parte constituían una orden religiosa, aunque incluso ciertas herejías están próximas a las órdenes religiosas.

En parte se distinguen de la Iglesia sin estar al comienzo de la herejía. El momento histórico del fenómeno, el gran número de los movimientos o grupos, la complejidad misma de las corrientes y de las tendencias hacen difícil incluso una simple caracterización de las herejías medievales.

Un historiador italiano que se ha ocupado de este fenómeno, el P. Hilarino de Milán, ha distinguido dos tipos de herejías medievales

·       El Evangelismo Ascético: Estos movimientos se dirigen a la imitación directa de Jesucristo y de los primeros discípulos. Forman parte de esta corriente los grupos evangélicos-pobres, que sostenían la necesidad de una vuelta a la pobreza de la vida evangélica y que se sustraían de la vigilancia de la Iglesia de la que contestaban el laicismo moral y la riqueza. En estos grupos se contestaba también la .Donación de Constantino. como símbolo de una Iglesia demasiado implicada en los asuntos políticos y feudales. En este grupo se sitúan los Valdenses.

·       Los Movimientos Doctrinales: A la base de su experiencia religiosa estaría un complejo doctrinal o un principio teológico-filosófico. Representantes de este grupo serían los Cátaros.

Para el profesor esta división de las herejías es demasiado esquemática. El Evangelismo Ascético no era adogmático, y los Movimientos de tipo Doctrinal eran atrayentes propiamente por su vida ejemplar evangélica.

1. Las herejías del Imperio Bizantino.

Son fundamentalmente dos: los Pauliciani y los Bogomili.

Los Pauliciani aparecen por primera vez a mediados del VII en Armenia Con, una provincia del Imperio Bizantino de confín, la Anatolia central actual. El nombre de la secta deriva de Paulo el Armenio que guiaba el movimiento desde el 688-718, sin ser su fundador. Es más un movimiento bizantino que armenio, extendido entre la oblación rural del este del Imperio. Sólo podemos reconstruir su doctrina a través de tradiciones del IX, según las cuales los Pauliciani enseñaban un dualismo radical con dos fuerzas iguales: un dios malvado creador del mundo visible, material y un Dios bueno creador del mundo invisible, celeste. Estas dos fuerzas combaten sin fin. Partiendo de esta visión condenaron el poder político y social del estado bizantino, considerado obra del dios malvado. Esta manera de pensar explica también las acciones militares de esta secta contra el estado bizantino.

De manera particular luchaban contra la iglesia bizantina, obra de las fuerzas del mal, rechazaron los sacramentos, los días festivos y los ayunos, detestando de modo particular la veneración de la cruz y de las imágenes. El AT es obra del creador malvado. Con el culto rechazan también al clero, completamente inútil para una vida religiosa.

De manera positiva su religiosidad estaba determinada por su concepción cristológica. Para ellos Cristo es un ser bueno enviado por el Dios bueno con el fin de enseñar la verdad del Dios bueno escondida. Esta enseñanza será competencia de los discípulos de aquella doctrina, los Pauliciani. Según ellos Encarnación y Pasión de Cristo son interpretaciones erróneas del Evangelio. En el centro de su interés está el estudio del Evangelio.

Su culto era muy simple: oración, lectura del Evangelio y su interpretación. No sabemos en qué medida dependen de la Gnosis tardo antigua o del Maniqueismo. Fenómenos similares no tienen por qué depender el uno del otro, pueden ser incluso análogos.

Los Paulicianos encontraron partidarios sobre todo en la época Iconoclasta, aunque no compartían las posiciones de los que rechazaban las imágenes. En la lucha bizantina contra los Paulicianos el poder estatal bizantino, desde mediados del siglo VIII, ha tomado medidas radicales, una especie de policía ética, transfirió a gran parte de los Paulicianos a los Balcanes ya que se habían convertido en aliados de los árabes contra los bizantinos.

La historia de los Paulicianos termina en el IX, siendo su centro los Balcanes. Sus herederos serán los Bogomili. El sacerdote búlgaro Kosma escribe hacia el 970 un tratado contra la herejía de los Bogomili, derivando su nombre de un sacerdote búlgaro herético llamado Bogomil (=.uno que ama a Dios.), el cual desde mediados del X iba de pueblo en pueblo predicando su mensaje.

Bulgaria estaba cristianizada desde el bautismo del príncipe Boris (865). La Iglesia Búlgara era una metrópoli dependiente de Bizancio. Las tensiones entre el rico alto clero búlgaro y la pobreza de los simples sacerdotes ha favorecido la difusión de ideas críticas en relación con la Iglesia. Los Bogomili, que nacen a partir de este movimiento de descontento, sostenían un dualismo moderado. Afirmaban que Dios a creado el Universo con sus 4 elementos (fuego, aire, agua y tierra) y ha erigido su Reino de 7 cielos. Uno de los ángeles Satanás, se había revelado contra Dios siendo exiliado en la tierra, siendo el creador del mundo terrestre. En la creación de los seres vivientes Satanás rechazó incluir en los cuerpos materiales a los ángeles, de modo que el dualismo entre bien y mal se encuentra en el propio hombre. Cristo es un mensajero de Dios para informar a los hombres de su real condición. Cristo no consigue vencer a Satanás, el cual tiene el dominio sobre la tierra hasta el juicio final.

Los predicadores bogomiles no quieren por tanto enseñar doctrinas abstractas, sino que extraen las consecuencias. Toda la Iglesia oficial es para ellos obra de Satanás, la vida de los clérigos demuestra que siguen a Satanás, no son santos, puros y pobres sino borrachos, avaros lujuriosos, litigantes. El culto de la Iglesia es inútil, los sacramentos no valen nada, las reliquias son sólo huesos. Es particularmente rechazable para los bogomiles la cruz. De la Biblia sólo aceptan partes del NT, sobre todo el Evangelio de San Juan. El AT es para ellos obra de Satanás.

No se limitaban a atacar la Iglesia sino que consideraban en general el poder y la riqueza como obra y seducción de Satanás. Los que detentaban el poder (reyes, príncipes, alto clero), todos eran considerados servidores del diablo.

Entre los Bogomili existían dos grupos. El centro lo constituyen los predicadores, .perfectos. o simplemente cristianos, y el segundo grupo son los .fieles., la gran masa de los seguidores. Las fuentes ortodoxas hablan de un tercer grupo formado por los .simpatizantes.. A finales del XI aparecen también en Constantinopla donde son procesados. Su organización se consolida en diversas iglesias como Macedonia, Tracia, Asia Menor, Servia y Bosnia. Desde el XIII se aprecia un decaimiento del bogomilismo comenzando en Constantinopla.

Muy interesante es el desarrollo del movimiento en Bosnia en una zona de frontera entre la Iglesia Bizantina y la Latina en la que las estructuras de ambas iglesias no estaban muy desarrolladas. En este lugar entraran en el XII los bogomili difundiéndose su doctrina sin obstáculos, sobre todo entre los campesinos en zonas aisladas. En Bosnia central la mayoría de la población rural se adhiere a este movimiento. La Iglesia Ortodoxa se limitó al sur y sudeste del país, mientras que la Latina intentó entrar desde las ciudades marítimas del Adria y de Croacia sin grandes resultados. Los príncipes de Bosnia favorecieron el Bogomilismo ya que garantizaba mejor la independencia del país con relación a Hungría como a Venecia. De este modo se formó una Iglesia Bosniaco-Bogomila con una estructura jerárquica cuyos centros eran las comunidades de los .perfectos. comparables a los monjes. Al conquistar Bosnia los turcos en 1463 y en 1482 Herzegovina, gran parte de la población se convirtió al Islam y entre ellos todos los Bogomili.

2.- Comienzos de las herejías en Occidente.

Las primeras noticias sobre herejías aparecen hacia el año 1000 en Francia. Al comienzo son pocos casos, pero desde 1018-1028 los fenómenos se hacen más frecuentes según los testimonio que tenemos de Francia, Italia y de los Países Bajos. Son fenómenos bastante aislados y geográficamente distantes. No podemos hacernos en todos los casos una idea sobre el contenido de sus doctrinas, pero es obvio que provienen de las clases humildes de la población.

El primer caso documentando es la herejía de un campesino llamado Leutardo, del cual nos habla el cronista cluniacense Rodolfo el Glabro en su historia Crónica del año 1000, que afirma que Leutardo habría dejado a su mujer, destruido las cruces, rechazado pagar las décimas y criticado el AT.

Poco tiempo después parecieron en Europa Occidental fenómenos similares. El noreste de Francia se transformará en un centro de herético y las zonas de confín del Imperio. Estas documentados interrogadores y heréticos en Lieja y en Arras. Un proceso clamoroso contra los heréticos tendrá lugar en 1022 en Orleans. En Italia se encuentran grupos heréticos entre 1030-1048 en Rávena Venecia y Verona, aunque muchos grupos no llegaron a ser conocidos por las autoridades.

Es muy difícil hablar de su doctrina y mensaje, de los que más sabemos es del grupo de Orleans (1022) entre los que se encuentran nobles y clérigos. Su doctrina comprende estos puntos: Distinción entre un mundo invisible y otro material, el cual es del demonio, rechazo del matrimonio y de los cargos civiles, Jesucristo sólo tiene un cuerpo aparente, rechazo del Bautismo de agua, comunicación del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos, rechazo de la creencia en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Todo ello sumado son doctrinas muy similares a las de los Bogomili, por lo que hace la pregunta de la derivación de las herejías occidentales de las bizantinas, cosa que defiende Félix Toco en su obra Herejías en la Edad Media (1884).

Rafael Morgen en su Medioevo cristiano afirma que históricamente no se puede aceptar una irradiación del bogomilismo en Occidente, sino que las herejías occidentales del XI serían una de las expresiones características de la nueva vitalidad del pueblo cristiano tras el 1000, expresión de su deseo de coherencia moral entendido de forma simple e inmediata de la aspiración del pueblo cristiano a una religiosidad menos formal, menos dominada por la opresora supremacía del clero, serían por tanto un producto autóctono, un retorno espontáneo del pueblo a la pureza del Evangelio.

El P. A. Dondaine OP se opone a las teorías de Morgen en 1952, afirmando que los heréticos del XI son dualistas influenciados por los Bogomili como los Cátaros occidentales son hijos de los Bogomili, los cuales a su vez son herederos del antiguo Maniqueismo. Hoy la mayor parte de los historiadores se decanta por este nexo entre las herejías del XI en Europa y los Bogomili. Se cree que la herejía se extendió desde Italia Meridional donde está documentado por peregrinos del XI la presencia de predicadores bogomilis. Más tarde a través de las vías de comercio hacia Italia del Norte, Francia Meridional y Champagne se iría extendiendo. No se sabe quienes fueron los propagadores, quizá comerciantes o predicadores itinerantes. La reacción, a veces violenta, contra estos primeros heréticos partía, en general, de los laicos no del clero.

Antes del año 1000 en Occidente se vivió un período sin herejías de no do que los que no aceptaban la predicación de la Iglesia se atenían a la religión pagana. La aparición de herejías es un indicio de una más profunda cristianización. Al alternativa a la Iglesia ya no será el paganismo sino otra forma de ser cristiano. La primera onda de herejías aparece en Occidente en la segunda mitad del XI, en el tiempo de la Reforma Gregoriana en la que el papado intenta adaptar la Iglesia Católica a las nuevas condiciones sociales, y constituir el papado como centro eclesiástico y político de Europa. En aquella época en que el propio papa es el más grande revolucionario, siendo sus más fieles aliados los que llevan una mayor carga de protesta, como por ejemplo la Pataría de Milán.

Tras la Reforma Gregoriana nacerá otro tipo de herejía, no de grupos retirados y silenciosos sino agresivos y fanáticos. Se instalan en las partes más desarrolladas de Europa hacia el 1100, en Italia septentrional, Sur de Francia y Flandes. Es la época de los .Predicadores Itinerantes. llamados Pauperes Christi, los cuales atacan a los sacerdotes simoníacos y la riqueza de la Iglesia, en predicaciones anticlericales que con facilidad se podían transformar en herejías.

Uno de estos predicadores heréticos del sur de Francia era un exsacerdote, Pedro de Bruys. Se presentó en hábito de peregrino, a pies desnudos y con larga barba al pueblo, predicando contra los edificios de las Iglesias, ya en una iglesia o en una taberna o sala: se deben quemar las cruces, nada de oraciones ni limosnas para los difuntos, ningún bautizo para los niños y ninguna Eucaristía. La única autoridad para él son los Evangelios. Su radical doctrina, sobre todo del rechazo del papel mediador de la Iglesia, y su pobreza encontraron mucha aceptación. Como consecuencia de sus predicaciones la multitud destruyó iglesias y altares y asedio monasterios. Un Viernes Santo comieron carne asada en un fuego de cruces de madera. Pedro será hecho prisionero en Saint Gilles por sus adversarios indignados por su herejía y comportamiento agresivo, siendo quemado en la hoguera (1132-33). Su herejía seguirá existiendo y sus seguidores serán llamados Pietrobrusianos contra los que escribirá sobre todo el abad Pedro el Venerable de Cluny.

Semejantes doctrinas sostenía el exmonje Enrique que en 1135 conoce a los Pietrobrusianos de los que compartía algunas opiniones. Será un predicador itinerante en el sur de Francia. Predicará contra la Iglesia como institución no admitiendo otra fuente para la vida religiosa que no fueran los Evangelios. Su pista se pierde hacia el 1145, pudiendo haberse asociado a los Cátaros.

La reforma de la Iglesia durante la lucha de las investiduras había conducido a una renovación múltiple con la formación de nuevas órdenes religiosas, pero al mismo tiempo la Iglesia no sólo se había transformado en más independiente, sino también más potente. Por ello todas las controversias entorno al ideal de una Iglesia pobre o de una Iglesia para los pobres, desde la primera mitad del XII, provocaba como consecuencia la herejía. En los primeros decenios del XII estas tendencias eran todavía esporádicas, pero mi pronto la Iglesia se enfrentará no sólo con una herejía de gran difusión sino también con una bien organizada.

3.- La iglesia de los Cátaros como .antiiglesia..

En 1143 aparecen en Colonia, Renania, unos heréticos llamados Pauperes Christi. Tenemos un testimonio del preboste premostratenses Evervino de Steinfeld en un carta a San Bernardo de Claraval, en la cual refiere un interrogatorio a un nuevo tipo de heréticos en Colonia en 1143. De su relación resulta que este grupo posee una doctrina muy similar a la Bogomila y también una jerarquía con creyentes, por un lado, y elegidos o perfectos, del otro. Proclamaban que su secta estaba difundida por todas partes hasta Bizancio. Con disposición se dejan quemar en el fuego en Colonia y a Bonn. Entre 1144-45 también el clero de Lieja percibe la presencia de esta secta y lo comunica al papa. En 1147 alcanzan el sudoeste de Francia, Perigord, llevando la vida de los apóstoles, despreciando las posesiones y orando 7 veces al día y de noche. Nobles, clérigos, monjes y monjas les siguen. Incluso en el sur de Francia Bernardo de Claraval llegará a conocerlos en 1144-47.

Hasta este momento la secta no tiene un nombre. El de .Cátaros. aparecerá en 1163 en Colonia: .Cátaros hic est mundus.. No se sabe por donde han importado este nombre griego, quizás de Constantinopla. Otro apelativo que usan con gusto es el de Cristianos o Verdaderos Cristianos, del cual se deriva el de .Buenos Hombres.. Encontramos estos apelativos en todos los países donde los Cátaros han estado presentes. En los años 60 hacen una campaña de propaganda en muchos lugares de Francia y de Italia superior. En 1162 unos 30 Cátaros alemanes, campesinos hombres y mujeres pasan a Inglaterra y empiezan a predicar su fe. El rey inglés Enrique II les hace arrestar y condenar a muerte.

Desde finales de los 60 los centros del catarismo se sitúan en Italia septentrional y en el sur de Francia, la Región de Langedoc. Los motivos que provocan la difusión en estas zonas serán por un lado la tradición de la lucha por las investiduras en Italia, de manera que los Cátaros lombardos son llamados .patarinos., y por otra parte el relativo olvido de las herejías por parte de las autoridades civiles.

Una referencia sobre la influencia de los Cátaros en el sur de Francia y su influencia nos lo presenta la descripción de una disputa entre católicos y Cátaros en 1165 en Lombers, a pocos kilómetros de Albi, al sur de Francia. En esta discusión toman parte 7 obispos católicos entre los que se encuentra el arzobispo de Narbone, en presencia de muchos nobles y laicos, entre los que está la Condesa de Tolosa, y de la población de Lombers y Albi. En esta reunión los Cátaros evitaron discusiones sobre cuestiones dogmáticas, pero criticaron la vida de los obispos a los que calificaron de hipócritas y seductores, contrarios al ideal sacerdotal del NT. Las críticas sobre la vida no evangélica del clero recibieron gran acogida entre el pueblo.

Hacia 1167 se presentó en Venecia un cierto Papas Nichetas, probablemente un obispo bogomili de Constantinopla, que trajo a occidente la doctrina de la iglesia Dragovítica, cuyo nombre deriva de un lugar de incierta localización en la actual Bulgaria, Dragowitsa (Drugonthia), que sostenía un dualismo radical. El título .Papas. ya creó confusión en la Edad Media, algunos llegaron a deducir un papado cátaro, pero el nombre sólo significa .pope., es decir la designación bizantina de los eclesiásticos. Nichetas tuvo gran influencia sobre los cátaros franceses. En el concilio cátaro de 1167 en Saint-Félix-de-Caraman consagró de nuevo a los .perfectos cátaros. según el ordinario Drugonthio, según el rito de la iglesia Dragovítica, y desde este momento los Cátaros franceses serán dualistas radicales, mientras que en Italia existirán las dos variantes del catarismo.

Más significativo que esto será que 25 años después de la primera aparición en Europa de los cátaros occidentales ya era posible reunir un concilio de los dirigentes cátaros, lo que demuestra una rápida difusión de aquella fe. Bajo la dirección de Nichetas se procedió a construir una organización. Junta a las dos diócesis cátaras que ya existían en Francia, una para el norte y otra para el sur en Albi, por lo que se les llama  Albigenses, se nombró un obispo para Lombardía y otros para las nuevas diócesis de Francia, sobre todo en Tolosa, Carcassone y Ayen. Geográficamente el centro cátaro del sur de Francia se extendía sobre bastos territorios del Condado de Tolosa a lo largo del río Verone hasta los Pirineos.

En Italia la diócesis Lombarda se dividió hacia el 1200 en 4 diócesis septentrionales: Concorezzo, Esenzano, Vicenza y Bagnolo, además una diócesis cátara en Florencia y otra en Spoleto. Los puntos de aceptación del catarismo italiano eran Milán, Piacenza, Cremona,Brescia, Bérgamo, Vicenza, Verona, Ferrara, Florencia y Orvieto. Así se formaron en Italia diversas iglesias cátaras que estaban en relación entre ellas, pero no tenían ninguna organización centralizada.

Menos difundido estaba el catarismo en otras partes de Europa. Intentaron penetrar en Champagne, en Borgoña y en Flandes, incluso estaban presentes en algunas ciudades alemanas, como Colonia, Maguncia, Bonn, Coblenza, Pasavia, Viena,... También hay rastros de grupos cátaros en Inglaterra y en el norte de Aquitania, pero el catarismo no consiguió convertirse en un fenómeno de masas fuera de sus centros de Francia meridional y de Italia septentrional.

4.- La doctrina cátara.

Hasta nuestros días conocemos sólo dos fuentes cátaras originales que han sido estudiadas por el P. A. Dondaine O.P., el cual al destinar sus esfuerzos investigadores a la obra de Santo Tomás ha pasado todas sus notas a la estudiosa francesa Christine Thouzellier la cual las ha publicado. La primera fuente son los extractos cátaros contenidos en el libro Contra Maniqueos del exvaldense Durando de Huesca (1220). La segunda es el Liber de duobus principiis, encontrado por el P. Dondaine en 1939 en un manuscrito de Florencia, que se puede datar tras la mitad del XIII. Resulta de estas fuentes y de otros testimonios que el cristianismo cátaro subraya y acentúa la importancia del problema del dolor, del sufrimiento, de la muerte, de la pureza y de la santidad. En esta acentuación del momento del mal, del negativo en la vida de los hombres, emerge Satanás, el Diablo, el Tentador que en las diversas articulaciones de las herejías se presenta con un doble rostro.

En los cátaros encontramos dos formas de dualismo:

·       Un dualismo moderado que se remonta al bogomilismo y que afirma un único principio.

·       Un dualismo radical, la doctrina de los dos principios de la iglesia cátara Dragovítica del Imperio Bizantino, que a lo largo del XII ha entrado en Occidente mediante Papas Nichetas.

La iglesia de Esenzano de la que proviene el Liber de duabus principibus enseñaba un dualismo radical semejante al de los albigenses del sur de Francia. Según el dualismo moderado Satanás es sólo un ángel que se ha revelado contra Dios, que por su culpa tienta y levanta a los demás a la rebelión y al castigo que se derivó. En el catarismo del dualismo radical Satanás asume el principio antitético al Dios bueno, por lo que se transforma en un principio malo, creador de la materia, retomando así antiguos principios maniqueos. Satanás conseguiría incluso engañar a los mismos ángeles presentándoles a ellos las seductoras bellezas de la Tierra y en particular la fascinante belleza de las mujeres y la ambición del poder. Muchos ángeles le siguieron y fueron hechos prisioneros de la materia, siendo esta prisión su infierno. Según estos cátaros no existe otro infierno tras la muerte, el mundo material en el que vivimos es el infierno, la incorporación a él es ya una condena. Los ángeles serían esclavos para siempre de este mundo si el Dios bueno en su infinita misericordia no hubiese encontrado una vía de salvación. Puso entonces en medio del Paraíso un libro con 7 sellos, del que habla el Apocalipsis invitando a todos a leerlo y a cooperar en consecuencia, pero cada ángel que habría este libro se desmayaba cuando aprendía lo que quería hacer. Al final uno de estos ángeles, Cristo tiene el coraje de aceptar el terrible encargo, descender sobre la tierra, aceptar la vida infeliz de los hombres, hasta la muerte en cruz, para poder revelar la vía de la salvación a los ángeles prisioneros en el infierno de los cuerpos. La vía era la de evitar todo contacto sexual, cualquier comida de origen sexual como huevos, leche, queso y sobre todo la carne. Según el comportamiento en el campo de la abstinencia y la renuncia cada ángel prisionero en la materia tiene la posibilidad de mejorar o empeorar su suerte. Quien hubiese obrado bien podría transmigrar de un cuerpo a otro mejor, es decir de animal a ser humano y de mujer a hombre. El que se hubiese comportado mal transmigraría de ser humano a animal.

Los cátaros radicales enseñaban la doctrina de la Metempsicosis, la transmigración de las almas, en el sentido que mi alma es un ángel caído el cual ya se ha transmigrado a través de muchos cuerpos. Tras la venida de Cristo a la Tierra se había revelado la vía de la Redención, que no es un don gratuito sino que se consigue a través de pena y sacrificio, es decir mediante la obediencia a los preceptos de la moral cátara. Además de esta observancia se tenía que recibir un sacramento especial, el Consolamiento, único sacramento cátaro consistente en el rito de la imposición de la mano derecha por parte de un perfecto considerado portador del Espíritu. Este sacramento permitía dejar el propio cuerpo terreno y unirse sin más pasos al dios bueno sin más transmigraciones. No obstante comportaba también una serie de pesadas responsabilidades, ya que quien transgrediera los preceptos de la moral y de la pureza perdía todos los efectos redentores del sacramento debiendo renovarlo.

