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EPOCA MEDIEVAL.QUINTA PARTE: SITUACION DE LA IGLESIA EN LOS DIVERSOS PAISES CRISTIANOS EN EL 1100.
El imperio bizantino reivindicó dos privilegios:
a) El derecho de representar al Imperio Romano; ser el heredero legítimo de los ideales y fines políticos y culturales de los romanos. De aquí la dificultad de los bizantinos para reconocer el Imperio Occidental. Sólo ellos son los auténticos romanos.
b) Tener una preeminencia en el mundo cristiano. De ser los vigilantes de la ortodoxia y los protectores de los lugares santos de Palestina. Los cristianos no calcedonenses (jacobitas, nestorianos, los coptos de Egipto, los etíopes), se encontraron fuera de las miras del mundo bizantino y también del Occidental. La única excepción eran los armenos, los cuales tuvieron un papel muy importante en la política exterior del Imperio Bizantino.
En torno al 1100 ya había pasado la edad de oro del mundo bizantino. La muerte del emperador Basilio II (+1025) marca un cambio en la historia bizantina. Tras él comienza un proceso de decadencia y disolución. Ciertamente comienza un período de paz, que nunca se había vivido, pero no fue una ocasión para consolidar el estado, sino que se transforma en una época de relajación interna. De este modo la catástrofe del 1204, la conquista de Constantinopla por los cruzados, fue ya preparada en el siglo XI, a pesar de que bajo el emperador Conmene se pueden señalar progresos en el estado bizantino.
Causas de la decadencia bizantina: La estructura social y política del Imperio sufrió una transformación radical. La aristocracia feudal es cada vez más potente. Víctimas de este proceso de feudalización serán los soldados campesinos, que una vez fueron la fuerza del Imperio.
La base de la organización geográfica del Imperio Bizantino eran los temi, que en principio fueron circunscripciones militares que tenían a la cabeza a un comandante (strategos), que después se transformaran en provincias, circunscripciones civiles, pero sin perder el antiguo carácter militar. Los strategoi reunieron en su persona poder civil y militar. En el campo militar se fundaron sobre los bienes y la fuerza de los soldados campesinos (stratiotoi). Los stratioton habían recibido bienes fundiarios que podían cultivar; en recompensa debían prestar servicio militar por su cuenta, sin estar obligados a otras tasas.
Este sistema de defensa militar, basado en pequeños propietarios campesinos, se rompe en el siglo XI porque con el fin de buscar nuevas entradas de dinero, el gobierno central comienza a imponer las tasas también a los campesinos-soldados, que antes estaban exentos de las tasas.
Por otro lado, mientras que la pequeña propiedad decaía cada vez más, sobre todo a causa de las tasas, los latifundios de la aristocracia de la capital, de la alta nobleza que vive en Constantinopla, se mantenía en constante desarrollo y gozaba de enormes privilegios como la exención de los impuestos. Esta era la misma política que se aplicaba a los propietarios eclesiásticos, como los monasterios.
Como faltaban los soldados campesinos el gobierno central e ve obligado a recurrir a los ejércitos de mercenarios de diversa composición étnica, algo parecido a lo sucedido en el Imperio Romano antiguo.
Una característica de este período es la decadencia de la potencia militar bizantina. Los grandes feudatarios se concentran en el aumento de su poder a costa de la aristocracia militar, que era la base de la defensa del imperio. Así se destruyó la estructura tradicional económica y social del Imperio.
Aumentan las tensiones entre el gobierno central y la periferia, contribuyendo grandemente a la crisis del año 1204.
Es significativo el desarrollo de las ciudades en el Imperio Bizantino. Mientras en Occidente en este período las ciudades tienen una función emancipadora, progresista, en Bizancio desde la mitad del siglo VII, las ciudades son cada vez menos importantes, con la excepción de Constantinopla y Tesalónica. Podemos afirmar, por ello, que Bizancio en este período se ha transformado en un estado agrario con una grandísima capital.
Junto a los problemas internos encontramos otros externos. Mientras los bizantinos podían arreglarse con el mundo musulmán de los fatimitas, en Siria y en Palestina, ya que desde hacía mucho tiempo eran conocidos de los bizantinos, por lo que también sabían tratar con los musulmanes de Egipto y Siria; aparecerán en las fronteras septentrionales, orientales y occidentales del Imperio nuevos pueblos, en este caso muy agresivos.
En el norte se presentarán, sobre todo, los Petcenegi, pueblo de las estepas que desde Rusia atravesaron el Danubio, lo cual tendrá gravísimas consecuencias para el Imperio Bizantino. En una ocasión el reino Búlgaro había cerrado el paso a los rusos hacia el sur, pero tras la conquista de Bulgaria en el 1018 la derrota del reino Búlgaro la situación había cambiado radicalmente pasando a pertenecer de nuevo al Imperio Bizantino. Entonces ya no existió más un estado interpuesto entre Bizancio y las hordas nómadas que venían de Rusia.
Más peligrosos que los Petcenegi fueron otros dos pueblos que atacaron al Imperio Bizantino, los Turcos Seleúcidas, al este, y al occidente los Normandos. Los Turcos eran un peligro semejante al de los árabes de siglos anteriores.
El año 1071 será el año fatídico para Bizancio: el 26 de agosto el ejército mercenario bizantino del emperador Romano IV Diogenes fue vencido por los Seleúcidas bajo la dirección de su jefe el sultán Alp-Arslan en la batalla de Mantzikert, en la cual el ejército bizantino era numéricamente superior pero muy heterogéneo e indisciplinado. El propio emperador es hecho prisionero de los turcos, estando en prisión realiza con los turcos un tratado por el que consigue la libertad en compensación de tributos anuales.
Mientras está en prisión el emperador, un partido de oposición en Constantinopla había declarado depuesto al emperador y había nombrado a otro. Cuando Romano IV puede volver a Constantinopla fue rápidamente arrestando por sus enemigos internos en la ciudad, muriendo poco después (+1072). A causa de todo ello los Seleúcidas no se consideraron obligados a respetar el tratado que habían suscrito con el depuesto emperador, e invaden Asia Menor, que había sido desde el siglo VII el territorio central del Imperio Bizantino, cayendo en manos turcas y perdiéndose para el Imperio y la cristiandad hasta nuestros días.
Hacia el 1080 el nieto del sultán Alp-Arslán, Suleimán controlaba ya todo el territorio de Asia Menor entre Cilicia y Elesponto. En este territorio de tanta historia cristiana Suleimán fundó un sultanato llamado de ar Rum (Romano).
También occidente el 1071 será un año fatídico para los bizantinos. El 16 de agosto la ciudad de Bari cae en manos de los normandos, perdiendo así sus territorios italianos. En 1081 Roberto, duque de Pogia (?), llamado el Guiscardo conquistó la ciudad marítima de Durazzo (Albania), abriendo así la vía para Constantinopla.
Para tener un aliado natural contra los normandos, Bizancio hace enormes concesiones a Venecia, sobre todo de comercio. Prácticamente desde 1082 Venecia tendrá el monopolio comercial en el Imperio Bizantino, con libre comercio en todas las regiones bizantinas, sin impuestos, aduanas y tasas. De este modo la República Veneciana llega a ser un factor determinante de la historia bizantina, siendo responsable de la caída de Bizancio en el 1204 con la invasión de los cruzados.
Una consecuencia de la guerra bizantino-normanda fue la pérdida del influjo bizantino en los países eslavos fronterizos. Este era un proceso que ya se veía desde hacía algunas décadas. El rey Dimitro Svonimir de Croacia y el príncipe Miguel de la Serbia marítima ya habían sido coronados por un legado del papa Gregorio VII en 1072 y 1077, como vasallos del papa. Ya en los años 70 había un interés por parte de Roma de incluir esta zona costera en sus intereses.
El reino de Armenia figuraba desde hacía tiempo como estado interpuesto entre Bizancio y los pueblos asiáticos. Los Seleúcidas amenazaron también Armenia y Bizancio comete un grave error, aconsejando a la población armenia que se trasladase al interior del Imperio Bizantino, a Cilicia, Siria y Capadocia, porque los comandantes bizantinos creían que así podrían derrotar mejor a los turcos en un país despoblado. El resultado fue un desastre.
Los armenios pudieron continuar su existencia como estado en Cilicia, llamándose Armenia Menor, en una federación de pequeños principados, que tuvieron un papel importante e independiente en el tiempo de las cruzadas. A causa del error bizantino los armenios se encuentran desde aquel momento en Siria y en el Líbano.
Tras el emperador Basilio II ningún soberano podrá garantizar de manera estable la sucesión de la propia familia y establecer una dinastía. Así la inestabilidad se situará también en la cumbre de la organización bizantina.
Después de la degradante derrota en la política exterior intervendrá, por fin, el ejército bizantino dando un golpe de estado. Por medio de esta intervención accederá al trono un miembro de la aristocracia militar de Asia Menor, Alessio I Conneno (1081-1118), con el que se inicia el período del dominio de la aristocracia militar que se extenderá hasta la conquista de Constantinopla por los cruzados (1204). De esta época destaca la obra literaria de Anna Connena, que en su Alexias ha escrito una espléndida historia de su padre.
Los Conneni reforzarán el carácter feudal del imperio y le dará un aspecto militar. Hay dos elementos característicos del feudalismo bizantino, que tendrán repercusiones en la historia eclesiástica: el sistema de la pronoia (providencia) y el caristicariato.
Por medio del sistema de la pronoia el emperador concedía propiedad fundiaria, terrenos, ex pronoiam, por administración. El concesionario de la pronoia no era propietario de ese terreno, pero en tanto que poseía los bienes consignados y los campesinos que vivían en estos terrenos, de todo ello era el patrón y señor absoluto. Con Alessio I el sistema de la pronoia adquiere un carácter militar que conservará hasta la caída del Imperio.
Por este carácter militar el concesionario de la pronoia es obligado a prestar servicio militar, siendo él el comandante, un guerrero a caballo que ha de venir acompañado de una tropa más o menos numerosa de secuaces o vasallos campesinos, según la extensión del feudo que poseía en administración (ex proneiam). Sólo estos concesionarios son pequeños señores feudales, lo cual les distingue de los soldados-campesinos (stratiotoi). El ejército bizantino desde el siglo XI asume el carácter de un ejército feudal. Todavía existen también mercenarios, ya que los ejércitos de los feudatarios no eran suficientes. El sistema de la pronoia se difundirá también en Bulgaria y Servia.