Los que habían recibido la Consolación y vivían según las estrictas reglas de la Iglesia cátara eran llamados .perfectos.. La segunda clase era mucho más numerosa y la formaban los .creyentes.. En el ámbito de la fe cátara los .perfectos. constituían algo similar a un monje o un clérigo, le era posible también a las mujeres recibir la Consolación. La función principal de los .perfectos. y .perfectas. era la vida ascética, según las leyes cátaras, por tanto vida célibe, después predicación y la dirección de los .creyentes.. De suyo en el sur de Francia vivía muchas mujeres .perfectas. cátaras.

La mayor parte de los cátaros eran en general sólo .creyentes., que retrasaban la Consolación hasta el momento de la muerte para no deber de vivos soportar las difíciles reglas de vida que imponía la Consolación. En casos excepcionales la Consolación se podía acompañado de una especie de .suicidio ritual., que en Francia meridional se llamó .endura. (= penitencia), y que consistía en dejar morir de hambre con su consentimiento a quien hubiese recibido la Consolación.

5.- La estructura social del catarismo.

¿Qué sectores se sintieron de manera particular atraídos por el catarismo? En Francia meridional fue sobre todo la pequeña nobleza, que apoya sus deseos autonomistas sobre el carácter revolucionario de la nueva religión, con su crítica frente a los bienes temporales de la Iglesia Católica.

Otro factor, todavía no suficientemente aclarado, es la atracción del catarismo sobre las mujeres. La nueva religión penetra en los castillos de Provenza sobre todo a través de la mediación femenina. En las iglesias cátaras que admitían un único principio y profesaban un dualismo moderado, la mujer tenían muchas más posibilidades de acción que en la Iglesia Católica. No había diferencias entre .perfectos. y .perfectas., .boni ominis. y .boni mulieres. en el campo ritual. Más reservado era el catarismo radical, pero parece que también esta doctrina se haya ganado a las mujeres. La razón puede ser porque en una sociedad marcadamente masculina, como era la medieval, el catarismo ofrecía a las mujeres una interpretación del sufrimiento existencial vasta, difusa y profunda que podían superar mediante una vida ascética con la Consolación. Es sólo una interpretación.

Otro estrato propicio para el catarismo lo constituye la burguesía de Italia comunal, del norte de Francia y de Renania, por tanto el sector medio, mercantil, artesano y financiero. Por tanto no se unen sólo las clases más míseras a la nueva religión. Al revés de lo que ocurría en el valdismo, la religión cátara no se funda sobre el ideal de la pobreza voluntaria. Para ellos todo lo material es del diablo, sin distinciones.

El catarismo no llegó a los estratos cultos de la época. Tampoco encontramos en esta religión ningún teólogo o pensador de relieve. La gran difusión se debió a factores sociales y eclesiásticos, siendo sostenida por una estructura organizativa que de manera clara se contraponía a la de la Iglesia Católica. En el fondo no son una secta cristiana, sino una religión no cristiana, aunque se pueden considerar un movimiento de protesta contra algunas deficiencias de la Iglesia medieval.

La contraofensiva católica comenzará en los años 20 del XIII en tiempos de Inocencio III, el cual proclama la cruzada contra los Albigenses, y al mismo tiempo el trabajo de los predicadores con el fin de convertir a los cátaros entre los que destacará Santo Domingo de Guzmán y después los franciscanos. La cruzada durará hasta 1229 y no conseguirá eliminar completamente a los cátaros en el sur de Francia, naciendo así la Inquisición.

A partir de aquí el catarismo se convierte en un movimiento clandestino. Las formas organizativas de los obispos cátaros franceses desaparecerán hacia 1275. En esta situación cátaros franceses se van a Lombardía donde había todavía .buenos cristianos..

La última reordenación del catarismo la llevará a cabo un .Perfectus., el cual antes de su consagración era un notario y político del Conde de Foix, llamado Pedro Autier o Autieric, que accede a .Perfectus. en 1300. Bajo su influjo el catarismo de Langedoc se transforma en un movimiento clandestino que se basa en hospicios o casas privadas. La propia religión cátara se transforma en una religión de redención en cuyo centro está el Perfectus con su poder espiritual. De suyo el catarismo era una religión de redención, pero de enseñanza de un mensaje a través del cual cada uno tiene que redimirse o alcanzar la perfección.

El inquisidor dominico Bernardo Guidone busca a Pedro Autier con un mandato de captura. De suyo en 1309 es capturado, siendo condenado tras un proceso de inquisición y quemado vivo en Tolosa en 1310. Los últimos cátaros reconocidos como tales vivían en torno a 1380 en Piamonte estando en contacto con la Iglesia Bogomila de Bosnia, perdiendo así el rastro del catarismo.

6.- Los Valdenses.

Con relación al nombre se usa en italiano la forma .Valdo. para indicar el fundador del movimiento, pero parece probado que el nombre exacto fuese Valdés o Vaudés, latinizado Valdesius, de suyo las fuentes más antiguas citan el nombre de Valdesius o Valdeses. Se trata probablemente de un topónimo, pero no se sabe de qué lugar. El nombre de Pedro se le atribuyó a partir del siglo XIV por motivos apologéticos de los Valdenses, en contraposición a s. Pedro. El profesor prefiere hablar de Valdés.

La iniciativa de Valdés se inserta en un preciso contexto socioeconómico, que se coloca en una posición crítica de frente a la institución eclesiástica como se ha desarrollado tras la Reforma Gregoriana. Es un movimiento de protesta contra la aplicación de la Reforma Gregoriana.

Reforzada la centralización del poder en la Iglesia, los gregorianos habían reducido al mínimo la participación de los laicos en la vida eclesial, para aumentar la importancia de la jerarquía, del sacerdocio. El clero, que crece en número y en poder fue sometido a un rígido control para remediar su inmoralidad, es decir el concubinato, y la simonía. Pero termino con el vivir cada vez más separado del pueblo e incapaz de compadecerse de la miseria del hombre. Es una consecuencia de la Reforma Gregoriana la separación del clero con respecto al pueblo.

Las fuentes sobre la conversión de Valdés son muy pocas y de procedencia católica. El primer cronista fue un premostratense de la diócesis de Laon, el cual escribe en los años 20 del XIII Chronicon Laudunense o Anonimi Laudunensis. El segundo es el dominico Esteban de Borbone o de Bellavilla muerto hacia 1261 en Lyon, que escribe hacia 1250; su relación tiene la preferencia ya que está escrita por un inquisidor experto y bien informado que había conseguido tener conocimiento por un testigo ocular inmediato del propio evento, y se encuentra en su obra Tractatus de diversis materiis Predicabilibus, una obra típica para los mendicantes de los siglos XIII y XIV que recoge anécdotas y episodios que puedan ser útiles a los predicadores en sus predicaciones. En este tratado introduce, en un texto sobre los dones del Espíritu Santo muchas anécdotas y lo referente a la conversión de Valdés.

Esteban nos describe a Valdés como un rico mercader de Lyon que de improviso descubrió el Evangelio, para conocerlo mejor habría encargado a un sacerdote gramático traducir del latín a la lengua vulgar una selección del texto sagrado. Era una empresa costosa y Valdés la emprendió antes de deshacerse de sus bienes. Esta iniciativa se introduce en el proceso según el cual las lenguas europeas se desligan de la matriz bajo latina, inicio de las lenguas .provence..

Valdés y sus amigos comenzaron a leer el Evangelio y encontraron al Jesús del Evangelio en el contexto de una ciudad medieval, Lyon caracterizada por un régimen de tipo episcopal, es decir el señor de la ciudad era el obispo. Valdés pertenecía sin duda a la nueva clase burguesa constituida por mercaderes y artesanos, los cuales se estaban afirmando. En Lyon, como en otras ciudades de Europa, este movimiento de libertad, comunal, tendía a estructurarse de forma institucional, de suyo en un municipio con el esquema de los surgidos en el norte de Francia y en las ciudades septentrionales de Italia.

Las fuentes son unánimes en afirmar que Valdés experimentó una conversión, se deshizo de sus bienes y comenzó a predicar por las calles hacia finales de 1170-1180, quizá la fecha de conversión sea 1176-77. Los puntos fundamentales de su conversión serán: La pobreza voluntaria y la predicación. Según el cronista de Laon la ocasión para el cambio de Valdés fue la leyenda de san Alejo, el joven que dejaba la casa paterna y las riquezas para irse a oriente y que regresaba años después a su patria de Roma y vivió durante años, sin ser reconocido por los suyos, como mendicante a la puerta de su padre y bajo la escalera de la casa de su padre. Valdés abría oído por casualidad un domingo por la calle a un músico giróbago que cantaba la leyenda de san Alejo y poco después habría decidido imitarlo. Dejó a su mujer, a la que dejó sus bienes y muebles, mientras que parte de su dinero lo utilizó para instalar a sus dos hijas que confió a un monasterio. Así comienza su nueva vida.

7. Los Pobres de Lyon.

7.1.- En búsqueda de una aprobación eclesiástica (1176-1181).

Valdés no se limitaba a abrazar la pobreza añadiendo rápidamente la predicación itinerante penitencial. Esto no era nada nuevo ya que ambas cosas eran patrimonio común de muchos movimientos de pobres desde el XI. Aún el arzobispo de Lyon, que era un cistercienses, señor de la ciudad llamado Guichard presenta dificultades, no al propósito de la pobreza sino a la voluntad de Valdés de predicar. La predicación estaba reservada al clero, y el arzobispo temía que la predicación laica de Valdés pudiese favorecer o desviar la difusión de opiniones heréticas.

En 1179 se tenía en Roma el III Concilio Lateranense, es comprensible que Valdés y los suyos pensasen resolver sus dificultades con el arzobispo de Lyon acercándose a Roma y presentando al propio Concilio su proyecto de vida y acción para que fuese sancionado por el mismo. De suyo está documentada la presencia de dos .pobres. de Lyon en las sesiones del Concilio. No se puede excluir que uno e ellos fuese Valdés. Sabemos que estos dos .pobres. fueron convocados ante una comisión conciliar para tratar de cuestiones conciliares. Los Valdenses cayeron en la red de los razonamientos escolásticos, ellos no eran teólogos y no han sabido darse cuenta de la insidia contenida en las preguntas que les hicieron. Este asunto demuestra el desprecio y la superficialidad con la que es acogida la petición de los Valdenses por la Comisión conciliar.

De suyo los Valdenses no han olvidado nunca aquel momento en que vieron romperse su confianza en el concilio y quizá incluso en el clero y en toda la Iglesia. Sólo se podría encontrar una excusa para el comportamiento del concilio, todos los prelados de aquel momento estaban muy preocupados por las discusiones con el movimiento cátaro, que les parecía un peligro grave. Afortunadamente para los Valdenses, el catarismo en Francia meridional se reforzaba en concomitancia con la aparición del Valdismo. Los seguidores de Valdés no eran cátaros, quieren diferenciarse de los cátaros, pero irán siempre ayudados de su brazo en la posición a una sociedad deficiente y hostil. El cronista de Laon cuenta que el Papa Alejandro III en el Concilio habría abrazado a Valdés, aprobado su voto de pobreza, prohibido la predicación si no era con invitación de los sacerdotes.

Tras el Concilio Lateranense parece que el Arzobispo de Lyon había recobrado el pleno control del movimiento Valdense. En 1181 Valdés será convocado ante una asamblea compuesta por representantes del clero y de la nobleza de Lyon, presidida por el cisterciense junto al Arzobispo de Chartres que era el legado pontificio, Enrique de Marsi y el Abad de Altaconva. Esta comisión hace jurar a Valdés una profesión de fe. Suscribiendo esta profesión Valdés demuestra lo sustancial que era su fidelidad a la enseñanza católica, él quiere ser católico, era católico. El Valdismo no se contrapone a la Iglesia como una antiiglesia, Valdés y sus .Pobres de Lyon. quieren ser católicos e imitar la vida de los apóstoles.

En 1181 Valdés suscribe una larga profesión de fe propuesta por el arzobispo de Lyon, con lo que se demuestra claramente que Valdés no era cátaro, sino que quería ser miembro de la iglesia católica.

7.2.- Segunda fase 1182-83 hasta 1215.La Excomunión:

Muere el arzobispo Guichard en 1180, un años después es nombrado arzobispo de Lyon un inglés amigo de Tomás Becket, Jeans Bellesmains. El nuevo arzobispo tuvo rápidamente la sensación que a pesar de la profesión de fe del grupo de los pobres, éstos escapaban de su control. Surge de nuevo el conflicto entre los pobres de Lyon con la jerarquía, representada por el arzobispo. Frente a la prohibición de predicar en público, los pobres de Lyon, desobedecieron, por lo que fueron amonestados, prosiguieron y al final fueron excomulgados y expulsados de la ciudad de Lyon. Según la tradición Valdés tomo la palabra del apóstol Pedro .Es mejor obedecer a Dios que a los hombres.. Aquí se termina el testimonio histórico de Valdés, la fecha de su muerte se pone en torno al año 1206, pero el lugar de su muerte es desconocido, la tradición tardía que pone su muerte en Bohemia no tiene ningún fundamento histórico.

En 1184 en Verona el papa Lucio III condena a los Valdenses, junto con otros grupos heréticos como los humildes lombardos, por su predicación sin mandato, la bula fue Ad Abolendam . el IV concilio Lateranense ha confirmado la excomunión en 1205.

7.3.- Carácter del movimiento:

Las analogías entre la vocación de Valdés y Francisco de Asís son indudables. Como Valdés, Francisco fue conquistado por la idea de una vocación directa por parte de Dios, y por lo tanto debía evitar las comunidades ya existentes. Para ambos la pobreza debe autentificar la predicación itinerante, estos dos grandes cristianos de educación burguesa, se enfrentan al evangelio y reaccionan de una manera similar en su ambiente. No podemos saber ciertamente si el fundador de los hermanos menores se inspiró en un primer momento en la predicación de los primeros Valdenses. Entre Valdés y Francisco pasa una generación. Es probable que tuviera contacto con los Valdenses italianos, llamados .pobres lombardos..

Los primeros hermanos menores mandados por Francisco en 1218 en Alemania, encontraron algunos seguidores de los Valdenses italianos. A pesar de la analogía la originalidad de Francisco es indudable; para Valdés el centro de su vocación no es el ideal de la pobreza, sino la predicación; mientras que para Francisco el ideal de la pobreza es absoluto. Es significativo que Francisco y sus primeros hermanos llegaron a ser clérigos, aceptaron la tonsura, Francisco no expresó jamás ninguna duda sobre la autoridad del clero, sobre el carácter sacramental de los sacerdotes. Francisco de esta manera desarma la oposición de los prelados y de la curia y demuestra la lealtad hacia la institución de la Iglesia.

Francisco y Valdés entienden la obediencia al evangelio de forma diversa; para Valdés hace una distinción entre la autoridad de Cristo y la de la iglesia; mientras la obediencia de Francisco comporta la plena sumisión a la autoridad jerárquica.

A pesar de todo esto es cierto que Valdenses y los primeros franciscanos son una protesta evangélica contra la sociedad feudal y sobre todo contra la forma de la rica burguesía ciudadana.

7.4.- Tercera fase: Los Valdenses como evangelismo herético (1215-1532).

Los pobre de Lyon continuaron considerándose como católicos, su excomunión no les produjo impresión porque lo consideraron una medida injusta. Sobre la doctrina de los Valdenses en el primer decenio del siglo XIII, tenemos algunas fuentes: .Contra herejes. de Durando de Huesca, que era el jefe de un grupo de Valdenses, que se reconcilió con la iglesia con el papa Inocencio III, y que pasaron a llamarse .Pobres católicos..

También tenemos las noticias del inquisidor dominico Stefano de Borbone que ha interrogado a muchos Valdenses.

En general podemos decir que los Valdenses tienen un concepto espiritualístico de la Iglesia. Para ellos la iglesia romana visible es Babilonia, la donación de Constantino es el símbolo de una iglesia corrupta y mundanizada, y rechazan esta donación. Sacerdotes ricos son hijos del diablo y de la perdición, los decimos ofrecidos no son pagados al clero. Se rechazan todos los elementos de la iglesia católica que derivan de la institución jerárquica o tienen un relación directa con ella, por ejemplo: rechazan la confesión a los sacerdotes, la creencia en el purgatorio, las ofrendas por las ánimas del purgatorio, las indulgencias, los laicos pueden celebrar la Eucaristía si es necesario, algunos permiten a las mujeres consagrar la Eucaristía. Los buenos laicos tiene el poder de absolver como los sacerdotes. Rechazan las cruzadas a las que califican de homicidas. Los verdaderos sarracenos que hay que combatir son los demonios. Rechazan por obediencia al Sermón de la montaña, toda prestación de juramento. Entre las características que nos da Stefano está la veneración por los textos bíblicos, sobre todo los evangelios, muchos Valdenses se saben de memoria largos pasajes del Nuevo Testamento en lengua vulgar, y su método de evangelizar es recitar de memoria, en lengua vulgar, el Nuevo Testamento delante de aquellos que les quieran escuchar.

Después de la muerte de Valdés sus seguidores en Francia meridional tuvieron que vivir en la clandestinidad, sobre todo después de la cruzada contra los Albigenses que duró 15 años. Tuvieron durante estos años influencias del pensamiento cátaro. Su situación durante el siglo XIII en Lombardía fue menos precaria, pero en la segunda mitad del siglo fueron buscados y perseguidos en las ciudades Lombardas, encontrando refugio en el Piamonte donde se mantendrán en el medievo, en la zona llamada valle de los Valdenses.

Hasta el final del siglo XIII hay testimonio de ellos en el Alto Reno, en Suecia, en Baviera y Austria. En el siglo XIV están ciertamente presentes en Turingia y Sajonia. En el XV un centro importante de difusión de los Valdenses en Bohemia, en la cual se pueden insertar en el mundo religioso popular, preparando así el movimiento Husita. La ruptura con la iglesia y con su carácter minoritario y clandestino han conducido a una nueva estructura organizativa como entre los cátaros, que existían los .prefectos. y los .creyentes o adeptos., los Valdenses tiene .los hermanos., que ejercían de confesores y directores espirituales. Abandonan la predicación pública. Aparece para los .perfectos., un título reverencial .barba., del latín .barbanus., que significa .Tío., parece que es un título característico sólo de los Valdenses de los Alpes.

Se forma una organización con un jefe llamado .Mayor., una autoridad paralela a la episcopal. Pero en el fondo sea por la formulación de su fe, o por la estructuración de sus comunidades, tendrían durante todo el medievo siempre un carácter provisorio, porque se consideraron católicos, y si era posible participaban en la vida de la parroquia. Este carácter provisorio se rebeló cuando los Valdenses se encontraron con la reforma protestante del siglo XVI.

Dos barbas se acercaron hacia los reformadores suizos, para consultar sobre cuestiones de doctrina, disciplina y liturgia eclesiástica. Los contactos continúan a pesar de las diferencias existentes entre ambos grupos. En el sínodo de Chanforan en 1532 los Valdenses de los valles declararon su adhesión a la Reforma Suiza. Este es el fin del movimiento Valdense, y el nacimiento de algo nuevo, la Iglesia Evangélica. Hoy los Valdenses forman con 20.000 fieles adultos la más grande iglesia evangélica en Italia.

8.- La inquisición[1]:

Debemos distinguir la Inquisición como proceso y como institución eclesiástica.

Como proceso es el resultado de la maduración del pensamiento de la predicación occidental en el siglo XII, hasta entonces estaba en uso el proceso judicial de infamación. Este procedimiento que venía del derecho germánico arcaico requería primero una acusación de una persona que se sentía lesa en el propio derecho, sin acusador no había ningún proceso. Este proceso admitía una absolución si el imputado hacía un solemne juramento de purificación, el juramento era algo sacro-santo. En determinados casos el imputado debía acudir a otras personas honorables dispuestas a jurar sobre la inocencia del imputado. En casos excepcionales fue requerido la llamada .Ordalía., o el .juicio de Dios., que consistía en una prueba física, en la cual se decía que Dios expresaba su voluntad dando la victoria al inocente y permitiendo superar la prueba sin daño. La Ordalía podía asumir varias formas:

·       En la de fuego el imputado debía caminar sobre hierro incandescente.

·       O sacar de una caldera hirviendo, con agua o aceite, un objeto.

Si la herida curaba sin problemas, la prueba de Ordalía había sido superada y el juicio terminaba. Muy común también era el duelo como prueba, el que sobreviviera era el que decía la verdad. Objeciones de parte eclesiástica contra tales pruebas y practicas arcaicas en la justicia, son comunes en el siglo XII. El primer papa que buscó abolir esto fue Inocencio III, en el IV Concilio Lateranense en 1215. Pero de hecho continuaron durante todo el siglo XIII.

El nuevo proceso de inquisición fue un gran progreso en la búsqueda de la verdad en un proceso judicial, no más pruebas irracionales como las ordalías, sino interrogatorios, discusiones de los testimonios, procedimientos racionales y controlables, que daban al imputado la posibilidad de defenderse. Al comienzo los procesos de la inquisición eran para la disciplina del clero, este es el origen de la Inquisición, no contra los heréticos. Inocencio III pensó en disciplinar de este modo arzobispos, obispos y abades, que no estaban dispuestos a defenderse contra los procesos de infamia. No es verdad que los procesos de la Inquisición nacieran en la lucha contra las herejías, esto fue una segunda fase.

En el campo del derecho penal eclesiástico, por el derecho germánico, hasta el siglo XII, no había una institución como el .Procurador de la República., existía sólo el derecho germánico, sin acusador no podía haber ningún proceso. El juez competente intervenía sólo sobre la base de una acusación.

Con respecto a las herejía la Iglesia buscó defenderse con medios espirituales, disputas y si es necesario con la excomunión. En torno al año 1200 crece la convicción de que este forma de proceder no es suficiente, de hecho la primera etapa de la Inquisición como una institución, es la bula del papa Lucio III, Ad Abolendam, sobre el 1184 en Verona, con la presencia del emperador Federico Barbaroja; esta bula era directa contra el crecimiento de las herejías en las ciudades Lombardas (Valdenses, cátaros, etc.). En esta bula el papa Lucio, hace una disposición del papa Alejandro III dándole validez general a la actuación de los jueces. Entró en el C.I.C. de Gregorio IX, que fue válido hasta 1917. El contenido decía que el obispo en cuanto juez ordinario de todos los cristianos en su diócesis, con ocasión de la visita canónica, que debía hacer cada dos años, debe de buscar los heréticos sin esperar la acusación formal. Aquí está el comienzo de la Inquisición.

En 1199 Inocencio III con la bula Vergentis, confirmó la disposición de su predecesor de 1184, añadiendo severas sanciones y declaró la herejía como una culpa de Lesa Majestad. Concepto que se deriva del derecho romano, en el sentido de quien reniega a Cristo comete una culpa más grave del delito de Lesa Majestad, castigado con la muerte según el derecho romano[2].