En cuanto al caristicariato (caristice = prebenda) podemos definirlo como el paso de monasterios o propiedades de los monasterios a administradores laicos. Esta práctica de confiar propiedades de terrenos que pertenecían a la Iglesia, sobre todo a los grandes monasterios, tenía como finalidad promover el desarrollo económico de estas propiedades, aunque frecuentemente conduce a graves abusos. Estas concesiones eran dadas por las propias autoridades eclesiásticas, con Alessio I será el propio emperador quien de estas propiedades como una especie de beneficio, pasando por encima de la autoridad de la Iglesia y de los monasterios, provocando fuertes resentimientos en los ambientes eclesiásticos.
Por otro lado, en tiempos de la guerra contra los normandos y los petcenegi, el emperador Alessio I se ve obligado a recurrir, incluso, a los tesoros de la Iglesia para financiar la defensa del Imperio. A causa de todo ello la relación Iglesia-emperador se hace muy tenso, sobre todo por las injerencias económicas del emperador. A pesar de estos momentos de tensión la relación Iglesia-emperador permanecerá substancialmente buena, ya que el emperador era ortodoxo en el campo doctrinal. Este sistema tradicional recibe en Bizancio el nombre de Simphonia entre el emperador y el patriarca, que ya había sido formulada por Justiniano I en el 535 y más tarde por Focio (885-886), no poniéndose nunca en discusión, aunque no faltaron las críticas al respecto como las de Niceta Coniata (1155-1215/16).
Un motivo fundamental para las críticas crecientes de la Iglesia bizantina en el enfrentamiento con el emperador eran los contactos que el emperador tenía con Roma y con Occidente, que se debían a su desastrosa condición político-militar. Los perfiles fundamentales de este proceso se delineaban a finales del siglo X, años en los que el antipapa Clemente III con su emperador germánico Enrique IV era todavía temible.
El papa Urbano II se dirige a Alessio I en 1089 para preguntarle por qué el nombre del papa no figuraba en los dípticos en Constantinopla, por qué el papa no es mencionado en la liturgia bizantina; también pregunta por qué los fieles de rito latino no pueden celebrar la liturgia propia en lengua latina en Constantinopla. Esta carta, que sólo la conocemos por la respuesta de los griegos, no parece que hablase de diferencias dogmáticas o rituales.
En septiembre de 1089 el Basilois convoca el Sínodo Endemusa (formado por un grupo de obispos que viven continuamente en Constantinopla junto al patriarca y los que se encuentran casualmente en la ciudad) en Constantinopla para resolver o discutir los problemas presentados en la carta del papa. El sínodo admitió que no existían documentos que legitimasen una exclusión del papa de los dípticos, de la liturgia bizantina; de suyo la bula de excomunión de Miguel Cerulario no estaba dirigida contra el papa sino contra el legado pontificio. El concilio insistía que antes de retomar el nombre del papa en la liturgia de Constantinopla, se deberían clarificar algunas diferencias rituales y canónicas. Bajo la presión del emperador el sínodo ofreció un compromiso: el papa debería mandar, según las antiguas costumbres, una .carta de entronización. en la que comunicase al patriarca de Constantinopla que había sido elegido papa regularmente para ser de nuevo consignado en los dípticos. Un sínodo sucesivo debió resolver los problemas restantes.
Se ve que en Constantinopla existía bastante apertura para discutir de nuevo los problemas existentes. Fue una lástima que eligieran como emisario a la corte pontificia al metropolita Basilio de la Región de Calabria, ya que este jerarca había perdido su sede a causa de las medidas de latinización de la iglesia del Mediodía de Italia por parte de los normandos. En un encuentro con Urbano II, con ocasión del Sínodo de Melfi (1089), no hace nada para reconciliar Bizancio con Roma.
Los conservadores se sienten contentos por lo sucedido, no así el emperador, el cual en esta ocasión sin los obispos y sin el Sínodo, comienza a tratar con el papa. Por este motivo se provocará una tensión entre la Iglesia Bizantina y el emperador. Incluso las cruzadas serán en un primer momento un tratado entre el papa Urbano II y Alessio I.
En cuanto a la vida interna teológica de la Iglesia Bizantina encontramos
· por un lado, las viejas controversias con la iglesia latina con los argumentos ya conocidos desde el Sínodo Trulano II (692); sobre la base de las obras de Focio surgió la polémica contra el filioque,...
· por otro lado, dentro de la Iglesia Bizantina aparecen dos corrientes en contraste, las cuales eran consideradas con recelo por la jerarquía:
n una corriente mística-ascética representada por Simeón el nuevo teólogo (+1022) y por Nicetas Stethatos (+1090). Se desarrollo sobre todo dentro de los monasterios bizantinos, con un marcado carácter antiintelectual y con aspiraciones místicas.
n otra corriente filosófica cuyo principal representante fue Miquele Psellos, también gran historiógrafo, (1018-+?) era un neoplatónico que luchó largamente con el patriarca de Constantinopla Giovanni Xiphilinos sobre el uso de la filosofía en el estudio teológico. La jerarquía se mostró netamente contraria al recurso a la filosofía. Giovanni Italos, discípulo de Psellos, será la víctima de esta lucha; probablemente era un dialéctico normando, quizá poco diplomático para el mundo bizantino, siendo una persona ingrata para el emperador por motivos políticos. En un proceso de 1082 es condenado por herético acabándose así esta corriente de introducción de la filosofía en la investigación teológica, considerándose a los clásicos como un peligro para la disidencia y para la fe
La Iglesia Bizantina continúa luchando, todavía en este período, para combatir la herejía de los pauliciani y de los bogomili, así como contra la lenta caída del monacato, sobre todo al perder Asia Menor donde estaban asentados muchos monasterios.
La cristiandad bizantina en nuestro período es bastante estática y en continua disminución numérica, por el contrario la occidental se nos presenta como dinámica encontrándose en una fase de expansión. La cristiandad occidental encuentra su identidad sobre todo en dos conceptos o convicciones: uniformidad litúrgica, que se basa en el rito romano desde la reforma gregoriana y sobre todo con Gregorio VII; y reconocimiento de la autoridad papal, que se refuerza desde la reforma del siglo XI cada vez más hasta Inocencio III.
Desde finales del siglo XI el concepto de cristiandad toma un significado territorial y geográfico para distinguirse, ya sea de las regiones paganas, sobre todo en el este Europeo, ya sea de los orientales, es decir de los bizantinos.
Signo de la expansión de la cristiandad latina es el aumento de las diócesis. En torno al 1200 hay en Europa occidental casi 800 diócesis de rito latino. Haciendo un estudio de todas ellas se observa que el núcleo antiguo está en Italia, Francia y Renania (por supuesto también en Hispania) con diócesis que tienen sus raíces en el mundo romano. En los siglos X y XI nacen muchas nuevas diócesis en las fronteras del eximperio carolingio: este de Europa, Escandinavia, España, en el sur de Italia y en los países bálticos. Durante las cruzadas aparecen diócesis latinas en Medio Oriente.
Hacemos ahora una referencia concreta a cada uno de los países de Europa.
En el período anterior de la historia medieval la preponderancia correspondía al Imperio, el cual estaba formado por tres reinos: Reino Teutónico, Reino Itálico y Borgoña. El Imperio no perderá su importancia en el período que estudiamos, sobre todo durante el gobierno de la dinastía suaba, siempre en relación con el papado. Las renovaciones y grandes cambios políticos y eclesiásticos proceden de la segunda mitad del siglo XI de Francia, que será el país innovador en este período y al que seguirán el resto de los países.
Para comprender la situación de la iglesia en Francia hacia el 1100 es necesario dar un paso atrás para demostrar ciertos problemas y evoluciones que han contribuido a la solución de los problemas planteados.
En los siglos X y XI Francia es aún débil como estado. La disgregación de los territorios en tiempos postcarolingios, los dominios feudales bastante pequeños bajo feudatarios que eran oficialmente vasallos del rey de Francia, pero que prácticamente eran señores independientes. Este proceso de disgregación tendrá su culmen hacia el 1000. Ni el rey capeto, ni los duques y condes que dominaban a menudo territorios bastante vastos estaban en grado de frenar las ambiciones de la pequeña nobleza.
Era típica la construcción de castillos por parte de los nobles. Estos pequeños feudatarios, llamados castellanos (Châtelain), controlaron desde sus castillos sus feudos. Frecuentemente estos nobles eran vasallos de diversos señores al mismo tiempo, lo que les hacía en la práctica más libres e independientes. En vez de una jerarquía de poder lo que existía era una presencia contemporánea de potentes rivales, que siempre estaban intentando aumentar su poder a costa de los vecinos, lo cual daba como resultado frecuentes luchas o pequeñas guerras. Los que más sufrían en estos litigios eran naturalmente los campesinos, que no sólo estaban obligados a pagar las décimas sino otras muchas cosas, incluso algo para la llamada protección por parte del castellano.
Desde finales del siglo X los castellanos intentan extender su poder mediante el llamado banno, que no es sólo el ejercicio de la justicia sobre los súbditos que están obligados a presentarse ante su tribunal, sino que se transformará también en señoría bannal, es decir monopolio (los súbditos de un señor están obligados a utilizar los aperos que posee el señor: el molino, el horno, la trituradora,...). Todos estos derechos bannales fueron una entrada económica adicional para el señor. De esta época poseemos datos sobre la miseria y el hambre de la clase campesina siendo los más elevados de todos los países de Europa.
Entre los factores que contribuyeron a superar esta anarquía feudal debemos mencionar en primer lugar a la Iglesia que tomó la defensa de los pobres.
A causa de la casi inexistencia del poder real hasta finales del siglo IX los obispados monasterios franceses se encontraban en una difícil situación, la alta nobleza, duques y condes, intentaban someter incluso a los obispados y a las abadías porque eran ricos. También se convertirán en instituciones apetecibles para los nobles otras instituciones más modestas como las iglesias parroquiales (todavía nos encontramos en el sistema de las iglesias privadas).
Esta situación difería de la del Imperio, donde desde Otón I todos los obispados y grandes abadías se encontraban bajo el soberano, mientras en Francia estaban bajo diversos pequeños señores feudales. Por todo ello las iniciativas para un cambio de situación procederán de Francia donde la Iglesia está sufriendo bajo el poder laico, naciendo en la propia Iglesia el deseo de reaccionar, de renovarse internamente para poder actuar incluso en la lucha contra la nobleza. Los primeros pasos hacia la renovación surgirán dentro del monacato, sobre todo del movimiento clunyacense.
Otro paso hacia la reforma será el movimiento de la Paz de Dios cuyos orígenes se sitúan al final del siglo X, aunque no podrá superar la plaga de la .venganza. (= derecho de los familiares de un asesinado de reclamar la muerte del asesino o de sus familiares = fàida) hasta el siglo XII.
Todas estas iniciativas han reforzado la posición de la Iglesia y han dado un impulso, incluso hacia una consolidación del estado francés, en cuanto dinastía de los Capeto.
Otro signo de la influencia de la Iglesia eran las tendencias hacia una reforma del clero secular. Son importantes en este sentido los sínodos de Bourges y Limoges celebrados a finales del 1031, los cuales impulsaron el celibato y el rechazo de la simonía que debían conducir a una mayor libertas eclesiae.
En 1049 el papa León IX va a Francia y reúne en Reims un gran sínodo de reforma en el cual se confirma la condena de la simonía y se depuso a algunos obispos simoníacos franceses.
En los decenios sucesivos surge el problema de las investiduras de los obispos por parte del soberano. Gregorio VII dio poca importancia a este problema, cosa que no ocurrió en el Imperio con Enrique IV. Los estudiosos se preguntan si existía realmente una lucha por la investiduras en Francia o no.
Hagamos un primer acercamiento a la persona del rey de Francia, Felipe I, que reinó del 1060 al 1108. No tenía una fuerte personalidad ni era muy simpático, pero contribuyó a la estabilización de Francia y a su consolidación y no era herético.
La reforma eclesiástica, que llegará a ser reforma gregoriana, fue descuidada durante mucho tiempo por el rey Felipe I. Simplemente continuó a investir obispos, pero sin usar elementos espirituales como el anillo o el bastón pastoral , lo que contribuyó a una solución pacífica del problema en Francia.
No obstante existían en Francia corrientes de rechazo a las investiduras laicas promovidas por el legado del papa Gregorio VII, Hugo de Die, para los sínodos a Auton (1077) y Potiers (1078), que será después arzobispo de Lyon. Se produjeron suspensiones de obispos indignos como Manases de Reims (1080), el cual, según sus palabras, estaría dispuesto a ser obispo si no tuviese que celebrar la misa.
En estas cuestiones dela Iglesia francesa el papa no gastaba muchas energías ya que se debía concentrar en la lucha contra su adversario, el emperador Enrique IV, no pudiendo empezar una guerra con cada problema de la iglesia occidental.
Por otro lado, Felipe I se podía presentar como generoso hacia la iglesia y la reforma gregoriana ya que sólo disponía de una pequeña parte de los obispados franceses (de 75 diócesis sólo 25 se encontraban bajo el rey de Francia), además estos obispados tenían pocas posesiones que derivaban del estado. De este modo, la investidura de los obispos franceses era mucho menos importante para el poder real que en el imperio. Además la iglesia francesa veía en el rey un baluarte contra la prepotencia de los señores feudales grandes y pequeños, apoyándose cada vez más sobre el soberano de Francia. Todo ello ha contribuido a un mayor entendimiento entre estado e iglesia en Francia.
El problema entre el papa y el rey surgirá de un problema personal referente a su matrimonio. Felipe I en 1092 había repudiado a su mujer porque, según Guillermo de Mansbury, porque estaba .muy gorda., para poder casarse con otra joven hermosa llamada Bertada de Monfort, que estaba casada con el conde Fulco de Anjou. El arzobispo de Sans se ofrece a bendecir este matrimonio. A consecuencia de este acto ilegítimo en el sínodo de los obispos de Francia, reunido bajo la presidencia del legado papal Hugo de Die, se excomulga al rey en 1094. En 1095 vendrá el papa Urbano II a Francia a la celebración del Sínodo de Clermont (1095) en el cual fue proclamada la cruzada y se confirmó por parte del papa la excomunión del rey, lo cual le impedía la participación en la cruzada.
En 1104 Felipe I fue absuelto de la excomunión al prometer solemnemente separarse de Bertrada, aunque no ha llegado a hacerlo. También en este momento el papa, ahora Pascual II, no ha puesto mucho empeño en el tema ya que estaba muy ocupado en la lucha contra el emperador Enrique V.
Una solución al problema de las investiduras en Francia se encontró al entrar en escena teólogos y canonistas de la iglesia francesa, que a pesar de reconocer la necesidad de la reforma por parte de la Iglesia, reforma gregoriana, admitían, de una manera muy realista, que la Iglesia no podía sustraerse totalmente del control del estado, romper todas las ataduras existentes con el rey y con el estado.
Fue fundamental la obra de un eminente canonista, el obispo Ivo de Chartres (1090-1115). Este autor distinguía entre los aspectos temporales y espirituales del cargo episcopal. Ciertamente no fue el primero en hablar de este doble papel de los obispos: administradores seculares y pastores de almas. La exposición de Ivo fue la más erudita coherente y eficiente.
En una carta de 1097 dirigida al gregoriano intransigente el Arzobispo de Lyon, Hugo de Die, afirmaba que gran parte de los derechos y posesiones de los obispos eran regalia, es decir propiedades y derechos constitucionales conferidos por el rey en vista de competencias administrativas. El término completo es iura regalia, derechos que pertenecen al rey, prerrogativas del poder público que por definición corresponden al rey. Por ello , afirma Ivo, los obispos tienen obligaciones feudales con el rey, y es esta realidad la que se simboliza en la ceremonia de las investiduras. En esta ceremonia los soberanos no pretenden dar nada espiritual, ni es tampoco una violación del derecho de la Iglesia el que el rey tenga una influencia en la elección de los obispos. Para Ivo la investidura espiritual la realiza el metropolitano. Transcribimos a continuación la parte más incisiva de la carta de Ivo a Hugo de Die:
. En cuanto a lo que ha escrito de que el antes mencionado elegido (se trata del nuevo obispo de Sans) ha recibido la investidura del obispado de la mano del rey no nos ha sido referido por parte de alguno que lo haya visto o haya tenido conocimiento, pero aunque hubiese sido realizado así, como esto no contiene ninguna fuerza de sacramento en el nombramiento de un obispo, no tiene un carácter sagrado, si se hace o se omite, no vemos en qué manera esto pueda ser nocivo para la fe o a la santa unción, ya que vemos que tras una elección canónica de ninguna autoridad apostólica se le prohibe al rey poner a los obispos en posesión de sus obispados, ya que leemos que los sumos pontífices de santa memoria han intervenido en favor de los elegidos por las iglesias para que el propio rey concediese a estos elegidos los obispados. En otros casos han trasladado la consagración porque los elegidos no habían recibido todavía la concesión del rey. Podríamos añadir otros ejemplos si no debiéramos evitar el alargamiento de la carta. Incluso el .señor papa. Urbano ha excluido al rey sólo de la corporal investidura, si hemos entendido bien, no de la elección, en tanto es el jefe del pueblo. El octavo sínodo prohibe sólo su presencia en la elección, no la concesión (can. 8 del Concilio de Melfi de 1089 y a otro del Concilio de Clermont de 1095, ambos celebrados bajo la presidencia de Urbano II. El propio papa al conocer esta interpretación benévola de los cánones con relación al rey la ha rechazado). ¿Qué importa si esta concesión viene dada con la mano, con un signo o con la palabra o con el bastón pastoral? El rey no intenta dar nada espiritual sino acercarse a las peticiones del solicitante o conceder al propio elegido villas eclesiásticas u otros bienes externos, que las iglesias obtienen de la generosidad del rey..
Ivo prepara una clarificación con respecto a las competencias espirituales y temporales de los obispos. El poder laico no tiene el derecho de meterse en el campo espiritual, pero tiene una vigilancia sobre los bienes temporales de la Iglesia ya que estos provienen del poder real.
Hugo de Fleury escribió un tratado sobre el poder real y la dignidad sacerdotal, Tractatus de regia potestate et sacerdotale dignitate, dirigido al rey Enrique I de Inglaterra, en el cual precisó la nueva solución proponiendo que el soberano, en el acto de la investidura de una competencia estatal, usase otro símbolo para evitar todo equívoco. Será el Arzobispo, por medio del anillo y el bastón pastoral el que le asigne la cura de las almas al neoelecto. (MGH, LL 2, 472).
Existían otras propuestas de pensadores de la época, pero sin llegar a ser la posición de la Iglesia oficial. El papa Urbano II era mucho más reservado, ya en el Sínodo de 1095 había prohibido el rito del omagium de los obispos al rey, cuyo gesto fundamental consistía en que el vasallo ponía sus manos entre las del señor, convirtiéndose así en hombre del señor (rito que se ha conservado en la ordenación sacerdotal), siendo un rito proveniente del derecho alemán. El omagium se sustituirá por un simple juramento de fidelidad, un juramento feudal, llegándose así a un entendimiento entre las partes.
La inserción de la Iglesia en el estado francés estaba garantizado por el derecho que tenía el rey de ser consultado cuando se trataba de elegir un obispo, así como por el otorgamiento de los temporalia tras el juramento feudal por parte del neoelecto. Por otro lado, con esta distinción, se reconocían los derechos de la Iglesia en el campo espiritual, aquellas leyes eclesiásticas que se habían desarrollado en la reforma gregoriana. De este modo no fue necesario redactar un Concordato para solucionar el problema de las investiduras en Francia.
La buena relación del rey con la curia romana se hizo presente cuando el papa Pascual II se encontró con el rey Felipe I y su hijo Ludovico VI (1107) en la Abadía de Saint Denis, ambas partes expresaron su satisfacción por el acuerdo y concluyen una alianza.
Por último nos referimos a algunas evoluciones que han repercutido en la marcha de la iglesia francesa. En principio constatamos el robustecimiento de la posición de algunos duques o condes, ya que el estado francés no estaba todavía centralizado y había muchas fuerzas regionales bastante presentes. Destaca la actividad del Duque Guillermo de Normandía (1035-1077), el cual en 1066 conquistó Inglaterra, pero permanece como duque de Normandía creando para los franceses una situación muy compleja. Otro personaje importante será el Conde Balduino V de Flandes (1035-1067) que para una parte de su territorio era vasallo del Emperador y, para la otra, lo era del rey francés, constituyendo la primera presencia de Bélgica o Países Bajos.
Otro punto importante será el nacimiento de un movimiento comunal, similar al italiano. En el norte de Francia los poderes dominadores y judiciales estaban, en general, en las manos de los obispos, los cuales eran señores de sus ciudades. Cuando los comunes llegan a ser más ricos a causa de su comercio, los burgueses intentaron una emancipación de los poderes feudales, surgiendo así enfrentamientos de los burgueses con sus obispos, llegando en algunos casos a echar al obispo de su ciudad. De este modo se concluyeron las conjuraciones (juramentos) para la defensa de sus propios intereses.
Conocemos, en este sentido, el caso de la ciudad de Laon (1111-1114) por el De vita sua, escrito por el abad Gibert de Nogent, aunque el asunto se soluciona en 1128. Los ciudadanos aprovecharon una ausencia del obispo para conseguir, del clero de la catedral y de los nobles, el permiso para formar una .communio., una asociación para defender sus propios derechos e intereses. Cuando vuelve el obispo acoge la situación con un gran enfado, pero una vez sobornado con dinero, consiente al final.