Inocencio aplica las penas previstas sin olvidar que la Iglesia no debe olvidar el deber de la misericordia. Inocencio no habla de la pena de muerte en la bula Vergentis. El IV Concilio Lateranense transformó estas normas en leyes comunes de la Iglesia, en la Constitución III sobre los heréticos. El concilio confirmó la legitimidad de la investigación de parroquia en parroquia, el comenzar el proceso sin necesidad de esperar una acusación, habla de la confiscación de los bienes y la cesión de los condenados al brazo secular, que debía llevar a cabo el castigo. Queda así fijado en líneas esenciales los procesos de la Inquisición. El papa Honorio III sigue por este camino y en Abril del 1226, el rey francés Luis VIII, empeñado en la guerra contra los albingenses, con la propuesta del cardenal delegado, emanó una ley importante para el desarrollo de la Inquisición, en la cual todo herético, condenado por un tribunal episcopal, debía ser castigado con la muerte. Aquellos que ayudaran a los heréticos serán acusados de infamia. Esta ordenanza es el modelo de toda la legislación eclesiástica sucesiva. La ayuda principal en la lucha contra las herejía para la Iglesia debía ser el emperador.

Federico II en su coronación en Roma 1220, emanó algunas leyes que pueden considerarse como anticipo de la curia romana. Según estas los heréticos condenados por la Iglesia son enviados al exilio, y confiscados los bienes. Con este edicto recibe el carácter imperial. En 1124 Federico II decretó la pena de se quemado para aquellos heréticos Lombardos que fueran condenados por la Iglesia. Estas disposiciones pasan después a Sicilia y a Alemania. El papa Gregorio IX acoge en 1231 aquellas constituciones de Federico II, en la legislación pontificia, para los herejes impenitentes la pena de morir quemado. Pone la ley de Federico y otras leyes en el Registro Papal. Podemos ver la colaboración existente entre emperador y papa en estos hechos.

Hacia 1230 se verificaron algunos hechos que son el preludio de la constitución de una inquisición papal. En el siglo XIII la inquisición de los obispos no sólo era muy lenta y agobiante, sino que además era un peso añadido para los obispos, los cuales estaban ya muy ocupados. La inquisición papal fue concebida como suplementaria y complementaria a la de los obispos, la cual no fue tocada por la legislación pontificia. Pero está claro que en realidad el poder episcopal fue disminuido como consecuencia de la más eficiente inquisición papal.

El organizador de la inquisición papal será el Papa Inocencio IV con la Constitución Ad extirpanda (15.5.1252). Encargo el cargo de inquisidores en primer lugar a los Dominicos y después también a los Franciscanos, los cuales hasta este momento sólo se emplearon en la represión de la herejía sólo de un modo marginal. De este modo a la predicación antiherética se une también la represión de la herejía, lo que produjo un gran daño a la cura de almas de los Franciscanos, produciendo también un gran daño en la propia orden.

Para el uso de los inquisidores surgieron tratados y manuales, en los cuales las herejías venían explicadas de una manera detallada, aunque excesivamente polémica, siendo una fuente para conocer las doctrinas heréticas combatidas por los inquisidores. No faltan también las descripciones de los duros métodos utilizados para combatirlas. Uno de estos manuales, el más completos, era la Practica Inquisicionis ereticici brabitatis escrito por el dominico Bernardo Guidonis. Fue escrito en 1323-24.

El inquisidor, tras su llegada a un sito, hacía venir a todos los habitantes de esa zona. En un discurso público intimaron a aquellos que se sentían culpables de herejía de presentarse espontáneamente a los inquisidores dentro de 15 días o un mes, que era el .tempus gratiae. o .tempus indulgentiae., el .mes de respirto.. Todo el que se confesó culpable sin que otro supiese antes de su herejía se salvó con una penitencia muy ligera y secreta. El que ya era conocido como herético y se presentó en ese momento espontáneamente, recibió sólo penas eclesiásticas como la obligación de una peregrinación, ayuno,..., no la cárcel o la pena de muerte.

Tras el tempus gratiae venía la segunda fase llamada .edictum fidei., obligando a todos, bajo amenaza, de denunciar a todos los que eran conocidos como herejes o sospechoso de herejía, bastaba la mínima sospecha. Los acusados que no se presentaron espontáneamente fueron llamados delante del tribunal o arrestados. Al acusado se le presentaba la acusación, seguía un juramente de parte del acusado de decir la verdad y el interrogatorio. Del nombre .inquiesta. procede el apelativo de .inquisición..

Testigos y acusados n son enfrentados. El enemigo mortal de un acusado no era admitido como testigo. Si el acusado, a pesar de las acusaciones que le incriminaron, no se confesó culpable, se procedía primero a la pena de cárcel, para que venciera su resistencia. Si la cárcel no bastaba se unía la tortura. Inocencio IV permitió el uso de la tortura en el proceso de inquisición en su Constitución de 1252. Si el acusado no confesaba la culpa, ni siquiera bajo tortura, debía ser dejado libre. Por tanto no se podía emanar una sentencia sin pruebas claras o confesiones de la culpa, lo cual procede del hecho que el Derecho Medieval no conocía una sentencia o condena que se basase sólo en indicios. La tortura se podía sólo usar en vista a una confesión, no después como un castigo.

Los formularios de los Manuales para los inquisidores nos informan de que las penas impuestas eran normales actos de expiación como ayunos, obras de caridad, peregrinaciones a célebres santuarios, servicios en Tierra Santa, signos infamantes para endosar en los vestidos (las .cruces heréticas. para que todos supiesen que era un condenado por herejía, confiscación de los bienes, para los casos graves, sobre todo para los obstinados y los reincidentes, flagelaciones , encarcelamientos, consigna a la autoridad temporal para la .animadversio debita., la cual muchas veces significaba la muerte en la hoguera.

Sobre el número de los quemados en la hoguera y los ajusticiados no hay un cuadro preciso. Contra los Cátaros en el sur de Francia e Italia Septentrional se procedía con dureza. Con excepción de los casos de mayor dureza, como el inquisidor Corrado de Magburgo (1231), la pena de muerte por herético no era la regla. De las investigaciones de los últimos años se deriva que el número de las personas castigadas por la inquisición en el tardo Medioevo serían bastantes miles, aunque las sentencias de la mayor parte de estos casas estaba relativamente ligera. Por ejemplo Bernardo Guidonis OP ha pronunciado en Toulouse entre 1308-1323, 930 sentencias: 42 penas de hoguera, 132 cruces, 9 peregrinaciones, 143 servicios en Tierra Santa con los cruces, 307 encarcelamientos, 69 casos de exhumación de muertos, 22 destrucciones de casas de heréticos y 139 absoluciones.

Ningún católico piensa hoy en justificar la inquisición. Para entenderla debemos considerar algunos elementos fundamentales para la Edad Media, ya que en esta época la fe cristiana penetraba en todos los sectores de la vida pública o privada, ejerciendo un influjo determinante sobre todo y sobre todos. Al hombre medieval el herético religioso le aparecía igual que un revolucionario político o un terrorista político de hoy, que con su obra intentaba subvertir o destruir el orden público, o los principios básicos sobre los que la Iglesia o el Estado fundaban su existencia.

Es cierto que había estados y teólogos que condenaban el uso de violencia y la represión religiosa, pero si pensamos en la gran estima que se alimentaba en la Edad Media por la verdad en general y por la verdad religiosa en particular, que se identificaba perfectamente con la que enseñaba la Iglesia, el problema de los heréticos que rechazaban esa única verdad, se nos presenta bastante distinto de nuestro modo de pensar. ¿Era mejor seguir la verdad con dureza o con la caridad indulgente? El creyente medieval estaba convencido que la dureza era necesaria para el bien común de la sociedad. Incluso los reformadores como Lutero, Melantone o Calvino compartieron esta teoría y actuaron en consecuencia.

Los procesos contra los heréticos y la persecución de las brujas continuaron de suyo en la Edad Moderna, también en el campos protestante, y terminaron el siglo XVIII, gracias al concepto de tolerancia desarrollado por el Iluminismo, que había perdido la confianza de conocer la verdad.

La inquisición papal medieval fue reorganizada en 1542 por Pablo III con la institución de un tribunal de apelación en Roma llamado .Sacra Congregatio Romanae Universalis Inquisicionis seu Sancti Officii.. La historia de esta Congregación todavía no está escrita y no lo será en mucho tiempo, ya que su archivo está cerrado. En los últimos años la actual Congregación, con un nombre nuevo dado por Pablo VI en 1965, se llama Congregatio pro Doctrina Fidei, ha dado el permiso a algún estudioso para algunos temas concretos.

La llamada Inquisición Española fue mucho más conocida en el mundo. Se instituyó a finales del XV en España, teniendo un carácter diferente al estar estrechamente unida al Estado. Originariamente se dirigía contra los convertidos del judaísmo y del Islam, de los que se sospechaba de su conversión al cristianismo. Más adelante irá contra los protestantes en España. Su organización estaba muy centralizada, situándose en la cabeza un Gran Inquisidor. Esta Inquisición Española fue suprimida en 1820.

CAPÍTULO II

INOCENCIO III (1198-1216).

EL APOGEO DEL PAPADO MEDIEVAL

 

1.- Fuentes.

En cuanto a las fuentes tenemos los Gesta Inocencio III Papae, una especie de crónica basada en los materiales del Archivo Pontificio, escrita por un curial (1203/1208), pudiendo ser un añadido los últimos capítulos.

La segunda fuente son los Registri del papa. Con este papa comienzan los Registros papales que fijan en grandes volúmenes de pergamino la expedición de documentos de la curia y también en parte de las entradas. Documentan la actividad del papa y son un instrumento de trabajo para la curia, son la memoria de la curia.

Los Registros originales se han conservado sólo de nueve años de pontificado. Lo años 3º y 4º solo se han conservado en fragmentos. Los años 13-16 están dispersos, pero su contenido ya se publico en 1635.

Junto al Registro oficial existe también uno secreto del papa, llamado Regestum Inotentii Tertidi super negotio Romani imperidi (R.N.I.). Este Registro lo comenzó Inocencio III en la lucha por el trono imperial y va de 1199-1209, siendo una fuente muy importante para las concesiones políticas de Inocencio III.

Debemos hacer referencia a otras obras del papa como sus Sermones, la obra teológica del Cardenal, una obra de mucha difusión aunque no muy original, De miseria humanae conditionis o De contentu mundo. Otra obra es el De Misarum misteridis o De Sacro alteris misterio, en la cual se encuentra una descripción de la misa papal.

2.- Biografía.

El sucesor del anciano Celestino III era el cardenal más joven del colegio llamado Giaccomo Lotario di Senni que era el titular de la Iglesia de S. Sergio y S. Bacco al Foro, sólo tenía 37 años. Procedente de una familia noble se había formado en los dos más importantes centros de su tiempo, París y Bolonia, adquiriendo grandes conocimientos de Teología y Derecho Canónico. Su maestro en Bolonia fue Hugucco, autor de una gran Summa al Decreto de Graciano.

Había sido admitido al colegio cardenalicio por su tío Clemente III, pero su sucesor, Celestino III le había alejado y tenido apartado de la curia por una vieja rivalidad familiar. Por todo ello su personalidad no era muy conocido.

Fue elegido el 8.01.1198 y con la imposición de la capa roja se convierte en papa, pero sólo era diácono. Es ordenado sacerdote el 21.02, siendo consagrado obispo al día siguiente. Era un trabajador enérgico, tenaz e incansable. Estaba siempre concentrado sobre las cosas prácticas y factibles, con la mente metódica y ordenada la cual estaba en grado de correr con rapidez los elementos esenciales de un problema. Hombre de gran imparcialidad. Junto a esto tenía una inteligencia superior que le situaba por encima de sus contemporáneos.

3.- Programa. De la .Plenitudo potestatis..

Pocos papas se han identificado tanto con su oficio como Inocencio III. En su obra dirigida hacia la cristiandad estaba guiado por una rígida seriedad de costumbres y por una sincera piedad, que sus adversarios no podían rebatir. Sobre todo tiene una clara conciencia de la incomparable dignidad de sus posición. No se limitó a ser .Sucesor y Vicario de Pedro. sino .Vicario de Cristo., definición que pasará a sus sucesores como título oficial.

El término era más antiguo, siendo usado por Eugenio III, pero sin tanta constancia. La potestad vicaria del papa se crecía gracias a ello. La concepción de este Vicariato de Cristo se convierte para Inocencio III en una idea central de la cual extrae la conclusión de que con su vestido oficial está puesto entre Dios y los hombres, es menos de Dios pero más que el hombre. En el fondo es la idea de la soberanía del papa según se había desarrollado desde la reforma gregoriana. Esta supremacía del papa en relación con la Iglesia, en cuanto congregación de todos los fieles se expresaba con el término derivado de León I (siglo IV), Plenitudo potestatis, el cual correspondía al Vicariato de Cristo que tiene el papa basado en el poder de Pedro.

De aquí derivan las frecuentes aserciones de Inocencio, según el cual la posición monárquica el papa se funda sobre plenitud del poder que sólo él tiene. Afirmará en más de una ocasión que esa plenitud es esencialmente diversa de la jurisdicción de los obispos, los cuales son sólo llamados a tener una participación limitada de la cura pastoral, mientras al Vicario de Cristo se le encarga el cuidado de toda la Iglesia. Con esta finalidad es dotado de una autoridad que no conoce ningún límite en el ámbito del Derecho eclesial positivo. El papa tiene el derecho de intervenir en las causas de toda la cristiandad sin proceder por vía jerárquica e incluso sin vínculos dados por el derecho positivo. Inocencio remite con decisión al hecho de que la jurisdicción de cualquier miembro de la jerarquía tiene origen en la plenitud de poder del papa. Por ello los obispos mirando al papa podrán decir que .de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia tras gracia..

La supremacía del papa se explica también por que las palabras del profeta, .Te he puesto por encima de naciones y reinos., fueron consideradas por Inocencio III directamente aplicables al poder del Papa en su función oficial. Así la .Plenitudo potestatis. se manifestaba sobre todo en la pretensión papal de una jurisdicción de amplio abanico; ya que el cuerpo de los cristianos estaba encargado al papa, era competencia del papa gobernar este cuerpo de manera que al final consiguiese su último fin, es decir la salvación. De aquí derivaba la exigencia papal de una jurisdicción universal, que Inocencio basaba en la suposición de que el pecado destruyese la sociedad cristiana. Cada vez que había pecado en la sociedad cristiana entraba en juego la jurisdicción papal; como decía Inocencio .Ratione pecato el papa tiene el derecho de intervenir como árbitro en cada disputa, aunque fuese secular, temporal o montana..

Desde este punto de vista se entiende la pretensión del papa de ejercer un control sobre los príncipes seculares, como su prerrogativa de decidir quién es el protector universal de la Iglesia universal de Roma en el cargo de Emperador. Así es fácil comprender por qué el papado dedicó tanto cuidado en la elaboración de un Ritual de Coronación del Emperador. El propio Inocencio ordenó la composición de un nuevo Rito de Coronación Imperial que desarrolló el simbolismo de los ritos anteriores. El rito que deseaba presentaba la supremacía del poder papal de manera simbólica y acentuaba con decisión el papel del papa, en cuanto dispensador del poder imperial, lo que se expresa simbólicamente en el rito. Será el último rito para las coronaciones imperiales en toda la Edad Media.

Durante el pontificado de Inocencio III la Plenitudo potestatis se expresó con bastante frecuencia en alegorías que podían comprender fácilmente sus contemporáneos. Una de ellas era la de las .Dos Espadas., que había sido formulada definitivamente por S. Bernardo de Claraval siendo aceptada en todo el Medioevo como alegoría del poder supremo. La base era el pasaje de Lucas 22, 38: .Señor aquí hay dos espadas. El respondió: Basta.. Según esta teoría el papa poseía ambas espadas, la espiritual, que llevaba en persona, y la temporal que confiaba a los príncipes seculares para que la administrase según la voluntad del papa. Inocencio III aplicó esta alegoría en su Rito de Coronación Imperial en cuanto el papa en aquel momento confería al emperador la espada, para demostrar de quién la había recibido el emperador su poder.

Otra alegoría era la del .Sol y la Luna., en la cual la Luna, el emperador, recibía la luz del Sol, el papa. A veces la relación entre papa e imperio o poder civil se representa con la alegoría del .Alma y el cuerpo., el Alma como elemento vivificador correspondía el papel del papado en la cristiandad, mientras la cristiandad asumía el papel del cuerpo, que no puede vivir sin el alma, el papa..

En los últimos decenios la investigación se ha centrado en cómo era posible conciliar la pretensión del papa de dirigir el mundo como Vicario de Cristo, Rey y Sacerdote, y la exigencia, cada vez más amplia, de autonomía de los soberanos seculares. Se preguntan si el pensamiento de Inocencio III era teocrático o dualista. El debate no se ha terminado. Quizá lo más correcto sea hablar de un polaridad, de una unidad en tensión entre dos posturas que se deben considerar de igual manera. Es cierto que estaba infravalorada la autonomía de los laicos, aunque admitamos un cierto dualismo. Inocencio se fundaba en una serie de derechos concretos que se habían reconocido al papado a partir de la reforma gregoriana y que habían sido retomados por Inocencio III y dilatados en todo lo posible. Estos derechos estaban unidos a su tiempo, Inocencio lo sabía y actúa en consecuencia. La postura de Inocencio en las situaciones concretas era bastante elástica, nunca rígida, su política será realista, mientras que sus sucesores, queriendo conservar su tradición, se cerraron en posiciones rígidamente hierocráticas, equivocándose (Inocencio IV y Bonifacio VIII).

4.- Actividad del Papa.

Son cinco los objetivos que emergen de la actividad pontificia de Inocencio III en los cuales intenta realizar sus ideas sobre la Plenitudo potestatis.

1.    Poner orden en Roma y en el Estado Pontificio.

2.    Establecer el justo orden en el Imperio y en los demás estados cristianos.

3.    Organizar una Cruzada para la liberación de Tierra Santa.

4.    Luchar contra los movimientos heréticos.

5.    Reformar la Iglesia.

Este basto programa no es nuevo en absoluto, sólo retoma los temas presentes desde la reforma gregoriana. Sí es nuevo su empeño y energía en el traducir estos objetivos en la práctica.

4.1.- Poner orden en Roma y en el Estado Pontificio.

Cuando Inocencio III llegó al gobierno de la soberanía papal en Roma y en el Estado Pontificio no quedaba mucho. El día después de su coronación indujo al prefecto de la ciudad, Pietro de Vicco, nombrado por el Emperador Enrique VI (+1197, Messina), a someterse y prestar juramento de vasallaje. El representante del emperador, que se había considerado dueño de Roma y dl Estado de la Iglesia, se convierte así en un empleado del papa. También los barones del Estado prestaron al papa el juramento feudal de fidelidad. Con todo ello se restauró la soberanía pontificia en Roma y en el Patrimonium Petri, en el ducado de Roma.

En estos momentos iniciales había conseguido también Inocencio III una considerable ampliación del Estado de la Iglesia con las .recuperaciones., entendiéndose por ello la reconquista de los territorios perdidos y la realización de antiguas pretensiones. Las adquisiciones se basaban sobre las promesas de donaciones hechas por Pipino y Carlomagno, aunque la ejecución de estas promesas nunca se había llevado a cabo en su integridad. La Curia tenía una gran memoria y no había olvidado nunca estas promesas. Por ello en 1192 el tesorero Censo, futuro papa Honorio III había reunido con la ayuda de algunos colaboradores en su Liber Censuum todos los impuestos que se debían a la Iglesia romana. En ella se habían incluido también las donaciones y títulos jurídicos relativos a la Iglesia de Roma, privilegios y contratos realizados en otro tiempo con ella. También se incluyó la Vita Adriani del papa Adriano I del Liber Pontificalis sobre las promesas que una vez le había hecho Carlomagno en el siglo VIII.

Los primeros pasos para conseguir estas promesas ya los habían dado algunos predecesores de Inocencio III. De suyo poco antes de morir Celestino III, en un escrito de Ascoli había declarado que .sobre la base de los privilegios toda la marca de Ancona pertenecía al Patrimonio de San Pedro., y en otro escrito pretendió que las ciudades y los castillos debían prestar juramento de fidelidad con el fin de que .toda la marca de Ancona fuese de nuevo unida al Patrimonio de la Iglesia de Roma.. Lo cierto es que nunca había pertenecido, eran sólo pretensiones.

La improvisa ruptura de la soberanía alemana en Italia tras la muerte de Enrique VI ofreció a Inocencio la ocasión de conseguir lo que su predecesor había planteado sin conseguirlo. Puso a su servicio la gran aversión manifestada por todas partes hacia los alemanes y el naciente sentimiento nacional de los italianos.

La incorporación del ducado de Spoleto al Estado Pontificio fue una empresa fácil. El gobierno temporal y espiritual fue encargado al Cardenal Diácono Gregorio de Santa María en Aquiro en calidad de rector y representante del papa. Lo mismo ocurrirá en la marca de Ancona. Con estas anexiones el Estado experimenta una gran ampliación y los planes del papa habían dado un paso adelante. Por otro lado no podrá realizar todo lo que quería, como la incorporación fallida de la Romagnia sobre todo por el comportamiento negativo del Arzobispo de Rávena que tenía pretensiones de posesión sobre el territorio. El papa no pudo persuadirlo. Tampoco conseguirá la posesión de los bienes de la Condesa Matilda. De Toscana sólo incorporara una franja de territorio al Estado Pontificio, en el límite meridional, que comprendía a la ciudad de Montefiascone. Por último señalar la adquisición del Condado de Sora en el límite meridional del Estado, primero posesión del Condado de Sicilia y después pasa a la Iglesia por cesión de Federico II.

Los grandes proyectos de Inocencio con respecto a la posesión de territorios de la Iglesia fueron así sólo realizados en parte, pero lo que consiguió era muy considerable. Cuando murió la superficie territorial del Estado de la Iglesia había crecido en el doble de territorio y se extendía transversalmente en Italia central de mar a mar dividiendo así el territorio de Italia Septentrional del perteneciente al Reino de Sicilia. Este Estado de la Iglesia había sido sustraído del ámbito del poder imperial y subordinado sólo a la soberanía del papa, por lo que se justifica el apelativo de .Nuevo fundador del Estado Pontificio. para Inocencio III o .Verdadero Fundador del Estado Pontificio.. La política de las .recuperaciones. estaba indisolublemente unido al rechazo de Inocencio en admitir la existencia de un .Rey de los Romanos., pero los futuros emperadores e incluso los papas todos se consideraron, incluso antes de la coronación imperial, Reyes romanos.

4.2.- Establecer el justo orden en el Imperio y en los demás estados cristianos.

4.2.1.- La contienda por el trono del Imperio y la postura de Inocencio III.

La rápida eficacia inicial de la política de las .recuperaciones., a favor de la ampliación del Estado Pontificio, se debió a la no ocupación del trono tras la súbita muerte de Enrique VI en septiembre de 1197 en Messina a causa de la malaria. En noviembre de 1198 murió su mujer Constancia, hija del Rey Rugero II de Sicilia, la cual había establecido en su testamento que el papa debería asumir la tutela del hijo Federico Rugerio y la regencia del Reino de Sicilia durante todo el período de minoría de edad del Rey. Inocencio III aceptó este encargo con satisfacción, sin adivinar la responsabilidad y las penas que 10 años de regencia le traerían.

4.2.2.- Inocencio III y el Imperio.