Los ciudadanos recibirán también el permiso del rey Ludovico VI. Al llegar el rey a Laon (1112) recibirá de los ciudadanos una suma de dinero para confirmar el permiso, y otra suma de dinero, del obispo, para que disolviese la communio; como quiera que la suma pagada por el obispo era más alta, el rey disuelve la asociación.
Como consecuencia todo ello se producirá una enorme excitación en la ciudad, fue asaltado el palacio episcopal y asesinado el obispo. Poco después el rey, junto con un ejército potente, entrará en la ciudad y destruirá el movimiento.
En 1128 la ciudad de Laon recibirá del rey un detallado Privilegio Comunal, que junto con el dado por el Conde de Flandes a la ciudad de St-Omer en 1127, serán de los más antiguos privilegios comunales conservados íntegramente. Serán un punto de partida hacia la constitución de las ciudades europeas, las cuales comienzan en Francia y se extenderán hacia Alemania e Italia.
Desde la segunda mitad del XI se perfila, sobre todo en el norte de Francia, una creciente consolidación del poder estatal sobre los principados feudales junto a una creciente estima de la dignidad real.
El obispo Guiberto de Noyan nos cuenta, que los reyes Capetos tenían el don milagroso de curar .scrofoli. (tumores linfáticos producidos por la tuberculosis), tocándolos con la mano. El historiador contemporáneo, March Bloch tratará también esta temática en su libro Los reyes taumaturgos (1924).
Otro ejemplo de la sacralidad de los reyes franceses se refiere al momento en que Ludovico VI hizo coronar y ungir rey a su hijo Ludovico VII, en Reims (1129), usándose para tal unción el óleo que, según la leyenda un ángel o una paloma habría traído del cielo al obispo Remigio de Reims en el momento del bautizo del rey merovingio Clodoveo (500). Este óleo se usó desde ese momento en todas las coronaciones francesas, contribuyendo a reforzar el carácter sagrado del soberano francés. Por el contrario, en el Imperio se producirá un proceso de desacralización del emperador, forzado, sobre todo, por la reforma gregoriana.
La Abadía de Saint Denis tendrá un papel importante en la mitologización de la figura del rey de Francia, donde se encontraban la mayor parte de las tumbas de los reyes franceses. El estandarte de San Dionisio asumió desde finales del XI una importancia nacional para Francia; en esta época se hará muy popular la Chanson du Roland, poema sobre la vida de Carlomagno, cuyo estandarte es designado como Orie Flambe (bandera en forma de llamas = Orieflamme). Los monjes de St. Denis difundieron la creencia de que el estandarte de S. Dionisio y la Orieflamme eran el mismo. De este modo, desde la 2ª ½ del XII, extendieron la creencia de que los reyes franceses eran los portadores de la bandera del soberano más grande y ejemplar, de Carlomagno, siendo así la continuidad de la dinastía carolingia contra el imperio.
Una fecha importante es el año 1066, cuando se produce la conquista de Inglaterra por parte de los normandos, con la muerte del rey Eduardo el Confesor sin dejar un heredero. Se presentaron tres candidatos al trono, entre los que se encontraba Guillermo de Normandía.
La batalla de Hasting, el 14.10.1066, en la que muere el soberano y el conde Arroldo de Wessex, pretendiente anglosajón al trono, decide el futuro. El vencedor normando, Guillermo de Normandia se hace coronar rey inglés el día de Navidad, en la iglesia de Westminster por el arzobispo de York. Guillermo el Conquistador había conducido una .guerra santa. contra los anglosajones, en cuanto que el papa Alejandro II le había enviado un estandarte de S. Pedro en señal de apoyo (se había presentado al papa como defensor de la reforma eclesiástica).
El hecho de que Guillermo no solicitase la coronación por parte del arzobispo de Canterbury, Stigand, era ya un signo del cambio de la política en Inglaterra, ya que no compartía las concesiones eclesiásticas de este arzobispo. De suyo, el rey introduce rápidamente la reforma en la iglesia inglesa contra la simonía y contra la acumulación de los cargos eclesiásticos. Está claro que esta iglesia necesitaba una transformación y renovación: decaimiento del monacato, relajación del celibato clerical e incluso algunos obispos que vivían en el concubinato.
El florecimiento de la vida monástica en Normandía tendrá su repercusión en la reforma inglesa, en conexión con monasterios importantes como Jumièges, St-Wandrille, Le Bec o Fécamp, todos ellos benedictinos.
La iglesia inglesa era muy rica, económicamente hablando. Lo podemos comprobar recurriendo al Domesday Book (Libro del día del Juicio), el catastro inglés más antiguo realizado por orden del rey Guillermo en 1068, en el que se comprueba que la iglesia poseía el 30 % de la propiedad de las tierras.
Guillermo comienza con la sustitución de los obispos, comenzando por Stigand y los obispos consagrados pos él, sustituyéndoles por normandos. El abad Lanfranco será el nuevo arzobispo de Canterbury, que fue obligado a respetar los derechos del soberano sobre la Iglesia. Guillermo nunca pensó en renunciar a los derechos del soberano anglosajón sobre la iglesia, ya que ésta, en Inglaterra era una iglesia privada; además introducirá la investidura con anillo y bastón pastoral. Las sedes episcopales son trasladadas del campo a las ciudades, lo cual provocará el nacimiento de nuevas diócesis. Con Guillermo todo el alto clero será normando, lo cual provocará una barrera lingüística entre el clero alto, que habla francés, y el bajo, de lengua anglosajona.
Desde el 1072 el rey reunirá sínodos de reforma, pero siempre luchará por su independencia en relación con el papa Gregorio VII, rechazando, incluso, realizarle un juramento de fidelidad como recompensa de la aportación papal a la conquista de Inglaterra. Llegó a prohibir los viajes de los obispos ingleses a Roma. Los legados pontificios sólo podrían entrar después haberle expuesto al rey el contenido de su delegación.
Con relación al monacato, Guillermo el Conquistador favoreció mucho al cluniacense, que ya en 1077 pudieron abrir una fundación importante en Lewes de un gran priorato fuera de Francia
A pesar del estricto dominio regio, la colaboración entre el rey y el arzobispo Lanfranco se desarrollará sin problemas. Las cosas cambiarán con la muerte de Guillermo (1087). El rey, antes de morir, había separado Normandía de Inglaterra. El nuevo rey inglés, Guillermo II Rufus, se mostró rápidamente como poco conciliador.
Tras la muerte de Lanfranco (1089), el rey deja vacante la sede de Canterbury para poder apoderarse de las rentas y así enriquecerse. En general comenzó con una política de explotación financiera de toda la iglesia inglesa. El rey precisaba mucho dinero para corromper a los barones de Normandía y ganárselos así para conseguir la unión de los dos países.
Para no tener problemas con el papado, el rey se declaró neutral en la polémica entre el papa Urbano II y el papa imperial, Clemente III. Sólo en 1093, cuando el rey enfermó gravemente y se sintió cercano a la muerte, consintió el nombramiento de un arzobispo para Canterbury, siendo elegido Anselmo de Aosta Abad de Le Bec.
Anselmo de Canterbury era el teólogo principal de su época, discípulo de Lanfranco, y muy conocido en Inglaterra por haber visitado regularmente las posesiones que su monasterio tenía allí. Cuando es elegido Arzobispo acepta hacer al rey el juramento de vasallaje. Rápidamente surgirán problemas entre ambos motivados por su carácter. Anselmo insistirá enérgicamente en la restitución de los bienes eclesiásticos que el rey había usurpado; en un primer momento el rey deberá ceder, pero sin olvidar su derrota en la lucha con el nuevo Arzobispo. Cuando Anselmo quiere ir a Roma para pedir el palio al papa Urbano II, l rey prohibirá este viaje. Anselmo presentará el problema ante una asamblea de obispos y barones del reino planteando si la obediencia debida al papa está por encima de la fidelidad hacia el rey, decidiendo la mayoría la preponderancia del poder real sobre el papal. Tras otras controversias, Anselmo irá a Roma en 1097 sin pedir el permiso del rey. Poco antes el rey había reconocido al papa Urbano II, ya que esperaba de él la deposición de Anselmo. Como reacción a este viaje el rey confisca todos los bienes de la iglesia de Canterbury y envía al exilio a Anselmo, el cual estaba muy desilusionado por la falta de apoyo papal.
Guillermo II Rufus morirá improvisamente en 1100 en un accidente de caza, posible homicidio. La relación regia con Anselmo cambiará con su sucesor Enrique I. Su primer gesto generoso será llamar a Anselmo del exilio. Anselmo se había hecho más intransigente y gregoriano, rechazando volver a hacer el juramento de fidelidad al rey y poniendo otras condiciones. Todo ello llevará a una nueva fase en el enfrentamiento entre el reino y la iglesia en Inglaterra, la lucha inglesa por las investiduras, que irá acompañada por una gran producción publicitaria con escritos polémicos y disputas diversas.
Se debe destacar aquí el Anónimo Normando, antes llamado Anónimo de York, escrito, probablemente en Normandía, en Rouen. Este escrito sostiene un concepto de .congregatio fidelium. comprendiendo tanto el estado como la iglesia, en contra de las ideas gregorianas; ve en el rey el poder central eclesiástico, siendo así el jefe de la Iglesia inglesa, y le atribuye una posición más alta con respecto al sacerdocio. Como consecuencia de todo ello, el rey tiene también el derecho de investidura, de convocar sínodos,...
Lo que Enrique I exige del Arzobispo de Canterbury no es nada nuevo, sino respetar las tradiciones antiguas con respecto a la antigua costumbre. Anselmo rechaza actuar así y, como consecuencia, el rey confisca los bienes del arzobispado y envía, por segunda vez, a Anselmo al exilio (1103-1106). El papa Pascual II amenaza a los adversarios de Anselmo, pero no les excomulga. Ni Roma ni Enrique I tenía interés en agravar las tensiones, así tras reiteradas relaciones se llegó a un compromiso llamado Concordato de Westminster de 1107. Podemos conocer este hecho en la Historia novorum in Anglia de Eadmer de Canterbury, cronista contemporáneo que era el confidente de S. Anselmo:
.El primer día de agosto se celebró en Londres una reunión de obispos, abades y nobles del reino en el palacio del rey, durante tres días consecutivos, en ausencia de Anselmo, se discutió entre el rey y los obispos sobre las investiduras de las iglesias, algunos mantenían que el rey hiciese las investiduras como su padre y su hermano (Roberto duque de Normandía) y no según el precepto y la obediencia del papa. El papa había permanecido firme en la sentencia, que después fue promulgada (se refiere a un concilio lateranense de 1102 de condenación de las investiduras), pero había concedido el homenaje (un rito que de suyo era de vasallaje, que para el que lo hacía suponía pasa a ser hombre del señor), mientras que el papa Urbano había prohibido tanto la investidura como el homenaje. Con esta concesión había hecho que el rey consistiera o se opusiera a las investiduras, como resulta de la carta que hemos citado más arriba (se refiere aquí a una carta de Pascual II a Anselmo de 1106). Después, en presencia de Anselmo, estando presente una gran multitud, el rey estableció que de ahora en adelante nunca más nadie sería investido con un obispado o una abadía por el rey o de otra autoridad laica en Inglaterra mediante la concesión del bastón pastoral o del anillo, Anselmo concede que si alguno es elegido en una prelatura y presta homenaje al rey será privado, por ello, de la consagración del episcopado. Tras este acuerdo, para casi todas las iglesias de Inglaterra que desde largo tiempo estaban sin pastor, con el consejo de Anselmo y de los nobles del reino, padres fueron instituidos por el rey sin ninguna investidura con el bastón pastoral o con el anillo. Al mismo tiempo fueron instituidos por el rey algunos para la dirección de algunas iglesias de Normandía, las cuales también estaban privadas de padre..
Enrique I renuncia así a la investidura con el anillo y el bastón pastoral, en el futuro los bienes temporales se conferirán con un documento, pero el rey no renuncia al rito del homenaje, cuyo significado no era muy preciso. ¿Este rito es de vasallaje o un simple juramento de fidelidad? Esto no se aclara. Anselmo no había conseguido todo lo que quería.
Las elecciones libres estarán garantizadas desde este momento, pero debían hacerse en la corte del rey o en presencia de un delegado del rey. El elegido debía prestar el rito de homenaje al rey antes de recibir la consagración episcopal. La regulación siguió la separación de los bienes temporales y espirituales, en el sentido de Ivo de Chartres, aunque se piensa que este pensador no tenga nada que ver en el tratado entre Pascual II y Enrique I. Este Concordato dejaba al rey un gran margen para influir ampliamente en las elecciones de los obispos, sin excluir nuevos conflictos. Aunque este Concordato pudo ser una concesión personal del papa a Enrique I lo cierto es que se transformó en la base para las elecciones episcopales durante mucho tiempo.
La elección de los candidatos durante el siglo XII estaba muy condicionada por los deseos del rey, siendo prácticamente él quien los elegía. Como ejemplo podemos citar la elección del diácono de Poitiers Ricardo de Ilchester en 1147 como obispo de Winchester.
A pesar de todo el papado se pudo apuntar el tanto de haber disminuido un poco el poder absoluto del monarca en la iglesia inglesa. Al morir Anselmo en 1109 la situación era tranquila, la reforma había alcanzado sobre todo a los monasterios, el número e monjes se había cuadruplicado entre 1066 y 1085. Incluso el rey podía estar contento, ya que la iglesia de Inglaterra dependía, como siempre, de la voluntad del monarca, y la libertas Eclesiae era un bonito ideal, pero no la realidad.
Convendría dar una repaso a la obra de S. Anselmo, pero eso queda al trabajo personal de cada uno.
Desde el siglo IX se habían introducido los vikingos, procedentes de Dinamarca, en Irlanda, en la costa meridional, fundando las primeras ciudades como Dublín. Con ellos se fundarán las primeras diócesis que serán territoriales a finales del XI. Poco después comenzarán las invasiones de los anglonormandos procedentes de Inglaterra.
Hasta el XII la iglesia irlandesa será sobre todo monástica, con una impronta monacal. Tenía una estructura personal, no territorial, así como una diversa estructura social. Cuando llegaron los ingleses, dado el desprecio que tenían a los irlandeses, les describían como paganos olvidando la venerable y larga tradición.
Para los ingleses lo que no conocían no era cristiano, lo que no se adaptaba a la estructura social de la Europa occidental no formaba parte de la Iglesia; será esta mentalidad la que agravará más tarde el problema de las cruzadas. Para ellos el modelo social desarrollado en los últimos siglos en Europa occidental se identificaba con el único modelo cristiano posible.
Uno de los que no entendían a los irlandeses era S. Bernardo, el cual llegará a decir de ellos que .no son hombres sino bestias, son cristianos sólo de nombre, aunque en realidad son paganos..
La historia medieval de la Península Ibérica se puede subdividir en dos períodos: a) Preponderancia musulmana hasta la mitad del XI, b) período de la Reconquista hasta el XIII.
a) El período de dominio islámico (711) se caracteriza por una preponderancia política y cultural de los árabes, aunque nunca consiguieron conquistar toda la Península. La España musulmana (Al-Andalús) era un estado independiente gobernado por el emir de Córdoba, que tras el 929 asumirá el título de califa. La unidad política del califato se romperá a causa de rivalidades internas. En el 1031 el último califa deja Córdoba comenzando un período de disturbios dentro del mundo musulmán español, formándose en las provincias pequeños reinos independientes llamados reinos de taifas, unos 30.
Estos reinos eran muy débiles para oponerse a los cristianos que desde el siglo IX intentaron expandir, de nuevo la esfera cristiana, a pesar del fraccionamiento de las fuerzas cristianas y de su rivalidad. Desde el siglo X podemos observar reagrupamientos estatales en España: el Reino de León (heredero del antiguo reino Astur-leonés), Castilla (antes perteneciente a León), Galicia (antes también perteneciente a León), la región en torno a Porto buscó también su independencia, en 1140 el conde de Porto asume el título de Rey de Portugal; Navarra, que con Sancho el Mayor (+1035) tiene un primer florecimiento y extensión, somete León, Castilla y el condado de Barcelona creando así un vasto reino que se descompone tras su muerte.
Podemos así hablar de 5 reinos cristianos: Navarra, Barcelona-Aragón, León-Castilla, Galicia y Portugal. Estos reinos no eran formaciones naturales o étnicas, sino puramente artificiales y dinásticas. Cuando en 1083 el rey Alfonso VI de León toma la ciudad de Toledo, los musulmanes pidieron ayuda a los almorávides (= los que viven juntos en una comunidad armada) del norte de Africa, los cuales batieron al rey leonés en 1096 e incorporaron la España musulmana a su reino del norte de Africa que se transformará así en una provincia suya.
Al final del siglo XI en Aragón se empieza a preparar un poco las cruzadas, ya que Sancho Ramírez, rey de Aragón, reclutó a millares de caballeros franceses contra los musulmanes, que tenían la finalidad de luchar contra los enemigos del cristianismo y adquirir tierras, realizando la llamada Expedición de Barbastro (1074). Con relación a esta expedición se discute, por parte de los estudios, sobre una eventual aprobación por parte del papa Alejandro II que habría concedido a los combatientes una indulgencia. Sancho y sus sucesores conquistaron así el reino musulmán de Zaragoza.
En el sur de Zaragoza un antiguo caballero del rey Alfonso VI de León y Castilla se creó un reino propio en Valencia, en medio de los musulmanes, Don Rodrigo de Vivar llamado el Cid (Mi Señor) Campeador (=combatiente victorioso, pero vasallo). Creado su principado defenderá Valencia de 1094 a 1099 contra los almorávides hasta su muerte en Valencia (+1099).
La iglesia española estaba dividida entre mozárabes y cristianos de observancia franco-romana en Cataluña. Los mozárabes, en las regiones cristianos del norte, tenían su centro espiritual en Santiago de Compostela donde, desde el siglo IX, se veneró la tumba del Apóstol Santiago el Mayor. Todavía Compostela no era sede episcopal perteneciendo a la diócesis de Iria, en el siglo XI se trasladará la sede de Iria a Compostela. El papa León IX ha excomulgado en el sínodo de Reims (1049) al obispo Gesconio de Compostela por llamarse Episcopus sedis apostolice. Será el papa Urbano II quien en 1095 aprobará el traslado de Iria a Compostela concediendo la exención de Compostela con respecto a la metropolitana de Braga
El rito visigótico-mozárabe de los cristianos españoles había suscitado ya las sospechas de la iglesia franca. Gregorio VII fue obligado a sustituir este rito antiguo por la liturgia romana. Había sospechas de herejía hacia este rito.
El papado reformado estaba insatisfecho con la organización diocesana de la Península, pero no hizo cambios radicales. En la práctica los cambios realizados supusieron que la sede primacial de Toledo se restaurará en 1088 pero con otra función. El nuevo arzobispo, Bernardo, que era un monje cluniacense, fue legado pontificio del papa con la finalidad de acercar la iglesia española a Roma. En el siglo XII comenzará propiamente la reconquista.
En general se habla para la edad media de dos Italias, cuyo dualismo se desarrolla tras la conquista normanda del reino de Sicilia y el norte toma otra tipo de organización basado en un sistema de ciudades independientes. En medio de todo ello se encontraba el papado reformado en Roma, el cual, por una parte reivindicó derechos feudales al sur y, de la otra pretendía determinar también la política de los comuni en el norte, en el sentido de una libertas italiae del poder imperial.
El Patrimunium Petri tenía intereses en las dos Italias que llegarán hasta el siglo XIX y serán un obstáculo para la unificación. Por ello podemos hablar de tres Italias. Debemos distinguir lo que es la Curia Romana, todo el aparato del papado reformado en continuo aumento; la ciudad de Roma, que en el siglo XII tiene aspiraciones hacia una independencia comunal como la de Italia septentrional, hacia una mayor autonomía, lo cual era siempre rechazada por los papas; el Estado Pontificio, el Ducado Romano: Lacio, Benevento y las reivindicaciones de Córcega y Cerdeña, y los títulos de derecho sobre los Bienes Matildianos, es decir las tierras de la Condesa Matilde de Canosa (+1115). Uno cosa eran las aspiraciones de los papas y otra la realidad, ya que frecuentemente ni siquiera eran señores de la ciudad de Roma, motivo éste de las repetidas ausencias papales de Roma en el siglo XII, ya que eran echados fuera por los romanos.
En Italia septentrional tenemos como características las organizaciones comunales. El común de los ciudadanos se afirmará en el horizonte europeo tras el año 1000, indicándose con este término formas de autogobierno de las ciudades que aparecían en Alemania, Inglaterra, sobre todo en Francia, en Flandes y en el norte de Italia. Nacieron como asociaciones privadas entre los ciudadanos o burgueses para afirmar sus reivindicaciones frente al señor de la ciudad, un príncipe laico, o más frecuentemente un obispo, o, incluso, el emperador o el rey.