Con la muerte de Enrique VI se produce el inicio de un período de total confusión originado por las controversias por el trono imperial. En este asunto el papa tiene una posición de primera importancia. Enrique VI en diciembre de 1196 había obtenido de los príncipes alemanes  que su hijo Federico Rugerio fuese elegido Rey en Francfurt, pero tras su muerte los príncipes no quieren estar ligados a aquella elección, sobre todo porque a la elección no le siguió la coronación, la cual habría asegurado su derecho real. Por ello la elección se considero no válida. La mayoría de los príncipes del partido Svevo decidieron ofrecer la corona al Duque Felipe de Svevia, el hermano más joven del difunto emperador. Una minoría hostil a esta dinastía propuso a un adversario del difunto emperador, Otón de Brunsbick, que se convertirá en el emperador Otón IV de la Casa Welfa. Esta última elección había sido recomendada por el Rey inglés Ricardo Corazón de León, tío del propuesto.

Con respecto al acto de coronación ambas presentaron defectos formales. Felipe fue coronado en Maguncia por el Arzobispo Borgognone de Tarantasia, pero con las insignias reales que se encontraban en posesión suya. Otón lo será por el Arzobispo Adolfo de Colonia en Aquisgrán, sólo que con otras insignias no las reales.

Por tanto fue una doble elección que provocó un guerra civil en Alemania por más de un decenio. Ambos elegidos sabían que era decisiva la posición tomada por el papa y sus próximos. Ambos intentaron conquistar a Inocencio III, siendo una buena ocasión para que el papa demostrara la Plenitudo potestatis. Al comienzo se mantendrá neutral y sólo, de una manera gradual, con mucha prudencia manifiesta su postura de reserva, aunque desde el principio quería que la corona se asignara a Otón.

A primeros de mayo de 1199 Inocencio publicó un escrito dirigido a los príncipes de Alemania en el que deploraba los grandes daños de los que eran culpables por su doble elección, y subrayaba cuanto estaba interesado como papa por el asunto. En el caso en que los príncipes no asumiesen su deber y no actuasen para salvaguardar el honor y la dignidad del imperio mediante una nueva armonía, él daría su favor al que lo merece más, lo cual era una amenaza.

El 28 de mayo de 1199 un gran número de príncipes eclesiásticos y seculares que estaban de parte de Felipe hicieron una presuntuosa declaración, escrita y publicada en Spira, piden que el papa concediese su favor a Felipe como el soberano elegido legítimamente por ellos y ansiaban que con rapidez conducirían a Felipe a Roma para la coronación imperial. Al final se lanzaron contra la política del papa en la zona meridional de Italia (el problema de las .recuperaciones.). A esta declaración respondió el papa con un escrito en el que rebatía punto por punto, dejando muy claro que le correspondía a él conferir la corona imperial.

La respuesta verbal que en público consistorio le da al enviado de Felipe, el preboste Federico de Strasburgo, comenzaba con un largo discurso sobre la preferencia del poder sacerdotal sobre el real y sobre varias cismas ocurridos tanto en el imperio como en la Iglesia. Inocencio le reprocha por qué no se han dirigido con rapidez a la Sede Apostólica para un asunto como este que afectaba a toda la Iglesia, la cual estaba sobre todo interesada en estar en primera y última línea; en primera línea ya que la Iglesia había transferido el Imperio de Oriente a Occidente, y en última línea ya que le correspondía al papa conferir la corona imperial. (RNI nº 18).

En RNI nº 18 se recoge por primera vez la teoría de la .translación del Imperio. de Oriente a Occidente por obra del papado, dice así: .Aún hubiera sido necesario dirigirse primero a la Sede Apostólica, a la cual este asunto compete en primera y última línea, ya que esta transfirió el Imperio de Oriente a Occidente, y en última línea por que ella confiere la corona del Imperio.. Con estas palabras el papa pretende el papel del árbitro de la disputa de la corona de Alemania. El lo motivó con la relación del Reino Teutónico con el Imperio, lo cual se realizaría en el momento de la coronación de Carlomagno (800). Esta teoría de Traslación del Imperio mediante el papa se hace doctrina papal desde Inocencio III, siendo una visión muy unilateral del acto del 800.

Inocencio reconocía el derecho de los alemanes de elegir su propio rey, pero la promoción del mismo al estado de emperador era competencia del papado, ya que la Sede Apostólico transfirió el Imperio desde Ortiente. Para el papado el emperador era un funcionario del papa creado expresamente como su brazo fuerte universal. En esta visión el emperador refleja la universalidad de la Iglesia Romana. Por ello la constante referencia a la alegoría del Sol y la Luna. El emperador tenía competencias específicas en esta visión y con el fin de realizarlas el papado le concedía pleno poder, por lo que el poder imperial estará bajo la vigilancia del papado.

El 5 de enero de 1201 Inocencio manifiesta su decisión sobre su preferencia en un discurso realizado en un consistorio secreto, en la famosa Deliberatio: .Deliberación del papa Inocencio sobre la cuestión imperial relativa al Rey elegido.. El papa repite aquí que la contienda por el trono es competencia de la Sede Apostólica de modo absoluto, repitiendo la teoría de la translación, y afirmando que al papa le correspondía la consagración, la coronación y la investidura del propio imperio. Todo esto había sido reconocido por Enrique VI cuando ofreció una esfera de oro en su investidura por Celestino III en abril de 1191.

Inocencio examina en la Deliberatio a los 3 candidatos: Federico, Felipe y Otón, bajo tres puntos de vista: derecho, conveniencia y oportunidad. Su minuciosa consideración de los pros y contras, todo ello determinado por sus intereses, llega a la conclusión de que el favor apostólico se inclina por Otón. No obstante por el acontecimiento de 1201-3 referido a Otón, debido al insistente apoyo diplomático del papa, la causa Welfa comenzó a perder interés entre los príncipes alemanes. Propiamente esta intervención papal a favor del Welfo provocó la oposición del partido Svevo.

En enero de 1202 una asamblea numerosa de príncipes en Vamberga protestó contra la ingerencia del delegado pontificio en la elección de un rey alemán que no esperaban. Se mantienen por tanto unidos a Felipe del que se hacían garantes si fuese obediente a la Sede Apostólica, y piden para Felipe la coronación imperial.

A esta protesta, que fue llevada a Roma por una delegación, el papa responde con la Decretal Venerabilem. Esta Decretal más tarde fue introducida en el Corpus Iuris Canonici hasta 1917. Reconoce en ella Inocencio que los príncipes alemanes tenían el pleno derecho de poder elegir el rey que después debía convertirse en emperador, pero habían recibido este derecho de la Sede Apostólica que con respecto a la persona de Carlomagno había transferido el Imperio de Oriente a Occidente. Los príncipes debían saber que le correspondía al papa el examen de la persona elegida, dado que era el papa el que debía ungir a esta persona, consagrarla, coronada; de otra manera se encontraría en la situación de tener que consagrar y coronar eventualmente a un excomulgado, un tirano, un loco, un hereje o un pagano sólo porque había sido elegido por los príncipes. No se metía con la elección pero afirmaba que Felipe de Svevia era menos apto para la dignidad imperial con relación a Otón.

Inocencio pensaba que con estas palabras se habría terminado la controversia en Alemania, pero por el contrario Felipe ganó terreno. En 1205 Otón permanece prácticamente solo. El Arzobispo Adolfo de Colonia, al cual Otón debía particularmente la elección, se puso de parte de Felipe y le corono junto con su consorte el 6 de Enero en Aquisgrán. En este momento, cuando la situación estaba ya casi perdida para Otón, Inocencio III empezó a darse cuenta que era imposible gobernar sólo sobre la base de ideas abstractas, pero demostró su sobriedad y flexibilidad. Se dio cuenta de que Felipe estaba dispuesto a hacer algunas concesiones no contempladas con anterioridad, estando casi decidido a ponerse del lado de Felipe. Poco antes del acuerdo, el 21 de junio de 1208, Felipe es asesinado en Banberga siendo el asesino el conde palatino Otón por una venganza privada.

Esta muerte cambió totalmente el curso de los acontecimientos. Otón aprovecha esta inesperada oportunidad e intentó de hacer lo posible para volver a su antigua posición. La guerra civil ya duraba 10 años en Alemania provocando un cansancio general. También Inocencio quiere terminar con la lucha y promete a Otón la coronación imperial, ganando incluso el apoyo del partido Svevo. Así el 4 de octubre de 1209 en la Basílica de San Pedro tiene lugar la coronación de Otón IV.

Tras la coronación Inocencio se dará cuenta poco a poco de haber elegido el candidato equivocado. Otón una vez coronado no pensó mantener sus solemnes juramentos prestados al papa y se comportó rápidamente como los emperadores de la dinastía Sveva anteriores a él. Se manifestó como político sin escrúpulos que aspiraba a la restauración del poder imperial, también en Italia. Inocencio desilusionado intentó primero influir en Otón con exhortaciones y admoniciones sin resultado. En una carta a los obispos alemanes el papa expresa su profunda desilusión de haberse fabricado él mismo la espada que le hería y hace propias las palabras pronunciadas por Dios sobre el rey Saúl .Me arrepiento de haber hecho rey a este hombre..

Cuando Otón intentó en noviembre de someterse el Reino de Sicilia, el papa pronunció la excomunión contra el emperador, que fue repetida solemnemente el Jueves Santo del año siguiente. Fueron declarados nulos todos los juramentos de fidelidad prestados a él, pero no tiene lugar una destitución formal. En esta situación un grupo de príncipes alemanes realizaron una reunión en Norimberga en septiembre de 1211, con el apoyo del Rey francés Felipe Augusto y con la aprobación de Inocencio III, eligieron al joven Federico como Rey de los Romanos y futuro Emperador. La noticia de la elección provocó que Enrique IV interrumpiese la campaña del Reino de Sicilia y volviese a Alemania, aunque ya era un poco tarde.

El 9 de diciembre de 1212 se celebró en Maguncia la coronación de Federico. Sabía que sin el apoyo del papa no se hubiese podido realizar y dará las gracias a Inocencio en 1213 con una bula de oro en la que reconoce al papa las propiedades recuperadas en Italia y la libertad de elección y apelación de las iglesias alemanas; de este modo es reconocida legalmente por el imperio la ampliación del Estado Pontificio y la eliminación del influjo del Rey, hasta ahora ejercido, sobre la Iglesia Alemana.

La solución definitiva de la lucha entre los Svevos y los Wuelfos se llevó a cabo en la Batalla de Bouvines el 27-7-1214, en la que el rey francés Felipe vence al ejército inglés de Otón IV. El rey francés envió con un gesto inequívoco el Aguila Imperial dorada sustraída en la batalla a Federico. Cuando la ciudad de Aquisgrán abrió las puertas a Federico en 1215, éste se hizo coronar de nuevo en la catedral y subió al trono de Carlomagno y cerró con su mano el cofre de oro donde estuvieron los huesos de Carlomagno. En esta misma ocasión tomó también Federico la cruz, cosa que traerá tantas graves consecuencias, pero con este voto de cruzada quería expresar  que era su intención llevar a término la empresa que según la leyenda Carlomagno había comenzado, había continuado Federico Barbarroja y después su padre y no habían sido capaces de realizar. Inocencio III murió poco después y no ha visto las graves consecuencias de su decisión.

4.2.3.- Inocencio III e Inglaterra.

La decisiva intervención de Inocencio en la controversia de la ruptura alemana fue una de las medidas más importantes y con más influencia de su pontificado, pero sólo constituye una pequeña parte de su múltiple actividad, toda dirigida hacia la entera cristiandad.

En Inglaterra desde hacía tiempo se repetían las luchas entre los obispos y las abadías benedictinas que aspiraban a la exención de la autoridad episcopal. Estas luchas eran violentas sobre todo en los obispados donde un monasterio benedictino constituía el cabildo de la Catedral, que era el caso en 9 diócesis empezando por Canterbury

Ya al comienzo de su pontificado Inocencio III se había visto obligado a tomar decisiones en diversos casos similares. Desde hacía largo tiempo los obispos de Canterbury vivían  en tensión con su Cabildo, hasta el punto que el obispo había fundado otro Cabildo en una ciudad cercana como contrapeso al de los benedictinos. La postura de Celestino III no había sido siempre coherente; en un primer momento había ordenado la destrucción de la fundación y luego había permitido la erección de un nuevo capítulo de Canónigos Seculares en Lamber. Inocencio III dispondrá la disolución del Capítulo de Lamber y su construcción demolida por ir contra antiguos derechos de los benedictinos.

A pesar de las protestas de los obispos ingleses y del rey Ricardo Corazón de León el papa se mantiene firme en su decisión, aunque el rey no había rechazado la decisión papal por necesitar la ayuda del papa a favor de su sobrino Otón IV en la controversia por el trono alemán. Cuando muere Ricardo por una herida en una batalla de 1199 le sucede su hermano más joven llamado Juan Sin Tierra, ya que su padre Enrique II no le había dado una parte de su reino, (1199-1216); se le presenta hoy como un tirano cruel, infiel e incapaz que habría provocado la ruptura del reino angovino en el XIII.

Al comienzo del reinado de Juan Sin Tierra el papa se mantiene indulgente frente a la violencia del rey, el cual ofrecía su apoyo a Otón. La situación cambió cuando el papa cambió su opinión con respecto a la controversia del trono alemán. Se producirá un grave conflicto entre el rey y el papa provocado por la nueva asignación a la sede arzobispal de Canterbury. En julio de 1215 se muere el arzobispo de Canterbury, hombre de confianza del rey, el cual como Justiciario era el jefe de todo el aparato administrativo del reino.

La nueva asignación de la sede se hizo difícil al estar en juego intereses diferentes. Por una parte los monjes del cabildo de la Catedral intentaron conservar su derecho exclusivo de electores y pensaron que la mejor solución era un candidato elegido entre los monjes del convento. Por otra parte estaban los obispos sufragáneos de Canterbury que querían participar en elección ya que estaban también en juego sus derechos. Por último también el rey tenía interés por realizar una buena elección ya que el Arzobispo pertenecía siempre a los consejeros del rey; él tenía su candidato que era el obispo de Norwich John de Gray.

Bajo la presión del rey es elegido su favorito e investido rápidamente del arzobispado. Pero se necesitaba el beneplácito papal para el traslado del obispo de la antigua diócesis de Norwich y la confirma de la elección. En esta situación el Cabildo bernedictino se replanteó que había una posibilidad de volver a entrar en el asunto. Junto a la delegación del rey, que iba a pedir al papa la confirmación de John de Gray, aparece también en roma una delegación de los benedictinos bajo la guía del viceprior Reginaldo, que era el candidato del Cabildo. La situación, por tanto, era confusa

Inocencio no se dejó influenciar por ningún partido y sólo tras un cuidado examen de la situación, hace público su juicio rechazando a ambos candidatos y ambas elecciones. Declaro que el derecho de elección correspondía sólo al Cabildo de Canterbury con la exclusión de los obispos sufragáneos e induce a los monjes de Canterbury que estaban en Roma como delegación a elegir rápidamente un candidato. Siguiendo la orden del papa los monjes eligieron al Cardenal Stephen Langton, el cual había estudiado junto al papa Inocencio en París donde también había enseñado; era un gran teólogo muy conocido por los monjes por su división de la Biblia que aún está en vigor.

Juan Sin Tierra no estaba dispuesto a tolerar esta decisión papal, además del problema de la persona el rey ve una ofensa a sus derechos de rey garantizados por el Concordato de Westminster. Pero no haciendo caso de las amenazas y protestas del rey Inocencio consagró personalmente a Stephen Langton en Viterbo en julio de 1207 y le confirió el palio aún faltando la tradicional aprobación del rey. En el caso de que el nuevo Arzobispo no fuese admitido en su cargo el papa amenazó con la proclamación de la incertidumbre, cosa que sucede en marzo de 1208 debiendo ser suspendidos en todo el imperio inglés todos los servicios litúrgicos. Se repite así la situación de 100 años atrás; el rey expulsa a los monjes de Canterbury, los prelados que respetaron el precepto fueron encarcelados, la recaudación de los bienes eclesiásticos secuestrada a favor de la corona.

En 1209 el rey será excomulgado, en 1213 los súbditos son liberados del juramento de fidelidad hecho al rey, y el rey francés es invitado a ocupar Inglaterra. Sólo en este momento Juan Sin Tierra considera oportuno someterse a la Iglesia. En marzo de 1213 se declaró dispuesto a aceptar las graves condiciones impuestas por el papa. Para asegurarse la protección y la ayuda del papa, ya sea contra el rey francés como contra los barones rebeldes, se decide a poner su reino de Inglaterra como feudo de la Sede Apostólica y se comprometió a pagar un tributo anual de 700 esterlinas por Inglaterra y 300 por Irlanda. Así se restableció la paz y Stephen Langton entronizado como arzobispo en Canterbury, todos los obispos y monjes pudieron volver e Inocencio III se transformó, sin gran dificultad, en Señor Feudal de Inglaterra.

Como estamos viendo la actividad de Inocencio III no se limita al campo estrictamente eclesiástico, como pensamos nosotros, lo cual es importantísimo para juzgar su actividad. No hay una diferenciación entre su actividad política y la eclesial, pero no se debe, como dicen los historiadores antieclesiales, por ansias de poder sino porque es una derivación de su idea fundamental del .Vicariato de Cristo. de la cual deriva toda su actividad, incluso la política y profana. Esta idea no se puede entender en el sentido de que el papa es Vicario del Cristo sufriente, sino de Cristo Rey del Universo.

En junio de 1215 el rey Juan Sin Tierra fue obligado por su nobleza y los barones a conceder una especie de constitución llamada Magna Carta Libertate, en la cual aseguraba a la nobleza y al clero contra las excesivas exigencias y abusos del rey en el ejercicio de los derechos soberanos y feudales. En este momento el rey se dirige al papa, cuyos derechos de supremo Señor Feudal se encontraban comprometidos por este privilegio; le presentó el asunto de tal modo al papa que éste declaro nula la Magna Carta Libertate. Es cierto que el rechazo papal encontró tanta oposición en Inglaterra que no tuvo validez.

El conflicto no estaba todavía decidido en el momento de la muerte y del rey producidas el mismo año de 1216. Más tarde se encontró una especie de compromiso con representantes del nuevo papa Honorio III, en cualidad de Supremo Señor Feudal de Inglaterra. El Cardenal Legado Guala confirmó la Magna Carta Libertate con algunas modificaciones en nombre del nuevo rey Enrique III, que sólo tenía 9 años, el 12 de noviembre de 1216.

4.2.4.- Inocencio III y sus relaciones con Francia y España.

Como ya indicamos más arriba Inocencio III había realizado sus estudios en París y tenía una predilección especial por este país, teniendo muchas ocasiones para manifestar estos sentimientos por Francia. Pero sus relaciones con el rey francés Felipe II (1180-1223) fueron tensas durante todo su pontificado. La causa de las divergencias no sólo se referían a la política, como la toma de posición del rey a favor de Felipe de Svevia mientras el papa apoyaba a Otón IV y la lucha constante de Felipe contra el rey inglés; el motivo básico de la tensión fue el matrimonio del rey que no era aceptado por el Derecho Canónico y que escandalizaba a muchos.

En 1193 Felipe IV consigue ganarse al rey Canuto IV de Dinamarca para realizar una alianza contra el reino Anyoino inglés. Dinamarca con su potencia marítima podía agredir mejor a las Islas Británicas. Para asegurarse el apoyo del rey danés, Felipe se había casado el 15 de agosto de 1190 en la Catedral de Amiens con la hermana del rey danés, Ingeborg, pero inmediatamente después de la boda la había repudiado. Ingeborg insistía sobre sus derechos de reina y rechaza cualquier idea de un divorcio y apeló al papa. El rey Felipe actuó contra la explícita voluntad del papa Celestino III y se divorció de Ingeborg de manera unilateral, casándose después con la Condesa Agnese de Merard (¿) en julio de 1197.

Inocencio III a penas llegado al pontificado se apresuró a exigir de Felipe la reintegración de Ingeborg y sus derechos de esposa y reina y el alejamiento de Agnese de Francia. Como quiera que las exhortaciones del papa no tuvieron ningún efecto, el Cardenal legado Pedro de Capua, en diciembre de 1199, con la autorización del papa promulgó el entredicho sobre todo el territorio puesto bajo la soberanía del rey francés. Esta medida obligó al rey a comenzar unos tratados con el papa a través de una delegación al efecto.

El rey tenía puestas las esperanzas en un sínodo de los obispos franceses en el que se debía tratar su proceso matrimonial. Este sínodo se reunión en marzo de 1201 y el papa mandó 21 cardenales como presidentes del mismo; tras 14 días de debate y en el momento en que la resolución era contraria al rey propugnando la validez del matrimonio con Ingeborg, el rey con una decisión repentina abandona el sínodo junto a Ingeborg, la cual fue hecha prisionera por el marido que intentaba así romper su resistencia. Ese año de 1201 morirá Agnese de manera improvista, lo cual constituía para el papa un obstáculo menos. En 1208 el rey pedirá al papa la anulación del matrimonio con Ingeborg. El papa, que siemre ponía el acento en la observación de la ley canónica y divina, sólo responderá en 1212 diciendo que no podía disolver el matrimonio ya que Ingeborg había declarado bajo juramento de haber consumado el matrimonio. En 1213 el rey la dejará libre, reintegrándola como reina pero viviendo siempre separado de ella.

Inocencio insistía en la indisolubilidad del matrimonio incluso en el caso de los monarcas. Un caso semejante al de Felipe II ocurrirá con el rey Alfonso ix de león  Este, para asegurarse el apoyo de Portugal se había casado con Teresa, la hija del rey de Portugal a pesar del impedimento de estrecha parentela. Celestino III en vano había intentado una separación de ambos. Ni siquiera la excomunión le impresionaba a Alfonso (¡Un leonés garuado!) que durante tres años no hará nada. Más adelante tendrá una guerra con Castilla, provocándose por ello la separación de Teresa y, para obtener la paz con Castilla, se había casado en 1197 con Berenguela, hija del rey de Castilla Alfonso VIII, que también estaba directamente emparentada con él.. De nuevo recibirá la excomunión, que provocará poca impresión en los obispos españoles.

Esta es la situación que se encontrará Inocencio III a su llegada al solio pontificio. Rápidamente lanzará un entredicho para el reino y la excomunión con el rey. Se dará cuenta que su poder era menos eficiente en España que en Francia e Inglaterra. En 1204 la pareja, que tenía 4 hijos, decide separarse.

Son mejores las relaciones de Inocencio con el rey Pedro II de Aragón el Católico. El 14 de noviembre de 1204 fue hecho coronar por Inocencio III en Roma, siendo el primer rey aragonés coronado en Roma, y había tomado su reino del papa contra el pago de un tributo anual como hicieran sus antecesores desde Sancho Ramírez en 1089. El papa concede que de ahora en adelante los reyes aragoneses se coronarían en Zaragoza por el Arzobispo de Tarragona pero con una corona consignada por la Sede Apostólica ya que así se transformaba en el símbolo del papa como supremo señor feudal del Reino de Aragón. También aquí eran fundamentales para el rey de Aragón varias medidas políticas como las medidas contra los albigenses hasta el proyecto del matrimonio de una princesa aragonesa con el emperador Federico II. Pero estas buenas relaciones se tuercen por el conflicto provocado entre el rey Pedro II y el papa cuando con rapidez toma la decisión de disolver su matrimonio con María de Montpelier. El papa rechazará el deseo del rey y le obliga a aceptar a María como esposa. El papa siempre como defensor del vínculo matrimonial.

A la atención de Inocencio III no escaparon otros países, en particular Hungría, Bulgaría, Escandinavia, los Países Bálticos, además naturalmente de Oriente. Todo el material se encuentra en sus Registros.

4.3.- Organizar una Cruzada para la liberación de Tierra Santa.

La 4ª Cruzada había terminado contra la voluntad del papa con la conquista de Constantinopla en 1204. Desde ese momento Inocencio III asumió la preparación de una nueva y auténtica Cruzada hacia Tierra Santa, e intentó asumir todo en sus propias manos. El papa no quiere ser sólo el ideólogo de la Cruzada sino el efectivo organizador de la misma, lo cual es nuevo.

La 5ª Cruzada comenzará en 1217 tras la muerte del papa, aunque los preparativos empezaron mucho antes. Uno de los principales objetivos del IV Concilio Lateranense era a los ojos de Inocencio la solemne proclamación de la Cruzada. Típico de Inocencio es la concepción de la Cruzada como de una acción de toda la cristiandad, que no era sólo la suma de todos los fieles sino de una comunidad de fieles articulada en pueblos y reinos, a los cuales quería también dirigirse.

Ya que el papa no sólo era el jefe de la cristiandad sino también el supremo pastor de la Iglesia, podía utilizar todo el poder del ministerio apostólico para la Cruzada. Como detentor del poder de las llaves podía conceder la misma indulgencia a los participantes como a los sostenedores de la Cruzada. Podía proteger a los participantes de cualquier molestia, incluso con penas eclesiásticas. Podía emplear toda la organización jerárquica de la Iglesia al servicio de la Cruzada y encargar a distintos clérigos encargos particulares en la predicación de la Cruzada, como recoger los fondos necesarios, la protección necesaria. Por último podía emplear también las posesiones de la Iglesia para la financiación de la Cruzada, y con este fin decretó impuestos especiales para todas las recaudaciones de la Iglesia con gran protesta de los sacerdotes.

Toda esta estrategia de Inocencio va encaminada de una manera coherente para organizar la Cruzada que él había ideado, tras el acontecimiento de 1204, como una empresa de toda la cristiandad bajo la guía del papa, incluyendo los soberanos. Esta concepción se manifiesta en las diversas apelaciones del papa para la Cruzada, como el del verano de 1198, antes del primer intento, que comienza con lamento sobre la grave derrota del .populus christianus. y exhorta al pueblo cristiano a combatir la lucha del Señor. En su apelo de ayuda al rey francés Felipe II en 1199, describe los sufrimientos de todo el pueblo cristiano.

La apelación para la Cruzada de 1213 se dirige a todos los .Christi fideli. y pide al Señor para restituir al pueblo cristiano la Tierra Santa .para honor y gloria de su Santo Nombre.. Afirma también que .el Concilio tendrá la competencia de inducir a los príncipes y al pueblo cristiano, a clérigos y laicos a empeñarse en ir en ayuda de Tierra Santa.. Al final del discurso inaugural del Concilio el papa se declara .dispuesto a ejercer presiones sobre los reyes y príncipes de pueblos y reinos, con el fin de que se pongan en marcha para combatir la lucha del Señor y reivindicar la ofensa proferida al crucifijo.. Esta concepción de la Cruzada permitía una larga aplicación y práctica, siendo nueva, aunque se mantenía el elemento central de la idea de Cruzada, es decir la .voluntariedad.. A pesar de ello la conjunción de la idea de Cruzada por una parte, con la concepción de la .cristiandad entera de la otra, permitía no sólo una adaptación básica y flexible a las condiciones sociales de la cristiandad, sino la concentración de todas las fuerzas disponibles en la mano del papa, en cuanto supremo pastor de la cristiandad.

Como la Cruzada no estaba esencialmente unida a la Tierra Santa, sino a la defensa de toda la cristiandad, el papa tenía la libertad de emplear la Cruzada donde fuese necesario a sus ojos, como instrumento para defender los intereses de la cristiandad. Para el papa la Cruzada era el reclutamiento voluntario de la cristiandad sobre el cual le tocaba al papa, como jefe de la cristiandad, con promesa de la ganancia espiritual, hacer uso en el momento en que viese amenazada a la cristiandad por peligros que superasen las fuerzas de los cristianos directamente interesados.

Esta concepción y la gran estima por el movimiento cruzado hace de la Cruzada un elemento de la actividad pontificia de Inocencio III, que tenía una visión más allá de los propios objetivos de la Cruzada, transformándose en un instrumento político. La Cruzada era más allá de la visión dualista o hierocráica de la política de Inocencio III un campo sobre el cual el papa, contra la tradición del XII sustituyó al emperador y a los príncipes como guía de la Cruzada.

En esta concepción Inocencio no permitía ninguna duda sobre la legitimidad del movimiento cruzado. En la correspondencia del papa no se manifiesta ningún escrúpulo sobre la Cruzada como guerra en nombre de Cristo que está realmente justificada. El pueblo de Cristo se manifiesta en una campaña militar; el objetivo de la reconquista de los lugares santos se puede conseguir sólo con ríos de sangre; y es una .guerra justa..

Estas dudas aparecerán medio siglo después de Inocencio en los informes de peritos solicitados por el papa Gregorio X. En este parecer los autores vieron .misiones. en vez de Cruzada, por ejemplo Guillermo Arzobispo de Tiro, buen conocedor del mundo musulmán solicita .misiones entre los sarracenos. en vez de la lucha armada

Ya a finales del XII se había difundido la imagen del .pagano.. La denominación para los sarracenos de .enemigos de la cruz de Cristo. en las cartas de Inocencio, y el reproche repetido de que los sarracenos eran bárbaros crueles y sangrientos parecen casi anacrónicos.

La idea de .misión., que floreció en el XIII en las obras de los mendicantes y sobre todo en los franciscanos, falta totalmente en Inocencio. Sólo una vez y de una manera totalmente marginal aparece la posibilidad de una misión para los sarracenos, pero en Medio Oriente sino en España. Con respecto a ella exhorta a combatir de manera que los cristianos sean protegidos y los moros ganados para la fe cristiana.

Tres años después de la muerte del papa Inocencio III San Francisco fue al campamento del Sultán Al-malik Al-kamik que estaba enfrentado con el ejército cruzado en Egipto para predicarle el Evangelio.

4.4.- Luchar contra los movimientos heréticos.

Sólo hablaremos de la Cruzada contra los Albigenses que fue comenzada por Inocencio III y terminó con la sumisión de todo el sur de Francia al poder del rey francés en 1226.

La postura papal contra los albigenses-cátaros no es la que normalmente usó contra los herejes, aunque él no es directamente responsable de los excesos que los cruzados han llevado a cabo en aquella ocasión. Al comienzo el papa había intentado traer a los herejes de nuevo a la Iglesia con adoctrinamientos, pero las misiones de los legados papales como Pedro de Castelnau y el abad de Citeâu, Arnaldo, ambos cistercienses, no tuvieron éxito ya que estos monjes se presentaron con notable fastuosidad, lo que no era muy propio para provocar la reconciliación de los heréticos con la Iglesia, lo cuales, por su parte, predicaban la pobreza apostólica.

Poco éxito tuvo también el obispo Diego de Osma y su acompañante Domingo, subprior del cabildo de su Catedral, los cuales llevaron a cabo, según las indicaciones del papa Inocencio los métodos propios de los herejes cátaros o valdense recorriendo Francia Meridional predicando y llevando una vida apostólica en pobreza, lo cual constituyó un notable paso adelante para comprender la sensibilidad de los albigenses y valdenses.

Las indicaciones del papa, repetidas insistentemente a los señores seculares del sur de Francia, tendentes a la expulsión de los herejes y a confiscación de sus bienes, permanecieron sin efecto. Sobre todo ocurrió esto con el conde Raimundo VI de Toulouse. Este había tomado una postura bastante favorable con respecto a los herejes.

El 15 de enero de 1208 el legado papal Pedro de Castelnau fu asesinado por un súbdito del conde de Toulouse. Inocencio estaba convencido de la culpabilidad del conde en el asunto y por esto le excomulgó así como a sus partidarios, dejando libres a los súbditos del juramento de fidelidad y permitiendo a cualquiera de tomar posesión de su país, el Condado de Tolosa, que era un feudo del rey de Aragón. En particular invitó al rey de Francia Felipe II a luchar contra los herejes, a los cuales definía como .peores que los sarracenos.. El rey francés rechaza esta oferta prefiriendo seguir sus planes, sobre todo en lo referente a su lucha contra el rey inglés Juan Sin Tierra. Mientras él rechaza esta llamada papal, el reclamo a la Cruzada contra los Albigenses hecho por el papa en octubre de 1208 fue acogido favorablemente por muchos nobles de Francia Septentrional. La empresa fue encargada al abad Arnaldo de Citeâu y a dos obispos.

Frente al peligro de una invasión por parte de los cruzados del Condado de Tolosa, el Conde Raimondo decidió someterse al papa. Mientras tanto la Cruzada ya se había comenzado dirigiéndose contra el Vizconde de Béziers y Carcassonne, que era también vasallo del rey Pedro II de Aragón. La toma de Béziers en julio de 1209 terminó en una horrenda carnicería con la muerte de 15.000 personas, cátaros y católicos, por obra de los cruzados. Arnaldo de Citeâu pasó el territorio del Vizconde al comandante militar de la Cruzada, el Conde Simón de Montfort. El papa confirmó el paso de la posesión contra la promesa de un tributo anual.

La guerra prosiguió contra el conde Tolosa. A pesar de que el conde se dirigió personalmente a Roma y tenía intención de justificarse ante un sínodo, los legados siguieron adelante según sus planes, contra la intención del papa, que consistían en alejar al conde de su condado. Simón de Montfort aspiraba ciertamente a la asignación de los territorios conquistados para obtener la soberanía sobre toda la Francia Meridional. Por desgracia los legados papales le apoyaron en este sentido.

En verano de 1213 el rey Pedro de Aragón entró en el asunto. Se dirigió al papa a favor de Raimundo, su vasallo y cuñado; se lamentó de la avidez demostrada por Simón en la conquista, que se extendía incluso a los territorios aragoneses en territorios donde ni siquiera se hablaba de herejía, y también del comportamiento hacia su cuñado. A Raimundo se le negaba la posibilidad de defenderse.

Las disposiciones emanadas por el papa en 1213 eran más prudentes. Desaprobó el comportamiento de sus legados. Con respecto al Conde de Tolosa exigió que se realizara una investigación imparcial, reservándose el papa la definitiva sentencia. Cuando los legados recibieron las órdenes papales, de acuerdo con los obispos de Francia Meridional, hicieron lo posible por obstaculizar la ejecución de aquel mandato. Escribieron al papa afirmando que Tolosa estaba corrompida como Sodoma y Gomorra, por lo que debía ser destruida. La restitución del territorio a Raimundo y sus herejes, según ellos, habría provocado la más grande indignación y sería un gran error con enormes daños para la Iglesia. Frente a esto Inocencio cedió al final, a pesar de la oposición del embajador aragonés, se dejó convencer. De este modo a finales de junio retiró las disposiciones emanadas en enero.

El rey aragonés fue invitado a cerrar la paz con Simón de Montfort, el cual estaba conquistando todo el sur de Francia hasta Aragón. El rey, indignado, decide luchar contra Simón, pero en una batalla del 12 de septiembre de 1213 el ejército aragonés fue vencido y el propio rey caerá en el campo de batalla. De este modo Simón de Montfort tomará Tolosa y prosigue su política de conquista con la legada de nuevos cruzados. Raimundo y su homónimo hijo huyeron a Inglaterra.

Los legados solicitaron del papa el reconocimiento de Simón como señor de todos los territorios de los heréticos que el había conquistado. El papa sólo concederá que Simón asuma la administración de los territorios conquistados y reservó la resolución definitiva al Concilio IV Lateranense. En este Concilio se llegará a discusiones extremamente ásperas.

El papa era todavía contrario a medidas excesivas, que no obstante fueron ardientemente patrocinadas por el Arzobispo Folco de Tolosa, famoso trovador después convertido en cisterciense. La conclusión del Concilio, que aprobará el papa, fue un compromiso; el Conde Raimundo de Tolosa fue declarado culpable de herejía y favorecimiento de la misma con pérdida de la soberanía sobre su territorio. Debía ir al exilio con la asignación de una renta anual. El territorio conquistado, sobre todo el Condado de Tolosa fue conferido a Simón de Montfort. Los territorios todavía no conquistados, sobre todo Provenza, se debía someter primero a la Iglesia y después pasar al hijo de Raimundo de Tolosa, Raimundo VII siempre que se demostrase devoto a la Iglesia.

A pesar de la decisión sinodal las luchas en el sur de Francia siguieron, aunque los excesos no se pueden a la voluntad de Inocencio III, hasta llegar a la destrucción de la civilización en el sur de Francia por parte de los franceses septentrionales, pero tampoco podemos absolver totalmente al papa ya que ha dejado en el cargo a los legados, que son los primeros responsables de las atrocidades cometidas, y que han trabajado en nombre del papa.

4.5.- Reformar la Iglesia.

Deberíamos hablar de muchas iniciativas religiosas del papa, en particular la mirada iluminada con relación a los movimientos de pobreza de su tiempo, y de la gran importancia que tuvo que Inocencio III, al revés que sus predecesores y a los obispos contemporáneos, reconociera el derecho y el significado de este gran movimiento dirigido a propagar la pobreza voluntaria y la predicación apostólica.

Gracias a esta sabia postura papal consiguió reconducir a la Iglesia a la mayor parte del movimientos de los .humillados., surgido en Lombardía. Tras muchas relaciones les dio una nueva regla en 1201 que les permitía organizarse como una orden en tres ramas, lo cual era una novedad absoluta, aceptándose gente casada en una de ellas, siendo así la primera tercera orden de toda la historia de la Iglesia. Inocencio concedió a los .humillados. practicar la predicaciones de penitencia en las acostumbradas reuniones dominicales, lo cual es un gran progreso en relación con la postura de los anteriores papas para con los Valdenses.

Otro grupo reconciliado con la Iglesia por Inocencio III son los .pobres católicos. que eran exvaldenses, a cuya cabeza se encontraba Durando de Huesca. Se les consintió mantener en esencia sus costumbres de vida sobre todo en lo referente a la pobreza y la predicación, también la itinerante con la finalidad de convertir herejes. A pesar de los esfuerzos del papa fueron considerados con recelo por los obispos a causa de su semejanza con los Valdenses, por lo que fracasará el proyecto papal. El resto de los .pobres católicos. serán absorbidos en 1256 en la nueva orden de los Ermitaños de San Agustín.

Más importante y duradero será el apoyo que dará el papa a San Francisco de Asís y Santo Domingo. En 1210 Francisco se presentó con sus primeros compañeros en la Curia, obteniendo del papa el permiso de formar una .Fraternidad de pobres penitentes. con el derecho de predicar la penitencia. Es significativo que los primeros hermanos menores venidos a Francia y Alemania en 1219 fueron considerados herejes, ya que su estilo de vida era muy similar al de los cátaros y valdenses, pero con la gran diferencia de que eran obedientes a la Iglesia.

También la segunda orden mendicante, la Orden de Predicadores, tiene el apoyo de Inocencio III que la aprueba en 1216, mientras la de los Hermanos Menores no conseguirá la aprobación su regla hasta 1223 por el papa Honorio III.

La culmen del pontificado de Inocencio fue la celebración del IV Concilio Lateranense. El papa había invitado a este Concilio, que se abrió el 11 de noviembre de 1215 en el Laterano, con dos años de antelación a los obispos de oriente y occidente, abades, representantes de los cabildos de las catedrales y soberanos cristianos.

Hasta ahora ningún sino había tenido tantos participantes: 402 entre cardenales, arzobispos y obispos que representaban a 80 provincias eclesiásticas. Más de la mitad e los padres eran italianos. Además tomaron parte de más de 800 dignatarios más (abades, priores, prebostes, decanos. Todo ello demuestra el interés despertado en todo el mundo cristiano. Los reyes cristianos fueron representados por embajadores, menos Federico II de Sicilia que estaba presente.

El discurso de apertura del papa estaba bien pensado y era un resumen de todas sus intenciones. El papa hacia una interpretación alegórica de las palabras del Señor recogidas en Lc 22, 15: .He deseado ardientemente celebrar esta Pascua con vosotros antes de mi Pasión.. No podemos verlo como un anuncio de la cercana muerte del papa. Para él la Pascua significa el .paso. entendido de tres maneras diversas:

·         Paso de occidente a la liberación de Jerusalén, es decir la cruzada.

·         Paso de la tibieza al fervor de la reforma de la Iglesia, es decir la reforma.

·         Tránsito de la vida temporal al reino de la gloria eterna, es decir, espiritualidad.

De este modo puso en evidencia los fines principales del concilio: reconquista de los lugares santos con una nueva cruzada para la que el papa ya había llevado a cabo una intensa actividad; y reforma general de la Iglesia.

El Lateranense IV es el único considerado por los canonistas del XIII como Concilio General. En el mes de noviembre de 1215 tiene tres asambleas públicas. Por desgracia no tenemos un protocollo de las discusiones, tan sólo tenemos el final de las discusiones en 71 constituciones recogidos en Conciliorum Ecumenicorum Decreta. Estas constituciones no estaban debidamente formuladas al concluir el concilio, la redacción final fue una obra personal del papa. Han sido casi en su totalidad incluidas en el libro Extra, en el Corpus Iuris Canonici. Ofrecen un compendio en grandes líneas de medidas reformadoras, para cuya realización el papa durante todo su pontificado había trabajado y son una prueba de la seriedad con la que se había dedicado al mejoramiento de las condiciones de la Iglesia.

Entre las constituciones podemos citar la primera de ellas Firmita, que es un credo con tendencia antiherética usando el método de la primera escolástica, encontrándose el concepto de .transubstanciación. para la Eucaristía. Las otras constituciones dogmáticas también se dirigen contra las herejías, como la condenación de la doctrina trinitaria de Joaquín dei Fiori.

Las constituciones de reforma son más importantes y se extienden sobre todo la vida de la Iglesia. Debemos mencionar las premuras para realizar una mejora en el clero, existiendo detalladas prescripciones sobre el comportamiento clerical (Constitución 14-20), condenación de todas las formas de simonía (63-66), se subrayó la responsabilidad de los obispos para la cura de almas imponiéndoles el deber de constituir en las catedrales predicadores y confesores aptos para esta finalidad (10), y en particular cuidar la predicación a los fieles en lengua materna (9).

En cada catedral un Magister de Gramática y en la iglesias metropolitanas doctos teólogos debía estar asignados a la formación de los clérigos, futuros sacerdotes de las diócesis. Se busca una formación sólida del clero. Una vacación para un cargo eclesiástico de más de tres meses en las iglesias episcopales y colegiatas estaba prohibida. Las decisiones que se refieren a la manera legítima de elegir un candidato tendrán una vigencia de siglos.

Hay tres maneras de elección: por inspiración (modo espontáneo), por escrutinio, por compromiso (el cuerpo elector elige un pequeño grupo que decide un nombre). Además se resolvió el antiguo problema sobre la .pars sanio. en la Constitución 24, afirmando que la mayoría es siempre la .pars sanio.. Se impuso la elección canónica libre y la confirmación de la elección por obra de la autoridad eclesiástica.

Hay varias Constituciones sobre la vida y las órdenes religiosas. Destaca la 12 sobre la obligación de tener capítulos provinciales cada tres años y de visitar los monasterios de cada provincia. Esto se refiere sobre todo a las órdenes antiguas, como los Benedictinos, que eran autónomos, para crear un cierto control de la vida de estos monasterios autónomos. Se respetó sobre todo en Inglaterra y en España, y menos en Francia, Alemania e Italia. También es importante la prohibición de fundar nuevas órdenes religiosas (13), que tenía como finalidad impedir que ciertos grupos religiosos cayesen en la herejía. No determinación no fue observada por los papas sucesivos, aunque en el momento de aparecer tuvo sus efectos sobre órdenes recién surgidas. El que quería ser monje o tenía intención de fundar un monasterio debía aceptar una de las reglas ya aprobadas.

Otras disposiciones del Concilio, como que todos los fieles que han alcanzado la edad de la razón tengan que confesar los pecados, al menos una vez al año, al párroco competente y de comulgar por lo menos en Pascua (21), tienen el efecto más largo y duradero. El precepto Pascual se refiere a la parroquia propia.

Los matrimonios clandestinos fueron prohibidos pero no anulados. También fue importante la reducción de los impedimentos matrimoniales. El canon 62 que habla de la aprobación pontificia para la veneración de nuevas reliquias, provocado por las dudas surgidas por la masa de reliquias traídas por los cruzados de oriente.

La legislación dedicada a los judíos, como la prohibición de salir durante los días de Semana Santa, obligación de llevar vestidos especiales que les distinguiese de los cristianos, prohibición de ocupar cargos públicos (67-70). Toda esta legislación no se basaba en prejuicios raciales ya que valían también para los musulmanes que vivían en países cristianos. Esta legislación fue causada por premuras sobre la pureza de la fe entre los cristianos, pero sin hacerse una distinción entre cristiandad, sociedad cristiana e Iglesia y fieles que siguen la fe cristiana. No obstante todo ello a llevado a una discriminación de los judíos en el mundo europeo tardomedieval.

Por último el Sínodo dicta precisas disposiciones para la gran cruzada. A principios de junio de 1217 los cruzados deberían estar en las costas de Italia Meridional donde se presentaría el papa personalmente. La nueva cruzada sería conducida bajo la dirección de la Iglesia para excluir toda influencia secular desviador, como ocurrió en el caso de Constantinopla.

El papa determinó varias leyes para facilitar incluso la financiación de la Cruzada. Durante 3 años todos los sacerdotes debían pagar un 20 % de todas sus recaudaciones para los gastos de la Cruzada, mientras el papa y los cardenales pagarían una décima parte además de una contribución de 33.000 libras de plata ofrecido personalmente por el papa. Los cruzados fueron exonerados del pago de cualquier tasa. Durante un período de 4 años debería reinar la paz entre todos los reinos de los cristianos, y cualquier violación de la misma fue amenazada con las más severas penas eclesiásticas. Con todo ello el papa quería preparar la cruzada de la mejor manera posible. A pesar de todo la muerte del papa destruyó cualquier esperanza.

En su interés por la cruzada Inocencio se fue en la primavera de 1216 en Italia septentrional para solucionar personalmente el enfrentamiento existente entre las ciudades marítimas de Pisa y Génova. En Perugia el 16 de 1216 Inocencio III murió de manera inesperada de fiebre, tenía 54 años. Tenemos un testimonio del obispo Santiago de Vitry en una carta suya de octubre de 1216:

.Después fui a una ciudad llamada Perugia y allí encontré muerto al papa Inocencio. No había sido todavía sepultado y de noche algunos le habían despojado de su vestidos preciosos con los cuales debía ser sepultado. Su cuerpo casi desnudo y fétido lo dejaron en la Iglesia. Yo he estado en aquella Iglesia y he visto con mis ojos cómo es breve y vana la gloria de este mundo. El día siguiente los cardenales eligieron a Honorio, un anciano bueno y devoto, muy simple y benévolo, el cual había dado casi todo lo que tenía a los pobres. Fue consagrado Sumo Pontífice el domingo después de su elección..