Los comunes de Italia septentrional dependían teóricamente del emperador, ya que formaban parte del Regnum Italiae, uno de los que formaban el Imperio. El emperador, normalmente, estaba lejano o ausente, por lo que era más fácil a estos comunes organizarse con libertad. Esta voluntad de autonomía era sostenida y fomentada por el papado, ya que veía en los comunes de Lombardia un medio para debilitar la presencia del emperador en la Península. El enfrentamiento se resolverá con el triunfo de la Liga Lombarda que agrupaba la fuerza de numerosos centros urbanos de Italia septentrional con Federico I Barbaroja.
Con respecto a la vida de la iglesia en Italia septentrional podemos decir que hacia el 1100 es un período relativamente tranquilo, aunque sufrió las luchas entre los papas legítimos y los imperiales.
El monacato benedictino era muy floreciente. Nadie ponía en discusión la reforma, que desde León IX el papado se había apropiado, la llamada reforma gregoriana, sobre todo referida a la reforma del clero. Se produce un gran incremento en los estudios del Derecho Canónico. El Sínodo de Piacenza (1095), convocado por el papa Urbano II manifiesta este interés por el Derecho Canónico por medio de las intervenciones del Cardenal Deusdedit, gregoriano, que propuso una reordenación de los clérigos ordenados de forma simoníaca. Se decretó que las ordenaciones realizadas por simoníacos o cismáticos eran inválidas, pero al mismo tiempo se concedieron dispensas. El movimiento patarínico ya ha desaparecido en este momento. Los demás movimientos que descompondrán la iglesia italiana, como las órdenes mendicantes, todavía no han surgido.
Muy distintas serán las condiciones en Italia meridional. El dominio normando en el sur de Italia y Sicilia fue desde el comienzo crítico. El duque de Pulia y Calabria y el príncipe de Capua eran vasallos del papa; otro tercer personaje, el gran conde de Sicilia, era vasallo del duque de Pulia. La dinastía reinante en todo el mediodía italiano era la de los Hanteville o Altavilla, que originariamente eran pequeños nobles que venían de Normandía y que accedieron al dominio de Italia meridional gracias al duque de Apulia Roberto el Guiscardo (=el astuto).
En el acuerdo de Melfi (1059), el papa Nicolás II debía sancionar la victoria normanda, dándose a Roberto Guiscardo el título de vasallo del papa, que equivalía a una formal autorización y bendición papal para echar fuera los últimos residuos de los dominios bizantinos de Italia y a ocupar los principados independientes y atacar la Sicilia musulmana. El acuerdo de Melfi era una declarada hostilidad en las relaciones con el imperio bizantino, que perdía así las posesiones del mediodía italiano.
Para el papa este acto estaba justificado por el cisma de 1054 y por las antiguas reivindicaciones papales de Italia meridional. En poco menos de dos decenios el nuevo duque normando reduce el poder bizantino en esta zona de Italia, teniendo incluso otras ambiciones como la conquista del imperio bizantino. Desembarcó en Epiro y vence repetidamente al ejército bizantino, llegando incluso a amenazar la ciudad de Constantinopla (1082), aunque no llega a conquistarla.
Más difícil fue la empresa siciliana que ocupó de 1061-1091 ocupó al hermano de Roberto, Rugero I de Altavilla, que tomará el título de Gran Conde de Sicilia. A comienzos del XII reunifica los dos dominios normandos de Sicilia y Apulia y asume en 1130 el título de Rey de Sicilia situando la capital en Palermo. Su hijo Rugero II continuará con la consolidación del estado siciliano e intentará extender sus dominios al norte de Africa, lo que no llegó a realizar. También pensó unir todos los principados normandos bajo su propia autoridad. Provocará gran preocupación en diversos papas, como veremos más adelante.
Este reino normando de Sicilia tendrá gran importancia en el escenario europeo, ya que, sobre todo, constituía una potencia territorial y militar considerable en relación con la disgregación existente en Italia septentrional. Además experimentó, por primera vez en Europa, una organización de tipo centralizado, como ya habían hecho en Normandía y continuado en Inglaterra, organización eficiente pero siempre centralizada.
En Sicilia hicieron uso y heredaron las estructuras de la administración árabe y bizantina. De este modo los reyes normandos pudieron apoyar su poder sobre un fuerte y eficiente aparato burocrático que le permitía detener los deseos de autonomía de los diversos barones normandos, que no querían, sin más, someterse a los Altavilla.
No obstante había algunas sombras en la organización normanda, como las condiciones de servidumbre de la clase social campesina, las posibilidades de movilidad social se redujeron a cero, con una neta división de las clases sociales; la autonomía local de las ciudades fue totalmente eliminada, de modo que las ciudades tuvieron un papel marginal, con la única excepción de Palermo, la capital, que a comienzos del XII era la ciudad más fastuosa de Europa, siempre un punto clave en el encuentro de la civilización cristiana con el mundo árabe y bizantino.
En cuanto a la situación eclesiástica, del reino normando, podemos decir que los normandos con relación a la Iglesia encontraron una situación religiosa substancialmente confusa y compleja, ya que numerosos territorios habían estado controlados por Bizancio y el Patriarca de Constantinopla, mientras que Sicilia desde hacía tres siglos estaba bajo el Islam.
En este contexto asume un papel significativo el juramento de Melfi (1059) por lo que se refiere a la política eclesiástica de los normandos. En este tratado Roberto el Guiscardo se comprometía a someter a todas las iglesias a la potestad del papa y protegerlas en fidelidad hacia la iglesia de Roma (P.F. Kehr, Italia Pontificia, vii, nº 14, p. 11), siendo un tratado general. Los normandos intervienen sensiblemente sobre la estructura organizatiba eclesiástica, que contaba con un millar de sedes episcopales y una escasa consistencia de fundaciones monásticas, salvo algunas grandes abadías formadas a lo largo de varios siglos (Montecasino, ...). La estructura diocesana antigua se había perdido ya en la conquista longobarda.
A finales del siglo X los papa comenzaron con una reestructuración de las provincias eclesiásticas en el sur de Italia y de las antiguas sedes episcopales. Bajo el dominio normando se crearán nuevas diócesis y provincias eclesiásticas latinas. El resultado de esta obra conjunta del papado y los normandos será una multiplicación excesiva de las diócesis en el sur de Italia. En todo el reino normando existían unas 120 diócesis siendo el porcentaje más alto de toda Europa.
En las regiones con rito griego Roma intentó sustituir los obispos griegos por latinos, pero dejando al bajo clero griego en su puesto. Los normandos estaban totalmente de acuerdo con la política de latinización, pero también debían respetar las tradiciones locales, no pudiendo latinizarlo todo. Algunos obispos seguirán siendo griegos.
Con relación a Sicilia se trataba sobre todo de recristianizar la isla. Las diócesis restauradas por los normandos tras la conquista de la isla eran de rito latino.
En cuanto a los monasterios los normandos favorecieron sobre todo el nuevo monacato reformado del tipo cluniacense. Es de destacar en el XII la ausencia de cistercienses en el mediodía italiano, con poquísimas excepciones, que se puede deber al rechazo por parte de S. Bernardo del rey Rugero II, por su apoyo al antipapa Anacleto II, mientras Bernardo de Claraval lo hacía con Inocencio II.
Continuaba existiendo en el sur el monacato griego que se había desarrollado desde el siglo X. No obstante muchos conventos griegos fueron sometidos por los normandos al control de abadías latinas. A pesar de todo no se acabó con la fundación de nuevos monasterios griegos, sobre todo en Sicilia, que fue una maniobra de los normandos por abrir un contrapeso contra el Islam y así no favorecer únicamente a los latinos y evitar tensiones con la población cristiana indígena.
Hablamos de Imperio que no se identifica con Alemania, ni con la Iglesia Alemana, sino que es una realidad más amplia que comprendía tres reinos : Reino Teutónico (Alemania, Bélgica, Países Bajos, Suiza y Austria), Reino de Italia (norte y centro de Italia hasta el Benevento) y Borgoña.
El gran problema para el Imperio, que todavía no ha resuelto en este momento, y para la Iglesia Imperial era la lucha de las investiduras. Una consecuencia de este problema era un cisma papal que existía desde los tiempos de Gregorio VII, un papa imperial elegido por los obispos tras la propuesta del emperador Enrique IV, desde 1080, que era el arzobispo Guiberto de Ravenna que tomó el nombre de Clemente III. Hasta 1090 tendrá mucha acogida en toda Europa.
Gregorio VII había muerto en 1085, un año después eligieron los cardenales a su sucesor, pero no entre los candidatos propuestos por Gregorio en el lecho de muerte. Sale elegido el abad Desiderio de Montecasino que tomará el nombre de Víctor III. Esta elección fue un mensaje hacia el emperador para que comprendiese que los cardenales no querían aumentar la tensión, más aun, querían una distensión. Lástima que este papa murió en 1087.
La elección del sucesor se produce en 1088 en Terracina, siendo el candidato elegido Odón de Ostia que venía de una familia de caballeros franceses de Champagne. Entre 1067-1070 había entrado en la Abadía de Cluny llegando a la dignidad de prior. En 1078 fue constituido Cardenal de Ostia por Gregorio VII. Como papa tomará el nombre de Urbano II (1088-1099), nombre tomado del santo del día de la muerte de Gregorio VII (+25.V.1085).
Urbano II había sido uno de los más fieles seguidores de Gregorio VII. En un escrito que dirigió a los obispos alemanes fieles a S. Pedro les comunicó su intención de seguir las pautas de Gregorio VII: .Rechazo lo que él ha rechazado ; lo que él ha condenado, lo condeno ; y hago mío lo que él ha amado ; confirmo y apruebo lo que él ha estimado justo y católico ; e, incluso, pienso como él ha pensado, estoy en todo de acuerdo con él.. Lo cierto es que en su actividad se mostró mucho más flexible que Gregorio VII, incluso mucho más conciliador para encontrar un compromiso, sabiendo adaptarse a circunstancias cambiantes.
Cuando fue elegido la situación para él era muy delicada. En el tardío otoño de 1088 fue a Roma y fue confinado en la Isla Tiberina donde se mantuvo gracias a las limosnas de los romanos, ya que todo Roma estaba en poder del antipapa Clemente III. En este momento el antipapa convocó un gran sínodo con decisiones contra la simonía y el nicoalismo, ya que los papas imperiales no estaban contra la reforma sino contra una tensión con el emperador, queriendo colaborar con Enrique IV.