 

No es el primer caso en que roban los vestidos de un papa o de un obispo muerto. La Edad Media es una época violenta.

Inocencio III fue sepultado en Perugia. El papa León XIII que fue obispo de esta ciudad hizo trasladar el pasado siglo XIX los restos mortales de su predecesor a la Basílica Lateranense.

CAPÍTULO III

LAS ÓRDENES MENDICANTES

1.- introducción.

A comienzos del siglo XIII la sociedad europea en general y la italiana en particular está en movimiento: los comunes han reivindicado y defendido su independencia, la burguesía ha conquistado mayor potencia política, gracias al comercio el nivel de vida se ha mejorado aumentando también las exigencias generales. La afluencia de las riquezas genera un cierto materialismo práctico y por reacción la aspiración a una pobreza lo más próxima a la evangélica. En algunos casos estas aspiraciones acaban oponiéndose a la jerarquía, nacen así diversos movimientos con difíciles relaciones con la iglesia como los Valdenses o los Humillados, o iglesias claramente heréticas como los Cátaros.

En este contexto nacen también las órdenes mendicantes, sobre todo por obra de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Osma. Estas dos no son las únicas, en este siglo se desarrollan también los Carmelitas, que al principio eran monjes de tipo eremítico en el Reino de Jerusalén, evolucionando en occidente hacia una orden mendicante similar a las otras. También surgen los Ermitaños de San Agustín, que surgirán de la fusión de diversas congregaciones de tipo eremítico en Italia por obra de Alejandro IV en 1256 (es la única orden fundada por un papa y de ella formará parte Lutero..., ¡qué ironía de la historia!). Surgen también en este momento los Siervos de María y otros.

A comienzos del XIV, según las estadísticas existentes, había sobre 50.000 hermanos menores. Para los Predicadores se habla de 12.000. Para poder valorarlos deben considerar la población existente entonces. En 1340 se calcula que vivían en toda Europa incluida Rusia 73 millones.

Características generales de todas las órdenes mendicantes que diferencian al .hermano. del monje son: la pobreza, no sólo individual sino colectiva; el notable lugar dado a la actividad pastoral y la renuncia a la estabilidad; la centralización del gobierno; la formación metódico-teológica de los hermanos destinados al apostolado, siendo los sacerdotes mejor preparados de todo el clero de entonces; la institución de una tercera orden que llama a los laicos a cooperar en el apostolado y les muestra la posibilidad de una vida perfecta permaneciendo incluso permaneciendo en su estado de vida.

El gran mérito de las órdenes mendicantes consiste sobre todo:

1)       En hacer propias las aspiraciones de vida simple y evangélica difundidas entonces en toda Europa. Demuestran que la práctica evangélica se podía efectuar incluso dentro de la Iglesia; que una vida tal era compatible con la plena sumisión a la jerarquía.

2)       En haber transformado la cura pastoral. El hermano, más libre que el monje, pude moverse con mayor facilidad. No espera que los hombres vayan hacia él sino que les sale a su encuentro. No quiere forzar, sino persuadir, de aquí la gran importancia dada a la predicación.

Las iglesias de las órdenes mendicantes, construidas según sus necesidades, son espacios de reunión para la ciudadanía que acude para escuchar a los predicadores famosos. Pero lo hermanos no hablan sólo en las iglesias, sino también fuera en las plazas, dirigiéndose al pueblo bajo, a los soldados, a los niños, a los herejes. En primer lugar obran en las ciudades. Es típico en las ciudades del bajo medievo la presencia de los conventos de las órdenes mendicantes que estarán en rivalidad en ocasiones (el desprecio y la envidia de los Dominicos hacia los Franciscanos, de los Dominicos hacia los Agustinos,...).

Al comienzo de las órdenes mendicantes surgirá un díptico que caracteriza las diversas órdenes religiosas: .San Benito ama los montes, San Bernardo los valles, San Francisco las pequeñas ciudades, Santo Domingo las grandes".

3)       El mérito de las grandes órdenes mendicantes de haber dado un nuevo fuerte impulso al teología y la filosofía, sobre todo dentro de las universidades, y de allí un nuevo impulso también a la piedad sobre todo popular. En este campo despuntan los Franciscanos, que han tomado algunas intenciones de la Cruzada transformándolas en devociones muy profundas como el Vía Crucis.

1.- LOS DOMINICOS. SANTO DOMINGO Y LOS HERMAnOS PREDICADORES.

Las fuentes para la vida de Santo Domingo y los inicios de su orden son bastante escasas. Santo Domingo nació hacia 1170 y murió el 6 de agosto de 1221 en Bolonia. Su canonización tiene lugar en 1237 por obra de Gregorio IX, ocasión para la cual se recogieron las noticias sobre la vida y los comienzos de su fundación por Jordano de Saxonia en su Libellus de principiis Ordinis Predicatorum. La segunda fuente principal son las más antiguas constituciones de los dominicos. Nos cuenta Jordano, que cuando Domingo estaba en el lecho de muerte fue preguntado por sus hermanos si quería decirles alguna cosa de la que se arrepentía en aquel momento; el les dijo: .Si. Yo siempre he preferido hablar mejor con chicas jóvenes mejor que con mujeres mayores..

Domingo de Guzmán nace en Caleruega, hacia 1201 llega a ser prior del cabildo de Osma. Junto con su obispo Diego de Osma comienza la predicación entre los Cátaros de Francia Meridional en 1205-6. Cuando Diego retorna a su patria, Domingo continúa su obra misional. Su primera fundación fue una casa para chicas convertidas del catarismo en Proville (1207), que terminará siendo un monasterio femenino. Esta será la primera fase de su obra.

En la segunda fase los primeros dos compañeros de Domingo, que se comprometen con un juramento similar al de vasallaje, son dos ciudadanos de Toulouse (1215). Jordano ve en este juramento de fidelidad el comienzo de la Orden de Predicadores. El obispo de Toulouse, Fulco, confirma la nueva compañía. Junto a Fulco Domingo irá al Lateranense IV para pedir la aprobación pontificia de su fundación. Inocencio III consiente, pero según las indicaciones del Concilio, Domingo deberá escoger una de las reglas monásticas aprobadas, decidiéndose por la de San Agustín. El obispo de Toulouse les proporcionará un domicilio en la Iglesia de San Romano en Toulouse. En este momento ya son 16 personas.

En la tercera fase (1216-17) Domingo volverá de nuevo a Roma (octubre de 1216) y obtiene de Honorio III, en dos bulas del 22 de diciembre de 1216 y del 21 de enero de 1217, a confirmación de su orden. De este modo el monasterio de Toulouse se convierte en una Orden de Predicadores itinerantes. Domingo comienza este paso decisivo enviando el 15 de agosto de 1217 a sus hermanos, unos 30, en todas las direcciones, España, París, Bolonia, Roma, sólo unos pocos quedan en Toulouse.

En Roma el papa consigna a Domingo la Iglesia de San Sixto, que se convertirá en un convento de hermanas dominicas, y después recibirá la Basílica de Santa Sabina que se convertirá en la Sede del Maestro General de la Orden de Predicadores desde este momento.

Los dos primeros capítulos generales se desarrollan en Bolonia (1220-1221), que serán importantes para las Constituciones de la Orden. Domingo morirá en Bolonia el 6 de agosto de 1221 tras una breve enfermedad.

En cuanto a las ideas de Santo Domingo podemos resumirlas así:

·         La idea clave fue la vida evangélica y la predicación evangélica, pero no como un fin en sí mismas sino en función de la gran inspiración evangélica. Domingo procedía de la vida de canónigo, tras el NT su lectura preferida era el De Collationes de Juan Casiano. Sólo usa lo que es conforme con la vida apostólica y a la predicación evangélica; por ello se abandona la estabilidad monástica y de los canónigos, que vincularía al predicador a un lugar determinado, se abandona el aislamiento monástico, que impediría la acción de anuncio, finalidad principal de su fundación.

·         De la idea clave emanan otros elementos: estudio, pobreza, oración, vida común.

·         Para Domingo será de enorme importancia el tema del estudio. Desde los primeros encuentros con los Cátaros en Francia Meridional, ya había entendido que para una buena predicación se necesita una buena ciencia teológica, no sólo los debates en las discusiones, sino también en la catequesis común en un ambiente católico. La declarada intención de renovar la predicación sobre una sólida base teológica conquistó para Domingo la adhesión de muchos jóvenes provenientes de los ambientes universitarios. Las más antiguas constituciones insisten en la obligación de los hermanos predicadores de mantenerse en el seno de su comunidad y, bajo la guía de un hermano responsable, estar al corriente de las distintas disciplinas teológicas. En cada convento el superior tiene el poder de dispensar a los hermanos de todo lo que sea un obstáculo para el estudio y la predicación. Con respecto al oficio divino se establece que .todas las horas se celebren con brevedad y a buen ritmo, de manera que no se dañe la devoción de los hermanos y de ningún modo pueda sufrir daño el estudio..

·         Se nota en Domingo una firme voluntad de pobreza, pero constituye un medio para otro fin. En el contacto con los Cátaros se da cuenta que el remedio para solucionar la trágica situación que vive la Iglesia está en la pobreza. La pobreza dominicana es menos absoluta que la franciscana.

2.- SAN FRANCISCO Y SU MOVIMIENTO.

Para San Francisco tenemos una extraordinaria riqueza de fuentes, más o menos contemporáneas. Desde el siglo pasado, tras los estudios de Paul Sabatier, se ha planteado la cuestión franciscana. Este autor interpretaba la figura de Francisco como un seguidor del puro Evangelio que ha sido traicionado, junto con su movimiento, por la Curia Romana.

En las fuentes, según el P. Esser debemos distinguir los escritos dejados por el propio San Francisco y otras fuentes que hablan de su vida.

Los escritos se pueden dividir en 3 categorías:

·         Reglas y admoniciones.

·         Cartas.

·         Oraciones e himnos.

Entre las reglas tenemos la Regla no bulada de 1221, es decir, no aprobada por la Santa Sede; para algunos estudiosos este es el documento de base para la interpretación del movimiento franciscano de 1210-1221. Después tenemos la Regla bulada de 1223 confirmada por el papa Honorio III, que es la regla oficial de los menores hasta hoy; no es sólo obra de Francisco sino de un Comité de redactores en torno a él, teniendo una cuarta parte de la extensión de la no bulada.

El Testamentum de 1226 es un texto muy discutido, no sólo en cuanto al lugar que debe ocupar en los autotestimonios de Francisco sino, recientemente, con respecto a su autenticidad.

De entre los escritos del Santo es de los más conocidos el Canto del Hermano Sol, compuesto por Francisco en la lengua vulgar de Umbría, según una tradición durante su última enfermedad; el conjunto del texto está asegurado, pero las numerosas variantes en las diversas versiones, con respecto a la grafía de cada palabra hacen imposible una edición crítica. Es de suma importancia sobre la concepción de Francisco sobre el mundo y la naturaleza.

Las vidas de San Francisco se dividen en dos categorías:

·         Vidas oficiales. Nacen por iniciativa del papa y del gobierno de la orden con el fin de comunicar al orden y a la Iglesia la imagen válida y vinculante de San Francisco. A este grupo pertenecen las dos vidas de Tomás de Cellano; la realizada en primer lugar constituye la primera biografía particularizada del Santo realizada tras la canonización por orden de Gregorio IX (1228-29). La segunda se hizo tras un capítulo general de 1244, encargada también a Cellano que la realiza entre 1246-47; es un testimonio del cambio producido dentro de la orden de los Menores, con un tono muy diferencia. Queriendo sintetizar la imagen de Francisco en dos palabras podemos decir que en la primera vida se le presenta como un hombre en su realidad concreta e histórica, mientras que en la segunda es un mito, una figura legendaria. Esta mitificación se llevará al extremo en la vida escrita por  Buenaventura de Bagnoregio, que fue ministro general de los Menores desde 1257; su vida se llama Legenda Maior, fue escrita por orden del capítulo general de 1260 cuando la paz entre los espirituales y la mayoría, la comunidad, estaba ya comprometida seriamente. Deseo del capítulo general era ofrecer a ambos partidos una única biografía vinculante del santo. San Buenaventura también escribirá la Leyenda Minor es un resumen de la Maior para su uso en el oficio divino. Ambas Leyendas la escribió San Buenaventura entre 1260-62 en París. El Capítulo General de 1266 de París decidió destruir todas las vidas franciscanas anteriores, permitiendo sólo la Leyenda de San Buenaventura; no fue plenamente cumplido.

·         Vidas no oficiales. Estas se mantuvieron al no obedecerse la decisión del Capítulo de 1266. Destacan dos: la Leyenda Trium Sociorum y la Leyenda Perugina también Llamada Compilatio Asistiensis. Al primer texto se le deben las discusiones de la .Cuestión Franciscana.; el texto se formaría entre 1235-48. La Perugina es una composición de episodios de la vida de San Francisco en un orden no cronológico, y contenido en un solo manuscrito, el 1046 de la Biblioteca Comunal de Perugia.

El comienzo de la conversión de Francisco presenta un problema bastante delicado con soluciones diversas. ¿Su experiencia comienza con actividad llevada a cabo en medio de los leprosos? Este dato nos lo expresa él mismo Francisco en su Testamentum.

Otros autores, como Feld, no se fían de este texto como autobiográfico, de modo que la conversión de Francisco sería un proceso comenzado en 1204-5 y termina el 24 de febrero de 1208 cuando el Santo escucha en la Porciuncula el Evangelio del día sobre la misión de los discípulo por parte de Jesús (Mt 10, 1-13). Es en este Evangelio donde verá un programa para su vida, se expolia del hábito de eremita que llevaba a este momento y se viste de una túnica en forma de cruz ceñida por una cuerda. Estaciones en este itinerario de conversión, son para Feld, sobre todo las visiones, no sólo la de San Damián, basadas sobre el Testamentum o la Leyenda Trium Sociorum y el Testamento de Santa Clara.

De lo que llevamos dicho observamos la dificultad para escribir un biografía crítica del .poberello. pero manifiesta también la facilidad para modelar a San Francisco según el gusto de los diversos tiempos. Por ejemplo si situamos el comienzo de su conversión con la experiencia con los leprosos se convierte en uno que es solidario con un grupo de marginados de la sociedad medieval, con un elemento extraño, irrecuperable, repugnante,..., una sociedad que él quiere cambiar y superar. Pero si por el contrario vemos su conversión como un proceso lento, en el que las visiones tienen una parte determinante, entonces Francisco está mucho más alejado de nuestra mentalidad, es un hombre mucho más medieval, con sus ansias y preocupaciones.

Hablando del primer franciscanismo se hace la pregunta de si el ideal de San Francisco ha fracasado. La respuesta debe ser doble:

El ideal del Santo sólo valía para él, no podía aplicarse a una comunidad sin atenuaciones. Por otro lado es cierto que Francisco se sentía llamado a extender su ideal, no quería fundar otra orden religiosa sino una fraterna y libre comunidad apostólica. Su idea iba dirigida, en último término, a toda la Iglesia; él pensaba en una renovación de la Iglesia a través de una escucha nueva y fresca del Evangelio y una nueva imitación de Cristo. Este ideal de Francisco no se ha realizado.

La curia desde el comienzo a hecho todo lo posible para domesticar el movimiento franciscano y de canalizarlo hacia una forma similar a la de las demás órdenes religiosas anteriores. San Francisco quería un movimiento religioso y la Curia le ha hecho una orden religiosa. Tomada esta decisión de seguir el camino de una orden auténtica y propia siguieron las demás consecuencias. Francisco antes de morir ha querido obligar a sus hermanos a volver a los ideales iniciales.

La bula Quo elongati del papa Gregorio IX (28-IX-1207) ha quitado a este testamento toda fuerza vinculante; por este motivo el papa Gregorio IX ha sido contado por algunos estudiosos entre los destructores de San Francisco. Como sea lo cierto es que el uso de los bienes donados a la orden fue permitido, aunque formalmente los donantes mantenían la propiedad.

Hacia la mitad del XIII la orden con sus exenciones y privilegios papales, con las graciosas obras edicilias en Asís, con sus procuradores, procesos, legados, limosnas, con sus polémicas con el clero secular y los maestros de la Universidad de París y con los inquisidores provenientes de la orden que funcionaban como tropa de defensa del papado, ciertamente no lo que quería Francisco.

A la vista de todo ello podemos afirmar que no se cumplió su ideal. No hace falta mucha psicología para saber por qué entonces la figura del Santo venía exageradamente exaltada como .ángel del sexto sello., como .alter Christus., el .dux. que según Joaquín dei Fiori abrirá la tercera y última edad, la .Iglesia Espiritual. mientras la propia orden se comporta como la Iglesia Carnal.

No podemos sorprendernos al encontrar a algunos frailes que estaban en desacuerdo con esta evolución. La parte discordante fueron los espirituales, su rama extrema son los .Fraticelli.. Los espirituales no sólo querían identificarse con la comunidad inicial de los hermanos sino que querían seguir la imitación del maestro seráfico con el Cristo sufriente. Aquí la pobreza, entendida en un sentido más amplio, tiene una parte de extrema importancia, provocándose la lucha producida dentro de la Orden y al final contra el propio papa, por la pobreza rigurosa. En 1317 los espirituales son excomulgados por el papa Juan XXII y perseguidos por la Inquisición, muriendo bastantes en el hoguera.

La gran mayoría de los hermanos se habían adaptado a los nuevos tiempos, con la tendencia apoyada por la Curia Romana de institucionalizar el movimiento franciscano. Fueron llamados Conventuales porque aceptaron la vida conventual con todas sus exigencias, incluso materiales. Eran sobre todo los clérigos dedicados al ministerio pastoral, dedicados al estudio y a la vida conventual. De suyo entraron en el orden de los maestros de teología y de derecho canónico hombres provenientes de estratos superiores, que trían una tradición cultural habiendo sido formados en su mentalidad y exigencias intelectuales. Sería absurdo pensar que estos maestros entrasen en la orden para traicionar el ideal de San Francisco o para buscar una vida cómoda o por aspiraciones de poder. Vivieron en la orden de los Menores una elección de santidad, un medio de renovación a ellos ofrecido por la gracia y un instrumento de santificación para toda la cristiandad, pero lo viven con su perspectiva y su cultura.

Quién tenía razón, los Espirituales devotos de la idea originaria de Francisco sobre la pobreza pero desobedientes a la Iglesia jerárquica, o los Conventuales que con sus grandiosas iglesias y sus espléndidos conventos, con su ricas bibliotecas, su saber y sus contactos comunales y universitarios estaban ciertamente muy lejos del ideal de Francisco, pero obedientes a la Iglesia y a su servicio en toda Europa y en países lejanos como misioneros hasta China.

CAPÍTULO IV

EL PAPADO DEL SIGLO XIII y EL EMPERADOR FEDERICO II

1.- introducción.

Tratamos de la lucha del papado contra la dinastía sveva de Federico II, una lucha amarga que no acabará con la muerte de Federico II. Al final ha vencido el papado, pero tras haber acabado con la dinastía caerá en las manos de los reyes franceses sufriendo una dependencia de ellos mucho más grande de la sufrida con Federico II. La lucha de los papas contra Federico II será una de las causas del declive del papado en el siglo sucesivo, siendo la última lucha entre .sacerdocium e imperium. en la Edad Media.

1.- Honorio III (1216-27). La primera fase de la tensiones con Federico II.

Sólo dos días tras la muerte de Inocencio III fue elegido en Perugia el sucesor. Los habitantes de Perugia forzaron a los cardenales a realizar allí la elección en vez de en Roma ya que esperaban una ganancia económica. El neoelecto era el Cardenal Cencio Sabelli, Camarlengo del papa Celestino III; su gran mérito en el desempeño de su cargo de Camarlengo fue la elaboración del Liber censium Ecclesiae Romanae, obra que ofrece importantísimas informaciones para la historia de las recaudaciones y las posesiones de los papas en la Edad Media.

El nuevo papa asume el nombre de Honorio III, hombre más modesto y reservado que Inocencio III pero con la intención de seguir el camino de su predecesor. La principal preocupación del viejo pontífice fue la ejecución de la gran Cruzada decidida en el IV Concilio Lateranense, por tanto seguir el último deseo de Inocencio III. Primero debían ser eliminados todos los grandes obstáculos que amenazaban con conseguir el éxito de la misma. Uno de ellos era la persistente lucha entre Francia e Inglaterra, pero mucho más importante era el comportamiento del emperador Federico II.

1.1.- La política de Federico II.

Federico II todavía no había sido coronado emperador. En 1215 con ocasión de su coronación real en Aquisgrán Federico había tomado la cruz pero sin especificar cómo sería su participación en una futura cruzada, sin decir una fecha. Para obtener el apoyo del papa contra su rival Otón IV había hecho grandes concesiones al papa en una famosa bula con sello de oro, llamada Bula de oro de Eger (1213), una especie de confirma de las recuperaciones de Inocencio III con respecto al Estado Pontificio. Sobre su voto de cruzada Federico siempre había diferido su ejecución. Ciertamente no le faltaban motivos serios para este reenvío, de modo que hasta que no venciese a su adversario Otón IV no se podía pensar en una participación en la Cruzada por su parte. Tras la muerte de Otón IV (+ mayo de 1218) otras dificultades de diversa naturaleza hicieron necesaria la presencia en Alemania del emperador. Después de todo esto el emperador centrará sus atenciones a reunir en sus manos el reino de Sicilia con el imperio y a asegurar a sus herederos una posición que la Curia siempre había intentado obstaculizar, ya que era un interés vital para el papado el no estar cercado por un poder en el sur de Italia y en el norte.

Poco antes de la muerte de Inocencio III Federico estaba empeñado solemnemente de renunciar el día de su coronación imperial de renunciar a Sicilia en favor del hijo Enrique, el cual ya en 1212 había coronado rey de ese reino siciliano. Pero en documento de Estrasburgo no estaba expresado con palabras claras que un sucesor de Enrique debería ser excluido de la elección de rey de Alemania, es decir de emperador. En aquel documento se establecía, por tanto, que debía evitarse la unión de dos estados en cualquier momento, aunque está claro que Federico, desde el comienzo, había mirado a esta meta de reunir Sicilia con el Imperio.

En abril de 1220 en Francoforte Federico consiguió hacer elegir a su joven hijo Enrique como rey Alemán. Para conseguir el consenso de los príncipes eclesiásticos le concedió amplios derechos soberanos de sus territorios. Este privilegio del 26 de abril de 1220 de Francoforte se llama Confoederatio cum prinpibus ecclesiasticis, siendo prácticamente una renuncia por parte del emperador a todos los privilegios que el sistema otoniano, sálico, daba al soberano sobre las iglesias del imperio y ha permitido a los obispos y a las grandes abadías de Alemania desarrollar en principados eclesiásticos autónomos, y Federico lo ha hecho para asegurar la elección de su hijo Enrique, que ya era rey de Sicilia, como rey de Alemania.

En 1231 hizo un documento similar para los príncipes seculares, Statutum in favorem principum. En favor de este segundo documento se encontraba la política de su hijo Enrique, que había llegado a ser regente en Alemania y se apoyaba sobre las ciudades, para aumentar su control sobre el país. Esta política encontró la unánime oposición de los príncipes, por lo que el emperador emitió este Statuto a favor de los príncipes, contra su hijo y contra las ciudades, o en otras palabras una capitulación ante las peticiones de los príncipes. Este documento equiparaba a los príncipes laicos y eclesiásticos en la soberanía territorial y oponía un rechazo a las aspiraciones de independencia de las ciudades.