El emperador Enrique IV realizará una marcha militar en Italia en 1090 para hacer reconocer definitivamente a Clemente III que era el papa imperial. Otro motivo para esta marcha fue el querer llevar a cabo una acción contra Matilde de Canosa, la más fiel seguidora de Gregorio VII y que seguía todas las directivas de Urbano II. Se producirá un asunto extraño, ya que a sugerencia del papa la viuda Matilde, de 43 años, se casará en 1089 con un joven de 18 años llamado Güelfo V, hijo del Duque de Baviera. El matrimonio se llevó a cabo por motivos políticos, pareciéndole muy peligroso a Enrique IV, ya que facilitaba la unión de sus adversarios en Italia y en la alta Alemania. Esta alianza fue el motivo del apoyo de Urbano II.
La campaña militar de Enrique IV no tuvo mucho éxito debiendo retirarse hacia el Po. Peor que la derrota fue que el hijo Corrado, que heredó el trono, al que había encargado su representación en Italia, bajo el influjo de la condesa se separó del propio padre renegándolo. Será coronado como rey de Italia por el arzobispo de Milán. En abril de 1095 entrará en Cremona con Urbano II y presta al papa el famoso Officium fratoris, (el deber de llevar al papa en un cierto tramo en el caballo blanco del papa?).
Cuando se rompe el matrimonio de Matilde con el joven Güelfo en 1095 Enrique IV ya puede respirar tranquilo. Corrado no encuentra acogida en Alemania, por lo que su padre le retira el derecho de sucesión en una dieta celebrada en Maguncia, siendo designado como sucesor su hermano Enrique V (1098).
La posición de Urbano II mejoró. Desde 1093 su residencia estaba en Roma, mientras que Clemente III había abandonado la ciudad en 1092. A partir de ahora podemos evidenciar dos aspectos de la actividad de Urbano II: a) reconocimiento del primado pontificio; b) promoción del nuevo movimiento religioso, no sólo del monacato en un sentido estricto, sino también de vida como canónigos regulares.
La iniciativa papal de 1095 sobre la primera cruzada, forma parte de su objetivo de dar a conocer en toda Europa y en toda la cristiandad el primado pontificio. Por otro lado el papa era bastante flexible en el reconocimiento de la ayuda del conde Rugero I de Sicilia, concediéndole en 1094 un privilegio sensacional, en el cual se afirmaba que sin la voluntad del monarca ningún enviado papal será enviado en Sicilia, lo cual suponía un reconocimiento de la autonomía de la iglesia de Sicilia. La consecuencia de este privilegio, llamado Monarchia sicula, cuya vigencia llegó hasta 1864.
Mientras que el papa pudo extender su influencia en Italia y España, que se ve sobre todo en el Sínodo de Clermont (1087), incluso en Inglaterra y Francia, no consiguió atraer a los partidarios de Clemente III de Alemania, siendo este pontificado el punto más bajo de la influencia del partido gregoriano en Alemania. Por otro lado la caída de Clemente III era imparable.
Urbano II el 27 de noviembre de 1095 proclamó en Clermont la primera cruzada, decisión que revolucionó la historia medieval no sólo eclesiástica sino civil. El papa morirá en 1099 y su adversario Clemente III en 1100.
Tras la muerte de los dos contrincantes se presentaba la posibilidad de tratar con el sucesor de Urbano, Pascual II (1099-1118), pero no era un diálogo fácil. El emperador mantenía como derecho propio la investidura de los obispos, sin querer ceder.
En el sínodo de Cuaresma de 1102 Pascual II renovó la condena de las investiduras y la excomunión del emperador y su séquito. A causa de ello el emperador, en una carta al abad Hugo de Cluny, declaraba querer reparar el daño que había hecho a la Iglesia y encontrar una solución, añadiendo que tras la restauración de la concordia partiría hacia Jerusalén. En 1103 anunciará abiertamente su decisión, declarándose una paz por cuatro años.
Se producirá una rebelión del segundo hijo del emperador, Enrique V, contra el propio padre, lo cual provocará un cambio total de la situación. Enrique V capturará a su padre y le obligará a abdicar. Delante de una asamblea de príncipes el 31 de diciembre de 1105, el rey declarará su propia dimisión. Poco después Enrique V es coronado en presencia de dos legados pontificios. Enrique IV morirá en Lieja (Bélgica), donde se había refugiado tras escapar de la prisión en que le había encerrado su hijo, el 7 de agosto de 1106. Poco antes de morir manifestó el deseo de ser enterrado en la catedral de Speyer (Renania), pero el hijo no lo permitió por haber muerto excomulgado. Será en 1111 cuando el papa Pascual II concederá al emperador difunto una sepultura cristiana.
El siglo XIX verá en Enrique IV a un monarca laico que luchó contra las pretensiones de la Iglesia; hoy se subraya su profunda religiosidad avalada por las ricas donaciones hechas a la Colegiata de Speyer. Enrique pensaba que estaba defendiendo la antigua concepción sagrada del rey, mientras que las concesiones que fue haciendo condujeron a una desacralización de la dignidad real en toda Europa.
La relación del emperador con el papado será tensa al comienzo, ya que Enrique V continuaba distribuyendo investiduras con anillo y bastón pastoral, pero sin ningún tipo de simonía. Mientras que el papa, conforme a los cánones, había procedido repetidamente contra los obispos alemanes que habían obtenido la investidura de parte del rey, no había realizado ningún procedimiento contra el propio rey. El arzobispo Anselmo de Canterbury manifestó al papa su sorpresa al respecto afirmando que .si se toleraba en Alemania el derecho de investidura, también su rey, el rey inglés, lo pretendería de nuevo.. El papa Pascual II le explicará que .no había tolerado ni lo quería tolerar en el futuro ninguna investidura., añadiendo que .si el rey perseveraba por el mal camino de su padre, sería dañado por la espada de S. Pedro que ya había empezado a desenvainar.. Son palabras fuertes, pero no sólo palabras, ya que no hará nada contra Enrique V.
Una clarificación de la situación no se producirá, ni siquiera cuando Enrique, a finales de 1109, envió una embajada a Roma para hacer preparativos de un posible viaje suyo para la coronación. Era inevitable una clarificación por parte del papa. De suyo la distinción entre el campo espiritual y temporal de los obispos estaba ya realizada como posibilidad de compromiso, con antecedentes en Ivo de Chartres (1097), en el publicista anti Clemente III, el obispo Guido de Ferrara, el cual en 1096 había limitado la investidura a los bienes temporales hablando, en este contexto de los regalia en su escrito De cismatae Ildebrandi (MGH LL 1, 564ss). De parte imperial debemos citar al publiciusta benedictino Giberto de Gembloux que en una pericia de 1109, De investidura episcoporum, escrito que tuvo su influencia en las discusiones entre Enrique y la Curia Romana.
No estaba aún resuelto todo cuando Enrique, en agosto de 1110, comienza su expedición a Roma para la coronación imperial. Frente a la potencia imperial con su ejército, al papa Pascual sólo le queda o mantenerse inflexible con respecto a las investiduras, con el peligro de nuevas luchas, incluso de un nuevo cisma, o hacer al rey propuestas que le ofreciesen la posibilidad de renunciar a su derecho de investidura. El papa se decide por hacer propuestas concretas al rey.
Cuando en las negociaciones para la coronación imperial los embajadores imperiales rechazaron la propuesta de renuncia a las investiduras, Pascual hace una propuesta inesperada afirmando que en el momento en que el rey renunciase a las investiduras le serían restituidos, por parte de la Iglesia, todos los derechos soberanos y todos los bienes del imperio devueltos por él a la Iglesia y por sus predecesores; la Iglesia se quedaría tan sólo con los ingresos provenientes de las décimas y de las donaciones voluntarias de los fieles, además de otras posesiones que estaban libres del feudo imperial.
Fue una propuesta radical y revolucionaria, que fue fijada en un tratado en el que se definió el término regalía: ciudades, ducados, marquesados, condados, derecho de acuñar moneda, derechos de aduana, mercados, abogacías imperiales, jurisdicción menor, servicio militar, castillos,...
Para el papa significó la liquidación del sistema otoniano del imperio sálico de la Iglesia, la unión entre iglesia imperial e imperio. Para el rey supuso un aumento de poder inmediato en la relación con los príncipes y su política territorial.
Los tratados fueron concluidos el 4.II.1111 en la iglesia de Santa María in Turri, situada delante de la Iglesia de San Pedro. El 9.II.1111 Enrique V sancionó el tratado en Sutri con un solemne juramento. El 12 de febrero se fijó la coronación en San Pedro, durante la cual se leyeron los dos documentos del tratado, produciéndose, por parte de los príncipes eclesiásticos y seculares presentes en la Basílica, una protesta enorme que impidió su realización. Los obispos protestaron mucho por no querer perder su posición de príncipes del imperio; también los príncipes laicos se sintieron amenazados por la pérdida de sus feudos eclesiásticos, ya que eran en parte vasallos de los obispos, temiendo, en general, el aumento del poder del emperador. Los propios interesados, sobre todo los obispos, no habían sido informados antes.
El acuerdo era fallido y por ello el emperador hace prisionero al papa. Todo Roma se levantó en un gran tumulto, tras violentos combates el emperador debe dejar Roma perfilándose la amenaza de un nuevo cisma. Tras dos meses de prisión, el papa, sin esperanza de encontrar ayuda en los normandos, se somete a las exigencias de Enrique V. Se discute entre los historiadores si todo esto no fue un montaje de Enrique V, pero no hay fuentes sobre el particular.
Se realizará más tarde el Tratado de Ponte Marmolo, cerca de Tivoli, el 11.IV.1111, con el cual el papa consentía al rey el derecho de investidura con anillo y bastón pastoral, antes de su consagración, pero siendo elegidos sin simonía; los que no fueran investidos por el rey no podían obtener la consagración. Pascual promete expresamente no molestar nunca más al rey por las investiduras, ni de excomulgarlo en ningún caso. 16 cardenales convalidarán con su juramento el tratado y promesa papal.
Enrique V accedió entonces a la liberación del papa y de los demás presos, asegurando el reconocimiento del pontífice y de la protección de las posesiones de la iglesia romana. De este modo el 13.IV se producirá la coronación de Enrique V de manos del papa Pascual II. Enrique podía, por tanto, considerarse vencedor y creer tener asegurado el derecho de investidura sin ninguna limitación, como lo había tenido antes su padre, Enrique IV. Por tanto fue una completa capitulación del papa en este asunto.
Lo cierto es que era sólo una aparente victoria. El privilegio conferido por el papa fue rápidamente contrarrestado en Italia y Francia y la posición del papa se hace muy penosa. El sínodo lateranense de marzo de 1112 habló abiertamente de un pravilegium y lo rechazó como conseguido por la fuerza. El papa había prometido no excomulgar nunca más al rey, queriendo cumplirlo. En septiembre de 1112 en un sínodo de Vienne (Francia), bajo la presidencia del Arzobispo Guido excomulgó al emperador y el papa calla, no contradice. Esta decisión no afecta al rey que continuará con la práctica de las investiduras con anillo y bastón pastoral.