Todas estas concesiones demuestran que Federico no estaba realmente interesado en un dominio imperial inmediato en Alemania, sino que buscaba nuevos espacios de maniobra para su política autónoma en Italia, para no ser molestado en sus proyectos italianos.

Cuando Enrique insiste en sus directrices políticas contrarias a las directrices de su padre, éste le depone en 1235, muriendo 7 años después en prisión en Italia meridional.

Volviendo a la situación de 1220 debemos decir que con respecto a la elección de Enrique el papa sólo pudo adaptarse a lo sucedido en la elección, pasando Enrique , que ya era rey de Sicilia, en rey de Alemania. Era algo para el futuro, el verdadero regente era el propio Federico en ambos casos. Para calmar la preocupación de la Curia Federico motivó su comportamiento con el hecho de que su ausencia a causa de la inminente Cruzada había hecho necesaria una ordenación del gobierno del reino. Pero no era sólo la elección de Enrique a rey de Alemania lo que había dado motivo de preocupación a la Curia, de suyo hasta ahora Federico no había hecho caso de ninguna de sus promesas de iniciar una Cruzada.

Propiamente por el interés de una Cruzada Honorio deseaba proceder lo antes posible a la coronación imperial de Federico. En los tratados preparativos entre Federico y el papa vuelve a aparecer el problema de Sicilia. Federico pide al papa poder reunir en sus manos las coronas de los dos estados a título estrictamente personal. Hasta el último momento, cuando Federico había colocado las tiendas de su campo delante de las puertas de Roma en el Monte Mario, (que el Medioevo se llamó Monts gaudii porque los peregrinos que venían del norte veían desde allí la Ciudad Eterna), el problema no estaba todavía resuelto.

Entonces Federico tranquilizó al papa con una declaración en la excluía la unión del imperio con el reino de Sicilia, era rey de Sicilia en cuanto heredero de su madre Constanza no en cuanto emperador, el reino siciliano era de propiedad de la Iglesia romana y era un feudo de la Santa Sede y debía ser administrado exclusivamente por empleados sicilianos, no del imperio. Tras esta declaración Honorio no tendrá más objeciones contra la unión personal de los dos reinos en las manos de Federico.

El 22 de noviembre de 1220 en la Basílica de San Pedro tendrá lugar la coronación de Federico II y de su esposa Constanza de Aragón. Tras la coronación el emperador, que había prestado al papa el tradicional servicio de escudero y el officium trattoris, que era muy importante para Federico Barbarroja, tomará de nuevo la cruz renovando el voto de Cruzada. Se estableció la salida para agosto de 1221.

El mismo día de la coronación el emperador publicó una serie de importantes leyes que iban en la línea de los deseos de la Iglesia. Los estatutos de las ciudades que contenían disposiciones contrarias a la libertad de la Iglesia y del clero fueron declarados nulos.

Otras deliberaciones aseguraban la exención de los impuestos para las iglesias y para los sacerdotes, al mismo tiempo que establecía un tribunal especial para el clero, el Privilegio fori para el clero. En consonancia con el IV Lateranense los heréticos fueron amenazados por bando del imperio y por la confisca de los bienes, amenazados incluso con severas penas los magistrados que toleraban a los herejes, como sus protectores y sostenedores; todo ello contra el comportamiento de las ciudades lombardas. Sin duda todas estas leyes antiheréticas nacieron por iniciativa del papa, no del propio emperador.

1.2. Sicilia. Quinta Cruzada.

Tras la coronación imperial y tras renovar el voto de Cruzada, Honorio podía esperar que Federico había asumido la dirección de la Cruzada, tan querida para su corazón, pero quedará de nuevo desilusionado. Uno de los problemas era la situación política, económica, administrativa de Sicilia.

En los años llenos de luchas por la regencia, tras la muerte del emperador Enrique VI, durante la ausencia de Federico que se encontraba en Alemania, el reino de Sicilia había caído en un estado de gran confusión. A causa de ello el emperador deberá emplear en los años sucesivos todas sus fuerzas para reorganizar su reino. De suyo consiguió  en pocos años a restaurar totalmente el reino de Sicilia.

Los musulmanes que vivían en Sicilia fueron sometidos tras largas y costosas luchas. Tras 1224-5 estos musulmanes fueron deportados de Sicilia a una colonia de Lucera cerca de Foggia en Apuglia. Aquí los musulmanes fueron concentrados en un centro urbano, mientras que hasta ahora habían vivido en el campo. De este modo se crearon pequeñas islas de mundo islámico, por estar circundados de cristianos, pero por otro lado se les garantizó bajo la protección del emperador libertad religiosa pudiendo permanecer en el Islam, y condiciones favorables para el desarrollo de sus actividades productivas. Por otro lado Lucera se transforma en un lugar para pertrechar a una elite militar que apoyó a la monarquía sveva incluso tras la muerte de Federico.

En 1224 Federico fundó la universidad de Nápoles que será la primera universidad estatal de Europa; en ella se formarán los juristas sicilianos de los que Federico tenía necesidad para la administración de su reino. Se prohibió la asistencia a universidades extranjeras, como la de Bolonia.

Federico también construirá una flota siciliana. Tras la expulsión de los genoveses, que tenían el monopolio, Federico ordenó la formación de una flota autónoma que fue preparada en poco tiempo.

De este modo en pocos años el reino siciliano se transformó en un estado bien ordenado, sólidamente organizado en el que reinaba el poder absoluto del rey.

Permanecerá aún el problema de la Cruzada que con tanto celo había ideado Inocencio III. Desafortunadamente los jefes de la Cruzada, bajo el mandato de un Cardenal español, Pelayo de San Albano, habían proyectado no un ataque directo hacia Tierra Santa, sino un asalto a Egipto, a quien pertenecía la Tierra Santa, en la esperanza de dañar así una vez por todas la potencia enemiga más temida, el sultán de Egipto. El 24 de agosto de 1218 fue asaltada la roca fuerte de Damieta, la clave de Egipto, pero tras este feliz inicio siguieron graves desilusiones. El sultán egipcio de la dinastía de los Ayubiti (¿) Malik al-Kãmil estaba dispuesto a la restitución de Jerusalén a cambio del abandono de los cruzados de Egipto. Contra el parecer del rey Juan de Jerusalén y otros jefes de la Cruzada, el Cardenal legado rechazó esta oferta. Dos años después el ejército cruzado se encontraba en Egipto en una situación desesperada.

Federico había enviado en julio de 1221 una flota a oriente para ayudar a los cruzados, pero no consiguió remediar la derrota ya que llegó un poco tarde. De este modo la 5ª Cruzada terminó con un total fracaso, el cual fue atribuido a Federico, aunque el único culpable es el Cardenal legado por su desconsideración y obstinación.

En abril de 1221 en Beroli se produjo un encuentro personal a petición del papa, entre él y el emperador, para discutir sobre diversos problemas, sin llegarse a conclusiones definitivas. El papa estaba preocupado no sólo por el asunto de la Cruzada sino también por la política eclesiástica del reino de Sicilia, de suyo Federico intento reconquistar la influencia sobre el nombramiento de innumerables obispados existentes en aquel reino, lo cual a los ojos del papa era un ataque a la libertad de la Iglesia. Además había otros problemas, sospechaba que Federico quería unir al imperio la Marca de Ancona y el Ducado de Spoleto, territorios a los que Federico había renunciado a favor del papado en 1213.

1.3. Lombardía.

El emperador había invitado en abril de 1226 ha una gran Dieta en Cremona, lo que provocó vivas reacciones en los comunes lombardos, que desde largo tiempo atrás estaban preocupados por su independencia. De este modo los comunes renovaron en 1226 la 2ª Liga Lombarda contra Federico II.

En estos años el asunto lombarda asumió un lugar preeminente en la relación entre papado e imperio, ya que parece cada vez más evidente que la libertad de la Iglesia Romana estaba garantiza por la libertad de los comunes más que del respeto de la integridad territorial del Estado de la Iglesia.

Por todo ello durante la estancia de Federico en Italia septentrional en marzo de 1226 se menciona una decisión que toma cargada de consecuencias, concediendo con una Bula de Oro en Rímini a la Orden de los Caballeros Teutónicos, en la persona de su Gran Maestre Hermann von Salza la investidura feudal para los territorios que la Orden hubieran podido conquistar en Prusia, con lo cual comienza la historia del Estado Prusiano.

La mediación entre Federico II y los lombardos fue el último acto de Honorio III que muere el 18 de marzo de 1227, siendo enterrado en Santa María la Mayor.

2. Gregorio IX (1227-43): El estallido de la lucha con Federico II.

El día después de Honorio III, el 19 de marzo de 1227, fue elegido papa por unanimidad el cardenal obispo de Ostia Hugolino, tomará el nombre de Gregorio IX. Había nacido en Anagni hacia 1170 hijo del Conde de Segni, estando emparentado con Inocencio III al cual asemejaba en su carácter. Estudió en París y en Bolonia. Como legado en múltiples ocasiones había demostrado sus habilidades políticas y diplomáticas y su inflexible firmeza de voluntad. Como papa demostró su naturaleza de dominador, irremovible en su fe en Dios e intrépido en las dificultades y el peligro. Su sensibilidad religiosa la demostró en su favorecimiento de San Francisco y su movimiento, ya de Cardenal trabajó bastante e influyó sobre la definitiva regla franciscana, la Regula bulata.

2.1. La Cruzada y la excomunión de Federico II.

La relación con Federico II empieza con un golpe. En el anuncio de su elección, que Gregorio hace llegar rápidamente al emperador, exhortaba a Federico a realizar por fin la Cruzada sino tendría que tomar medidas contra él. Entre tanto el emperador había solicitado la preparación para esta Cruzada. Los cruzados, gran parte de Alemania, habían sido reunidos en julio de 1227 en Bridisi para el embarco.

Haciendo mucho calor en aquel verano se presentó de manera imprevista una epidemia entre los cruzados y los peregrinos, el propio emperador enfermó. A pesar de ello partió con el Conde Ludovico de Turingia, el esposo de Santa Isabel, que quería ir de cruzado a Tierra Santa, pero en Otranto tienen que atracar el 10 de septiembre muriendo el Conde Ludovico a causa de la epidemia el 11 de septiembre. En este momento Federico renuncia a la Cruzada y para restablecer va a los baños de Pozzuoli mientras el grueso del ejército continuó la travesía. De esta interrupción de la Cruzada, causada por su enfermedad, hace llegar un comunicado inmediatamente al papa. Pero el papa no le cree pesando en un pretexto para sustraerse del empeño asumido como había ocurrido otras veces, por lo que Gregorio el 29 de septiembre excomulgó al emperador por no haber cumplido sus promesas, lo cual era una medida despiadada sin considerar la enfermedad de Federico.

Sin tener en cuenta la excomunión Federico siguió en la organización de la Cruzada y partió de Brindisi el 28 de junio de 1228 con casi 40 galeras dirigiéndose ante todo a Chipre donde restableció la soberanía feudal del reino fundado por su padre Enrique VI, y llega el 7 de septiembre de 1228 a San Juan de Acre, actual capital del reino de Jerusalén, con un pequeño ejército de cruzados acompañados de numerosos peregrinos.

Los cristianos de Tierra Santa, el Patriarca Latino de Jerusalén y la mayor parte de las órdenes de caballería rechazaron cualquier colaboración con el emperador a causa de su excomunión El papa, por medio de dos franciscanos, había manifestado a los cruzados que ellos no debían obedecer a un excomulgado como el emperador. Por todo ello Federico decide, por el interés de la causa, pasar el mandato supremo del ejército alemán y lombardo al Gran Maestre de la Orden Teutónica Hermann von Salza, y el de los otros contingentes a otros comandantes.

Dada la situación Federico estaba obligado a recurrir a la vía diplomática. A través de tratados, preparados con antelación, se ganó la confianza del sultán de Egipto Malik al-Kãmil. En febrero de 1229 concluyó con el Sultán un acuerdo decenal con el cual se aseguró un éxito de la causa cristiana sin guerras. Gracias al gran prestigio que gozaba el emperador entre los musulmanes obtiene lo que tantos cruzados no habían podido realizar, la restitución a los cristianos de la ciudad de Jerusalén, Nazaret y una franja costera, y libre acceso para los cristianos a Belén. Así por medio de tratados diplomáticos sin armas se reconstituyó una notable parte del reino de Jerusalén con su capital. Dejó a los musulmanes la plaza del Templo con la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Omar, y les garantizo el libre ejercicio de su religión en Jerusalén.

A pesar de los excepcionales resultados estos tratados fueron duramente contestados por el Patriarca de Jerusalén y por el papa que recibió una información odiosa. El 17 de marzo de 1229 entró el emperador en Jerusalén y fue a rezar a la Iglesia del Santo Sepulcro. Al día siguiente Domenica occuli, tras una misa de acción de gracias en el Santo Sepulcro, a la que el emperador no participó por su excomunión, él mismo se ciñe la corona del reino de Jerusalén poniéndosela sobre su cabeza. Al día siguiente el patriarca dejó Jerusalén tras haberle lanzado el entredicho. El propio emperador partirá con prisa hacia Sicilia tras las noticias que le habían llegado.

2.2. Desde la excomunión hasta la paz.

Este hecho de la Cruzada sin guerra fue tomado por el papa para renovar la excomunión el 23 de marzo de 1228, jueves santo. Ya a finales de julio de 1228, cuando Federico todavía no había desembarcado en Palestina, el papa había absuelto a los súbditos del imperio y del reino de Sicilia de su juramento de fidelidad al emperador. El regente dejado por Federico en Sicilia había realizado, a iniciativa suya, un ataque en la Marca de Ancona y en el Ducado de Spoleto, contra la voluntad del propio Federico.

En respuesta Gregorio IX no sólo le excomulgó sino que se decidió por una defensa armada. Buscó ayuda por todas partes y tomó de las décimas eclesiásticas para la lucha contra el emperador. Será la primera vez que el papa consiguió pertrechar un auténtico ejército papal, que portaba como enseña las llaves de San Pedro, llamándose a los soldados .Clave signati. (.Soldados se llave.). El ejército papal tras superar una primera resistencia en Montecasino del ejercito imperial, llegaron con rapidez a Puglia.

Con la noticia de esta invasión Federico volvió con rapidez a su reino de Jerusalén llegando a Brindisi en junio de 1229. La rápida conquista de las provincias por Federico fue acompañada por procesos contra los feudatarios y contra lasa ciudades traidoras, así como por misas de acción de gracias. Por otra parte, aunque Federico venció al ejército pontificio estuvo atento a no traspasar los confines del Estado de la Iglesia, para demostrar su disponibilidad hacia una paz con el papa. Tras largas conversaciones se llegó a un resultado.

Mediadores de la paz fueron el gran Maestre de la Orden Teutónica Hermann von Salza, por la parte imperial, y el cardenal Tomás de Capua, por Gregorio IX, también algunos príncipes alemanes y dos obispos de Alemania Meridional intervinieron a favor de una reconciliación entre las dos potencias. Las conversaciones fueron realizadas en San Germano (Montecasino) y la conclusión en Ceprano en 1230.

El 23 de julio de 1230 después de que el legado pontificio diera lectura a los motivos que habían determinado la excomunión del emperador, Federico prestó juramento declarando que se sometía a las órdenes de la Iglesia en lo que había constituido una razón de excomunión y que aceptaba sin reservas el proyecto de paz; al mismo tiempo aseguraba un perdón completo a todos los que hubiesen luchado contra él, prometiendo no asaltar los territorios del estado de la Iglesia, en especial la Marca de Ancona y el Ducado de Spoleto.

Otras importantes promesas se referían a la Iglesia en el reino de Sicilia: concedía libertad en las elecciones, las postulaciones de las iglesias y de los monasterios no se debían impedir, se debía suprimir el derecho de consenso, que hasta ahora correspondía al emperador en las elecciones eclesiásticas; se garantizó a las iglesias, a los monasterios, a las personas eclesiásticas en el Reino de Sicilia las exenciones de las tasas e impuestos, se decidió que los clérigos no podían ser llamados ante un tribunal secular, ni por causas civiles ni penales, salvo en determinadas y singulares excepciones que se referían al estado feudal. En el fondo es el reconocimiento de la inmunidad eclesiástica, del Privilegium fori, un tribunal especial para el clero en el Reino de Sicilia.

Con estas promesas del emperador el 28 de agosto de 1230 en Ceprano el emperador fue absuelto de la excomunión. El primero de septiembre tiene lugar un encuentro entre Gregorio IX y Federico II en Anagni donde se selló la paz y la reconciliación, restaurándose así la unión de amor entre .Sacerdotium e Imperium., como afirmará Federico II. Esta paz ha sido interpretada de diversas maneras, siendo para unos una segunda Canossa. Lo cierto es que el emperador deseaba como fuera la absolución de la excomunión y ha hecho todo lo posible para ser absuelto de ella. Pero la revocación de la excomunión fue también la concesión de un error cometido por Gregorio IX, cuando había impedido con todos los medios la cruzada de Federico II. Incluso el papa estaba obligado por las circunstancias a concluir la paz con Federico, ya que no había sido capaz de rebatir la posición del emperador, y desde un punto de vista militar la posición pontificia no tenía ninguna esperanza. El papa tenía un interés inmediato a conseguir la paz con Federico.

Por otro lado permanecieron algunas cosas sin resolver que ni siquiera se mencionaron; la cuestión lombarda no se tocó permaneciendo insoluta, y seguramente el emperador no renunció al deseo de restaurar el poder imperial también en Lombardía. Por otra parte las pretensiones del papa para dirigir el mundo cristiano chocaban siempre con los deseos de soberanía de Federico. Según la convicción papal estas pretensiones imperiales amenazaban la libertad y la independencia de la Iglesia de una manera insoportable. La cuestión es quién tiene la última palabra incluso en las cuestiones temporales en la cristiandad. El papa quiere ser el último juez en las cuestiones temporales de la cristiandad y esto vendrá contestado por el emperador Federico así como por los reyes franceses, más tarde.

2.3. Desarrollo tras el levantamiento de la excomunión: Sicilia y Lombardía.

La paz entre los dos jefes de la cristiandad duro unos diez años. El emperador empleó esta tregua prosiguiendo su política de consolidación del reino de Sicilia, debía ser construido un estado que funcionara sobre una burocracia en funcionamiento, rígidamente organizado en el cual sólo reinase la voluntad del emperador. Estas ideas políticas encuentran su expresión en las Constitutiones Melphitanae, también llamadas Liber Augustalis, publicadas en agosto de 1231. A la cabeza de esta ley se encontraba, como ocurrió con Justiniano, el Decreto contra los heréticos, los cuales en los casos reincidentes fueron amenazados con la hoguera al ser considerados enemigos del estado y culpables de alta traición, todo ello siguiendo el concepto de lexa magestad que aparece por primera vez en Inocencio III.

Las Constituciones remiten a las disposiciones de Inocencio III, también en otros casos. Por ejemplo rechazan las ordalías, los juicios de Dios en los procedimientos judiciales remitiéndose expresamente a la prohibición de Inocencio III.

En el resto de los asuntos los intereses eclesiásticos fueron poco tratados en aquellas Constituciones, si se  prescinde del hecho de que las precedentes promesas del tribunal especial para el clero y la inmunidad del clero fueron limitados en puntos concretos. Por tanto la tradicional unión de la iglesia siciliana con la monarquía permanece intacto. Gregorio IX intuirá con claridad el peligro que se escondía en esta legislación, modernísima para aquel tiempo, que hacía de  un soberano un monarca absoluto.

Tras poner orden en Sicilia Federico se dedica rápidamente a la restauración del poder imperial en el norte de Italia, y así se verificaron los peores presentimientos del papa. En enero de 1232 el emperador proclamó el Bando del imperio sobre todas las ciudades que pertenecían a la Liga Lombarda. Después tras varias peripecias y tentativas de mediación del papa el emperador.

El 27 de noviembre 1237 en Cortenuova derrota al ejército lombardo. Tras esta derrota Milán deberá solicitar la paz. Federico en su odio contra Milán pretenderá una sumisión incondicional de la ciudad. Remitiéndose después a las leyes contra los herejes intentará dar a la guerra contra los lombardos el carácter de una cruzada contra los heréticos, pero con este título no podrá eludir al papa.

El comportamiento de Federico tras la victoria de Cortenuova justificaría los peores temores de Gregorio IX. Ya no había ninguna duda sobre las intenciones de Federico de instaurar en Lombardía el mismo poder absoluto inmediato que había establecido en su reino de Sicilia.

Gregorio IX se verá amenazado en Roma por un partido imperial presente en el pueblo romano y además entre los cardenales. Tras la victoria de Cortenuova Federico enviará el símbolo de la autonomía milanesa, el famoso Carrocco, que había tomado a los milaneses, junto a otros trofeos de guerra. Lo envió a Roma declarando que según el modelo de los antiguos emperadores romanos, quería hacer partícipe a la ciudad madre de su imperio del triunfo imperial. El papa intentó en vano de impedir la aceptación de este regalo por parte de la ciudadanía romana. De suyo el Carrocco fue llevado como un triunfo y se expuso en el Campidoglio. De este modo las intenciones del emperador de manifestaban cada vez con más claridad, es decir no sólo quería instaurar en Lombardía el poder inmediato como en Sicilia, sino hacer de Roma la Capital del imperio, incorporar, en último término, el Estado Pontificio a su imperio.

Ante estas pretensiones Gregorio IX no permanece inactivo. El domingo de Ramos, 20 de marzo de 1239 pronunció la 2ª excomunión contra el emperador, poniendo como causa se pusieron los daños producidos con la opresión de la Iglesia en el Reino de Sicilia, pero no se señaló el verdadero motivo del conflicto que habían llevado al papa y al emperador a posiciones irreconciliables sobre el asunto; no se habla de la cuestión lombarda. Fue una coincidencia que el día de la proclamación de la excomunión muriese el Gran Maestre de la Orden Teutónica Hermann von Salza, que tantas veces había sido el mediador entre el papa y el emperador; tras su muerte desapareció toda posibilidad de reconciliación.

En una circular del papa a la cristiandad, del 7 de abril, motivó minuciosamente la excomunión. El papa cubrió de entredichos todos los lugares en los que el emperador morase y amenazó con otros procedimientos contra él. Esta excomunión renovada tuvo grandes consecuencias, de las que el papa era consciente.

Comienza en 1239 una terrible lucha de vida y muerte entre los dos partidos; un enfrentamiento conducido por ambas partes con una exasperación sin precedentes. Sólo terminará con el fin trágico de la dinastía sveva. Dañó a la Iglesia con graves peligros y fue fatal para el papado. Empieza con una campaña publicitaria polémica por ambas partes. El contenido de estos escritos panfletarios son a menudo invectivas y calumnias, pero reflejan también los miedos escatológicos, presentes en aquella época y las psicosis del XIII.

Federico responde a la polémica con un habilísimo y decidido manifiesto dirigido a los reyes y príncipes . Describe sus relaciones con Gregorio IX, que como cardenal había sido su amigo, y desde el comienzo de su pontificado le había creado todo tipo de dificultad sobre todo sosteniendo a los rebeldes lombardos. Los ataques que se dirigían después contra la persona del papa, al que declaraba como .indigno para regir los asuntos de la Iglesia., ya que para favorecer a Milán debió corromper a los jueces sabiendo con certeza que esta ciudad era una reino de heréticos, por lo que .según Federico. los cardenales debían convocar un concilio general contra el papa. Este será uno de los primeros ejemplos de la tendencia que se afirmará en el siglo XIV de servirse de un concilio general, entendido como representante de toda la Iglesia, contra el papa.

El papa en respuesta dirigió contra Federico acusaciones no demostradas e infundadas. En el exhordio del documento llama a Federico la .bestia apocalíptica de la blasfemia que se levantaba del mar". Tras rechazar las acusaciones personales que se le habían dirigido el papa lanza contra Federico la acusación de ser el .precursor del anticristo..

La acusación más grave está al final de la respuesta papal, acusándole de haber afirmado públicamente que .el mundo ha sido engañado por tres impostores, de tres engañadores, Jesucristo, Moisés y Mahoma, dos de los cuales murieron honorablemente mientras Jesús murió en la cruz., decía también que habría osado afirmar que .eran locos todos los que creían que Dios que fue el creador de la naturaleza y de todas las cosas, hubiera podido nacer de una Virgen..

Lo cierto es que no hay ninguna prueba de que Federico haya dicho aquella frase de los 3 impostores, lo cierto es que esta acusación nunca más fue repetida por Gregorio IX u otro papa. La idea de que a la cabeza de las tres grandes religiones monoteístas, Cristianismo, Judaísmo e Islam, hubiese un engaño o un engañador proviene de suyo de escritores musulmanes liberales del X y XI, aunque no podemos excluir que Federico conociese estas ideas. En el siglo XVI y XVIII la fórmula .de tribus impostoribus. se convirtió en Francia en el título de diversos tratados críticos hacia las religiones reveladas, siendo producto del iluminismo deísta aunque se refieren a Federico II.

El emperador dándose cuenta del peligro contenido en estas acusaciones, se apresuró a contestar con decisión a las expresiones blasfemas, y más de una vez afirmó su fe ortodoxa, subrayando el papel del emperador como abogado y protector de la Iglesia, renovado las leyes antiheréticas y todo aquello que pudiera ser interpretado como una enemistad fundamental en el enfrentamiento con la Iglesia y el papado.

La guerra literaria acompañó a la controversia durante todo su desarrollo. Ambas partes se esforzaron en influenciar a la opinión pública en su favor. En esta lucha se pusieron a disposición de ambos todos los medios posibles. Esta fue la primera ocasión que en Europa se experimento sobre la posibilidad de influenciar a la pública con la publicistica, el actual periodismo.

Los contendientes no se limitaron a medidas literarias. Gregorio IX entró en una alianza con Génova y Venecia a la que unieron más tarde Milán y Piacenza. En el tratado de alianza se preveía sobre todo un ataque al reino de Sicilia, para lo que se precisaban las flotas marinas. El emperador también había tomado con rapidez sus medidas, de manera que todo el territorio del Reino de Sicilia se cerró herméticamente al mundo externo, sobre todo se cortó cualquier relación con la Curia.

A pesar de entredicho, por orden de Federico, se continuaron las funciones litúrgicas bajo amenaza de la pérdida de los bienes. Mientras tanto tropas sicilianas invadieron el territorio del papa. Venevento fue ocupado, la Marca de Ancona y el Ducado de Spoleto restaurándose así la continuidad territorial entre el sur de Italia y el norte.

En febrero de 1240 el propio emperador se adelantó hacia Roma, tras tomar Viterbo. La situación del papa era extremadamente difícil. En Roma había un partido favorable al emperador, no sólo en el pueblo romano, sino también entre los cardenales. A pesar de su avanzada edad Gregorio poseía una fuerza interna irresistible. Para evitar un ataque del emperador contra Roma ordenó en la fiesta de la Cátedra de San Pedro, 22 de febrero de 1240, una solemne procesión del Laterano a la Basílica de San Pedro portándose en ella las cabezas de Pedro y Pablo y otras reliquias del Laterano. La procesión causó una gran impresión en el pueblo, renunciando el emperador a la ocupación de Roma.

Por otro lado la excomunión no encontró en todas partes una acogida favorable. En Alemania príncipes seculares y obispos eran contrarios a la excomunión. Tampoco faltaron intentos de mediación, aunque el grave problema para llevarla a cabo era la Lombardía.

2.4. La captura de los Padres Conciliares en 1241.

Habiendo fallado todas las negociaciones, el papa convocó un concilio general el 9 de agosto de 1240 en Roma para la Pascua del año siguiente. Como objeto de las discusiones se indicaron de manera genérica asuntos importantes de la Iglesia.

Ya indicamos que incluso el emperador había deseado un concilio, pero como tenía la duda de que el convocado por Gregorio IX debía reunirse para juzgar al emperador, manifestó que haría todo lo posible para impedir este concilio. Nadie podía ir a Roma sin el permiso imperial. No obstante Gregorio se mantiene firme con el proyecto del Concilio y como la vía terrestre estaba cerrada por disposiciones del emperador el papa concluyó un tratado con Génova, la cual se comprometía a poner a disposición del papa las naves necesarias para transportar a los Padres conciliares que venían de Francia, Inglaterra, España y Lombardía.

El emperador es informado de estos proyectos y toma sus medidas. Cuando la flota genovesa compuesta por 27 naves, con más de 100 prelados a bordo, se encontraba próxima a la Isla de Elba es atacada el 3 de 1241 por la flota siciliana con la ayuda de Pisa, y la flota imperial castiga a los genoveses con una devastadora derrota. Todos los prelados en viaje hacia el Concilio fueron hechos prisioneros del emperador, entre ellos dos cardenales que habían notificado en Francia la excomunión del emperador e Inglaterra.

Algunos prelados murieron en el mar por ahogo. Los prisioneros fueron conducidos a Puglia y mantenidos bajo dura custodia. A causa de estas inauditas violencias el concilio no se pudo celebrar. Pero el comportamiento del emperador se reveló como un grueso error ya que grandes estratos de la cristiandad estaban sorprendidos por este comportamiento imperial.

El emperador actuará entonces contra la ciudad de Roma. En este momento en que la exasperada guerra entre el papa y el emperador alcanzaba el punto más álgido se presentaba en el horizonte otro peligro para la cristiandad, la conquista de los mogoles, que en 1241 habían alcanzado ya Hungría y Polonia. En esta situación desesperada murió Gregorio IX el 22 de agosto de 1241.

3.- Inocencio IV (1243-1254). La derrota de Federico II.

Tras la muerte de Gregorio IX Federico volvió a Puglia a esperar la elección del nuevo pontífice. No hace lo más mínimo para influenciar en la nueva elección y no aprovecho la vacante en el gobierno de la Iglesia. Siempre había declarado que su lucha no iba contra el papado y la Iglesia, sino contra la persona de Gregorio IX el perturbador de la paz y su enemigo, aliado con los rebeldes lombardos. Esperaba de otro papa la absolución de la excomunión y un tratado de paz.

El Colegio de los Cardenales convocado para la nueva elección contaba sólo con 12 miembros, 2 de los cuales se encontraban en prisión por el emperador, por lo que sólo eran 10. La solución era tan difícil que exigía que el solio pontificio se ocupase lo más rápidamente posible, pero ocurre todo lo contrario. Las divisiones dentro del Colegio Cardenalicio sobre la política de seguir en el enfrentamiento con el emperador eran muy grandes.

Siguiendo ejemplos de los comunes lombardos y de las constituciones de las órdenes mendicantes, el senador romano Mateo Rosso Orsini, defensor de los intereses de la ciudad de Roma, encierra a los cardenales a la fuerza en un viejo edificio al lado sudoriental del Palatino, el llamado Septizonio, que hoy no existe; será el primer cónclave para una elección papal en toda la historia, un cónclave forzado.

El tratamiento a que fueron sometidos los cardenales fue indigno y dañino para su salud, sin servidores, sin médicos, algunos cardenales enfermaron a causa del gran calor del mes de agosto, y de las monstruosas condiciones higiénicas en las que vivían. Al final los cardenales llegaron a un acuerdo sobre un candidato, que obtiene la prescrita mayoría de los 2/3, según el mandato del III Lateranense, era el 25 de octubre de 1241. Será elegido el cardenal Gofredo de Sabina que se llamará Celestino IV. Pocos días después, probablemente a causa del cansancio, el neoelecto se enfermó y murió el 10 de noviembre antes de ser coronado.

La situación era tal que algunos cardenales huyeron rápidamente de Roma por el miedo de tener que repetir un segundo cónclave similar. Hicieron falta dos años hasta la elección de un nuevo papa. Federico mientras tanto había manifestado su interés por la paz, dejando incluso en libertad a los dos cardenales que tenía en prisión. De este modo el 25 de junio de 1243 fue elegido en Anagni el Cardenal Sinivaldo Fieschi que de papa se llamará Inocencio IV.

No podemos caer en una visión demasiado espiritualista de la Iglesia en este momento, ya que el cónclave como la elección tiene una relación directa con Federico II, y sin este componente no se pueden entender los acontecimientos sucedidos hacia 1241-43.

El noble papa Inocencio IV descendía de una noble familia genovesa que había sostenido al emperador. Había formado en Bolonia su cultura jurídica, llegando a ser un eminente canonista. Al comienzo el emperador se manifestó satisfecho por esta elección, ya por noble origen como por la elección del nombre. Federico vislumbró una garantía de paz y la posibilidad de una amistad entre el papa y el emperador, pensando que la elección del nombre se relacionaba con la amistad entre Inocencio III y Federico. Sin embargo el papa pensó en las ideas de dominación, .Vicariado de Cristo.,... de Inocencio III.

La cuestión lombarda impidió desde el principio cualquier acercamiento entre el papa y el emperador. La pretensión del papa de hacer de árbitro fue inaceptable para el emperador. No obstante Federico para preparar y asegurar de cualquier modo la paz, ofreció la inmediata restitución de una parte del Estado Pontificio que había ocupado, proponiendo al papa un encuentro personal en Anagni para hablar de asuntos no solucionados todavía. Inocencio finge que se une a esta propuesta, pero en secreto preparó su fuga con la ayuda de los genoveses.

Mientras todavía se realizaban las conversaciones, el 27 de junio de 1244 el papa disfrazado huyó de Sutri a Civitavechia donde le esperaban las galeras de Génova que le llevaron a su ciudad natal. El 1 de octubre continuó su viaje a Lyon a través de los Alpes, llegando a Lyon a comienzos de diciembre de 1244. El 24 de diciembre en una homilía anunció un Concilio Ecuménico para la fiesta de San Juan Bautista del año 1245, y a comienzos de enero hizo publicar la convocatoria.

Como argumentos de discusión para el Concilio se indicó la ayuda para los Santos Lugares del Imperio Latino, el problema de las Cruzadas, actuaciones contra el peligro mogol y decisiones sobre el problema emperador-Iglesia.

La fuga del papa coge por sorpresa al emperador y fue para él un fuerte golpe. Daba la impresión de que el papa hubiese sido amenazado por el emperador. Para demostrar Federico su inocencia y el deseo de paz redactó una minuciosa y objetiva relación y exposición de sus conversaciones con el papa. Toma contacto con los cardenales y se declaró decidido a realizar una penitencia personal.

En Lyon el papa era inatacable por el emperador. Formalmente Lyon pertenecía al imperio, más precisamente al Reino de Borgoña, aunque en la práctica era una ciudad independiente. Es interesante hacer constar que el Rey francés Luis IX había rechazado hospedar al papa en su reino, ya que quiere permanecer neutral en la lucha entre el papa y el emperador.

El I Concilio Ecuménico de Lyon se realiza en 1245 y comienza el 28 de junio, con una primera sesión solemne en la Catedral de Lyon. Participaron entre 140-150 obispos, la mayor parte latinos; del imperio vinieron muy pocos obispos. También estuvieron presentes el emperador Valdovino de Constantinopla, que vino a pedir ayuda, embajadores del rey de Francia e Inglaterra, el propio Federico había enviado a su representante y procurador, el juez de Altacorda de Sicilia Tadeo de Suessa. Fue la primera ocasión en que los Maestros Generales de las órdenes mendicantes fueron invitados a participar en un Concilio General. En Roma se quedaron 4 Cardenales romanos para ocuparse de los problemas relativos a la Ciudad Eterna y al Estado Pontificio.

Antes del comienzo oficial del Concilio se realizó una sesión preliminar en el receptorio de la Colegiata de San Justo de Lyon, el cual servía al papa de residencia en Lyon. En esta ocasión el embajador de Federico II, Tadeo de Suessa hizo nuevas propuestas de paz, pero el papa que estaba plenamente decidir a conseguir la condena de Federico rechazó tratar estas propuestas, afirmando que las promesas del emperador  tenían la única finalidad de engañar al Concilio, y rechazará también los intentos de mediación del rey de Francia y de Inglaterra.

Así se llegó a la primera sesión solemne del Concilio en la Catedral de Lyon el 28 de junio de 1245. Comenzó con un discurso del papa sobre .los 5 dolores del papa., que puso en relación con las 5 plagas del Señor, y que eran:

1.                   Los pecados del alto y bajo clero.

2.                   La conquista de Jerusalén por parte de los sarracenos.

3.                   La tribulación del imperio latino por obra de los cismáticos griegos.

4.                   La devastación de Hungría por parte de los mogoles salvajes.

5.                   La persecución de la Iglesia por parte del emperador Federico II.

Como se ve es la primera vez que el tema del concilio se ocupó sobre todo por problemas esencialmente políticos y no doctrinales o cismáticos. De suyo este I Concilio de Lyon es extremadamente político.

En la segunda sesión del concilio un obispo que había sido echado de su obispado por obra de Federico realizó una requisitoria contra el emperador en la que le acusó de Lexa Magestad, de haber ofendido a los prelados, los cuales son miembros del cuerpo de Cristo, a los que todo está sometido. Entre esta y la tercera sesión el papa hizo preparar en conversaciones secretas la sentencia de deposición contra el emperador.

Así en la tercera sesión del 17 de julio de 1245 el papa leyó la sentencia de deposición del emperador. Federico es privado de todo honor y todos sus súbditos absueltos del juramento hecho con él. Se amenazó con la excomunión a todos los que hubieran sostenido al emperador con cualquier ayuda, y los príncipes electores alemanes fueron invitados a proceder a una nueva elección. El papa se reservó disponer el mismo en todo lo referente al reino de Sicilia. La bula de excomunión se motivo con las largas y vanas conversaciones de paz y con la enumeración de sus peores y notorias culpas:

·         violación del juramento por no haber mantenido los tratados cerrados con la Iglesia,

·         el sacrilegio de haber hecho prisioneros a los prelados (La Batalla de Montecristo),

·         sospecha inminente de herejía por el desprecio con que había recibido y considerado la excomunión y el entredicho,

·         no se habla de .los tres impostores.,

·         y a causa de su abominable amistad con los sarracenos y de su alianza con el sultán (referencia a su Cruzada sin sangre),

·         por último fue declarado responsable de la opresión de la Iglesia en el Reino de Sicilia, que había recibido como feudo de la Sede Apostólica, y por el cual, en nueve años, no había pagado el tributo feudal.

Como signo de condenación todos los padres conciliares apagaron sus candelas tirando las puntas de sus candelas encendidas al suelo. El papa entonó el Te Deum antes de cerrar la tercera y última sesión del Concilio.

De esta manera hemos llegado a la última lucha entre Inocencio IV y Federico II. Este acto de Inocencio IV era la primera deposición de un emperador, ni siquiera Gregorio VII había osado realizar un acto semejante que en 1076 había excomulgado a Enrique IV pero no le había depuesto. Incluso Inocencio III en su enfrentamiento con Otón IV se había limitado a disolver a los súbditos del juramento de fidelidad, pero había respetado los límites entre el poder espiritual y el poder temporal. Inocencio IV ha sobrepasado este límite. Por tanto el verox imperator es el papa, el cual intentará erigir una especie de teocracia en el mundo cristiano. Con la destitución de Federico comenzará la lucha decisiva entre imperio y papado conducida con extrema dureza y exasperación por ambas partes y, sobre todo para el emperador, se trataba de ser o no ser.

Tras su destitución Federico, probablemente en marzo de 1246 se dejó examinar sobre su ortodoxia por parte de una comisión que comprendía al arzobispo de Palermo, el obispo de Pavía, el abad de Montecassiono, Cava y Cassanova, y, como hecho novedoso, por dos dominicos, y comunicó el resultado al papa en un escrito sellado con bula de oro. El hecho de que el emperador se sometiese a este examen, cosa que estaba por debajo de su dignidad, demuestra que le importaba mucho ser considerado un cristiano ortodoxo. Naturalmente ese procedimiento no tiene ningún efecto sobre el papa.

El emperador y el papa se dedicarán a partir de ahora sobre todo a la publicidad, expresando sus intenciones y puntos de vista en escritos muy polémicos. El emperador no se contentó con denunciar los efectivos y notables defectos del proceso conducido contra él, sobre todo del papa como acusador y juez al mismo tiempo. Federico contestó incluso contra el derecho del papa de juzgarle y de destituirle.

Reconoce claramente el poder espiritual del papa, pero negó su pretensión de meterse en las cosas seculares, y en particular de conferir o sustraer reinos e imperios. Es cierto que le correspondía al papa la coronación del emperador pero él no tenía después ningún poder de privarle después de su dignidad y deponerlo, ya que en las cosas temporales el emperador no tenía a ningún hombre por encima de él. Como ya había hecho con anterioridad apeló a la solidaridad de los príncipes europeos, lanzando por último una propuesta de reforma de la Iglesia, es decir vuelta a la vida de los tiempos apostólicos que respondían mejor a los principios de modestia y humildad solicitados por el Señor, lo cual significaba sobre todo para el emperador quitar a los prelados las dañinas riquezas que llevaban a su perdición.

La primera respuesta del papa es de la primavera de 1246. En este escrito ni siquiera menciona el nombre del emperador y le define como un precursor del anticristo y otro faraón. El papa tiene urgencia de rechazar las acusaciones de Federico con respecto a la mundaneidad y a la riqueza del clero.

Hay otro escrito del papa que es un tratado llamado Eger cui lenia, aunque hoy se duda de su autoría. Este tratado es la exposición sistemática de las teorías teocráticas del papado con Inocencio IV, al cual se le atribuye. El papa, según el tratado, rechaza las protestas imperiales contra el Concilio de Lyon, y defiende el papel de juez que él ejerce, este poder papal se basa en la facultad concedida sin límites al príncipe de los Apóstoles San Pedro y a sus sucesores de atar y desatar.

Remontándose a las ideas de Gregorio VII e Inocencio III el autor desarrolla detalladamente la concepción de la relación existente entre elpoder espiritual y el poder temporal; en este contexto habla también de la Donación de Constantino, dando una explicación bastante arbitraria de este texto afirmando que Constantino tras su conversión había rechazado humildemente a la tiránica soberanía ejercida hasta ese momento sobre la Iglesia. A tenor de esta renuncia de Constantino éste había consignado al papa las insignias imperiales, después había recibido del representante de Cristo, es decir el papa, el poder soberano sobre el imperio para ejercer este poder para castigo de los culpables y alabanza de los buenos.

El propio Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Sacerdote había establecido para la sede apostólica no sólo la soberanía sacerdotal sino también la temporal, en tanto que había encargado a Pedro y a sus sucesores sustentar a los reinos tanto del reino terreno como del celeste, y esta entrega viene contraseñada con la entrega de las llaves, que son dos la primera el poder espiritual y la segunda el poder temporal.

El último estudio sobre este tratado realizado por el P. Herde se pregunta si el autor no se deberá buscar en el ámbito del Cardenal Rainiero Capozzi, uno de los más grandes enemigos de Federico II en el colegio Cardenalicio de Inocencio IV. Es cierto que el tratado si no es del propio Inocencio sí refleja las teorías teocráticas que circulaban en su corte pontificia.

En marzo de 1247 se descubrió una conjura cuya finalidad era el asesinato del emperador y de su hijo Enzo, siendo el promotor un cuñado del papa, estando implicados algunos cardenales que permanecieron en Italia. Es muy probable que el propio papa conociera el atentado, el cual protegió a los conjurados que pudieron escapar.

De 1247-1250 fueron años muy difíciles para Federico II; traiciones de personas de las que se fiaba, la captura de su hijo Enzo siendo hecho prisionero en Bolognia, derrotas militares,.. En la primavera de 1250 las cosas cambiaron para el emperador, el cual esperaba poder realizar una expedición a Lyon ya que quería obligar al papa a hablar con él sobre la paz. Mientras se preparaba en Castell Fiorentino, cerca de San Severo en la actual provincia de Foglia, Federico cogió una enfermedad intestinal.

En presencia de numerosos invitados dictó su testamento pidiendo que fuese vestido en hábito cisterciense. Su antiguo amigo el Arzobispo Berardo de Palermo le reconcilió con la Iglesia y le impartió la Extremaunción. Murió el 13 de diciembre e 1250 a los 56 años. Su cuerpo fue trasladado a Palermo y enterrada en la Catedral de Palermo junto a Rugerio II y sus padres EnriqueVI y Constanza en un sarcófago de pórfido.

Con su muerte se concluye una época no sólo de la historia de Italia y Alemania, sino también de la Iglesia. Con él termina el antagonismo entre sacerdotium e imperium que había marcado muchos siglos de la historia medieval. En esta lucha el papado a vencido, pero a qué precio. El papado politizado, laicizado ha perdido su crédito en grandes estratos de la cristiandad. De la dependencia del emperador  caerá en la más grave dependencia real de los reyes franceses, además del exilio de Avignon del papado en el siglo XIV.

4.- La religiosidad de Federico II.

La persona de Federico II es discutida hasta nuestros días, el juicio sobre él ha sido controvertido en todos los tiempos. La visión de Federico II como del primer .hombre moderno. ha encontrado mucha adhesión hasta nuestros días. Hoy se quiere descubrir en él al hombre medieval.

Para nosotros es más importante saber que pensaba sobre la fe católica. Era un herético, un precursor del anticristo, como afirmaba Inocencio IV, era en el fondo un ateo, como decían otros. Si tomamos en serio los documentos de Federico debemos rechazar con decisión estas acusaciones y no tenemos motivo alguno para considerarle como mentiroso e hipócrita. Federico no era anticatólico ni anticlerical, sino sólo antipapal en un sentido bien preciso ya que sentía tratado de manera injusta por algunos papas, Gregorio IX y sobre todo por Inocencio IV.

La religiosidad personal del emperador la podemos deducir de sus privilegios, leyes, cartas y circulares, las cuales nos hablan de un hombre con una religiosidad medieval, con todas las preocupaciones propias de esta época, como el presentimiento del fin de los tiempos y del juicio final. El apoyó sobre todo a dos órdenes, los franciscanos, al menos hasta la 2ª excomunión, y sobre todo los cistercienses a los que continuamente les pedirá que oren por él, incluso su última voluntad fue ser enterrado como monje cisterciense.

Era un hombre controvertido y de contrastes, no era un santo, pero tampoco un hombre diabólico como le describía la propaganda papal. Comparándole como hombre y como cristiano con Gregorio IX e Inocencio IV piensa el P. Engelbert que superaría el examen.


[1] Lea, H. CH. Estudioso anticatólico

Guirad J, Estudioso católico

Segl, P., Anfänge der Inquisition mi Mittelatter (1993)

[2] Cf. Reg. II, 1 (Hageneder 2 Pont., pg. 3-5)

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