El emperador, a pesar de los grandes problemas que tenía con los príncipes, en marzo de 1116 llegará a Italia. Esta visita no perseguía un acuerdo con el papa, sino un asunto financiero, ya que en 1115 había muerto la condesa Matilde y él podía disponer de los bienes que había recibido de ella, y sobre todo disponer de las ricas y extensísimas propiedades de la condesa en base a una estipulación redactada en 1111 entre él y la condesa, en la que donaba todo al emperador. Afortunadamente la condesa había prometido todos sus bienes en 1080 y en 1102 a San Pedro. A partir de aquí surgirá toda una disputa sobre quién es el auténtico heredero de la condesa, el emperador o el papa. En esta lucha judicial estará en el bando del emperador el célebre jurista de Bolonia Irnerio, siendo la primera vez que se produce una relación entre un conocedor del Derecho Romano y el Imperio.
Durante la estancia de Enrique en Italia muere el papa Pascual II (+21.I.1118). Instigado por sus partidarios y aconsejado por Irnerio, Enrique cometerá una equivocación nombrando un antipapa para obtener la confirmación de su derecho de investidura, prestándose para ello el arzobispo Mauricio de Braga con el nombre de Gregorio VIII. La posición de Gregorio será muy débil desde el comienzo, no pudiéndose afirmar contra su legítimo rival, el papa Gelasio II, siendo burlado en Roma como .asno. (burginus).
Gelasio II tiene que huir a Francia y muere en Cluny (+enero.1119). En Cluny será elegido su sucesor, el arzobispo Guido de Vienne, un gregoriano intransigente de los más radicales, tomando el nombre de Calixto II. Provenía de la alta nobleza europea, emparentado con el rey de Francia e Inglaterra y con el emperador, siendo el primer canónigo regular en legar a papa.
A pesar de sus antecedentes gregorianos, Calixto se mostró pronto favorable a tratar con el emperador, cosa que se podía permitir. El camino hacia el acuerdo no era fácil. El primer paso lo dará la parte imperial en junio de 1119; una dieta de los príncipes del imperio de Maguncia, pide con energía un acuerdo entre el emperador y el papa Calixto II, reconocido como legítimo.
En septiembre comenzaron nuevos tratados con Francia como intermediaria, destacando la labor del abad de Cluny, en los cuales se propone al emperador una renuncia a las investiduras a cambio de que las iglesias imperiales deberían prestar como siempre el servitium regis. La estipulación del contrato estaba previsto en Mouzon en octubre de 1119 en un encuentro personal entre el papa y el emperador; de suyo ambos se encaminaron hacia el lugar. El papa interrumpió un sínodo en Reims. En el último momento la parte papal tiene sus dudas temiendo que Enrique pudiese interpretar este acuerdo en el sentido de las propuestas de 1111. Se cree que el papa quisiera obtener del emperador también una renuncia al rito de las investiduras, lo que el emperador rechazó sin consultar a sus príncipes. Las cosas no estaban aún maduras y el encuentro de Mouzon no tiene lugar.
El papa vuelve a Reims y el sínodo repite la excomunión del emperador y del antipapa burginus. A pesar de todo Mouzon no era un fallo total, los contratos preparados sirvieron a la formulación del acuerdo final de paz del Concordato de Worms de 1122.
En 1120 Calixto II puede entrar en Roma desde donde se trasladará a Italia Meridional donde recibe el juramento de vasallaje de los normandos, del duque Guillermo II de Puglia, del príncipe Giordano de Capua y de los barones y capitanes normandos de aquella zona. Pude rescatar de las manos de los partidarios del antipapa la Basílica de San Pedro. Las peticiones de ayuda por parte del burginus a Enrique V no son escuchadas. En 1121 el antipapa, que se había retirado en Sutri, tiene que rendirse a Calixto II, siendo conducido a Roma desde donde es retirado a la abadía de Cava donde fue hecho prisionero bajo estricta vigilancia. Era el fin del cisma.
En septiembre de 1121 una asamblea de paz convocada en Alemania reunió a los príncipes como representantes del reino teutónico, los cuales obligaron a Enrique a realizar un contrato oficial con Calixto II. De suyo el papa estaba dispuesto a un acuerdo enviando a Alemania a 3 cardenales: Lamberto de Ostia, Saxo de San Esteban Rotondo y Gregorio del Santo Angel. Las discusiones comenzaron en Worms el 8.IX.1122 hasta el 23.IX con la promulgación del compromiso alcanzado llamado el Concordato de Worms, que consta de dos documentos: una imperial (Enriciano) y otro pontificio (Calixtino).( el Enriciano se encuentra en el ASV en original). Ambos documentos no son idénticos (se pueden consultar en gato).
El Pactum Enrici va dirigido, tras una mención al papa Calixto II, a Dios, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y a la Iglesia en general. El rey declara que renuncia a las investiduras con anillo y bastón pastoral, concediendo elección canónica y consagración libre. Estaba firmado por un número considerable de grandes eclesiásticos y seculares ; estas firmas son importantes ya que nos hablan de que no sólo el emperador representa al imperio sino que lo hace juntamente con los príncipes, siendo así un Concordato también de los príncipes. Es importante comprobar como faltan las firmas de los príncipes de Sajonia, uno de los ducados más importantes del imperio, ya que ningún obispo o príncipe de esta zona estaba presente en Worms.
En el documento Calixtino observamos lo siguiente:
· Se menciona sólo como destinatario a Enrique V, no se habla ni del imperio, ni de los sucesores de Enrique V.
· El papa concede para las iglesias del reino Teutónico la elección en presencia del emperador, sin simonía ni violencia.
· En el caso de una doble elección el rey debía dar su consentimiento a la pars sanio, que era decidida por el metropolitano y los sufragáneos.
· El problema de las regalías se resolvió de dos formas: en Alemania se hacía antes de la consagración, en Borgoña y en Italia dentro de los 6 meses tras la consagración; en ambos casos la investidura no se hará con el anillo y el bastón pastoral, sino con el cetro, y todos los obispos estaban obligados a realizar un homenaje de vasallaje hacia el rey.
El Concordato de Worms puede ser valorado de esta manera:
· Significa el fin formal del sistema otoniano-sálico de la iglesia imperial, el cual se basaba en la dignidad sagrada del rey y del emperador ungido, que había sido atacado con fuerza por Gregorio VII.
· La distinción entre bienes temporales y espirituales se sanciona definitivamente.
· El Concordato de Worms no fue una victoria de los gregorianos, su ideal iba mucho más allá soñando con una completa libertas Eclesiae del poder laico. Muchos gregorianos no vieron en el Concordado la paz definitiva tras la larga lucha, sino sólo una tregua. El hecho de que el Calixtino tenía sólo como destinatario a Enrique V, no a sus sucesores, parecía confirmar esta teoría, pareciéndose al del Concordato de Westminster de 1107, que tampoco agradaba a todos los gregorianos.
· El Concordato equiparaba los prelados a los príncipes seculares, de modo que prelados y grandes abades pudieron participar en el proceso que se estaba desarrollando de formar principados territoriales, que será una característica de la constitución de Alemania hasta la gran secularización del 1803.
· En Alemania la influencia del rey o del emperador sobre las elecciones canónicas permanece intacto; en Borgoña e Italia, por el contrario, el emperador tenía menos posibilidades de influir en las elecciones de los obispos. El conflicto de Gregorio VII y Enrique IV había comenzado en Italia a causa de las pretensiones del emperador sobre las iglesias imperiales en el reino de Italia. Ahora el Concordato de Worms manifestaba que el imperio había perdido esta lucha, al menos en Italia.
· A pesar de su carácter provisional el Concordato de Worms ha permanecido en vigor durante siglos. Es cierto que papas y emperadores han intentado cambiarlo en beneficio propio a lo largo de los siglos, pero al final han tenido que volver la texto original. No fue una tregua son una paz.
En una Dieta de Wamberga celebrada en noviembre de 1122 ha ratificado el tratado por la parte imperial. Por parte de la Iglesia se realizará en 1123 en el I Concilio Lateranense, que supuso la conclusión de las luchas reformadoras de la época gregoriana. A los ojos de los gregorianos el Concordato era una traición, insuficiente totalmente. Podemos comprobarlo en la obra de Gerhoh di Reichersberg.
Común a todos aquellos países es el nexo entre cristianización y formación de la propia nación, del propio estado. En estos países regía el principio de la misión desde arriba que comenzó en el siglo X.
El único estado con una tradición cristiana más antigua es Bohemia. Sus tribus fueron convertidas al cristianismo en el siglo IX, simultáneamente a un proceso de centralización del poder político en la familia de los Premislidi que tenían su centro en Praga. Tras la caída del reino Moravo, a finales del siglo IX, para la formación de una mentalidad bohemia será decisivo el martirio del duque Wenceslao (+929-935), que pertenecía a la familia de los Premislidi. El culto de Wenceslao ya está testificado en el siglo X, llegando en el XI ha ser el símbolo de la identidad de la nobleza y del clero bohemio juntamente con el monarca. La organización eclesiástica de Bohemia comienza en el siglo X con la erección de la diócesis de Praga. En la práctica Bohemia era en gran medida dependiente del imperio.
En Hungría la estirpe de los Artariu intentó, tras aceptar el cristianismo latino, una base sagrada para su dominio encontrándola en el primer santo rey Esteban (+1038). Bajo la iniciativa del rey Ladislao I, Esteban fue canonizado (1083), junto a su hijo y sucesor Emerico y el obispo misionero Gerardo de Csanád. Como otros reyes de las primeras generaciones cristianas de estos países (Vladimir de Kiev, Olaf de Noruega, Canuto de Dinamarca) también San Esteban se transforma en el patrono y protector de su nación. Esteban había organizado la iglesia húngara como sede metropolitana independiente del imperio. Colonos alemanes traídos por Esteban hicieron más fuerte la influencia cristiana en Hungría. La potencia del paganismo fue totalmente destruida por el rey Vela I (1061-1073), aunque el paganismo permaneció por largo tiempo en los usos del pueblo. El papa Gregorio VII hizo valer el derecho de vasallaje de la Sede Apostólica sobre Hungría.
También para Polonia la cristianización fue más bien un proceso de algunas generaciones. Es cierto que el bautismo del duque Niesco I (976) es una fecha importante, aunque sólo constituye el comienzo de la cristianización. En el 1000 se dará una organización metropolitana con Gniezno como sede arzobispal. Pero la crisis de la dinastía en los años 30 del siglo XI destruyó incluso a la Iglesia, dándose un avance del paganismo. Bajo el rey Vladimir I con la ayuda de loa alemanes vendrá retomado el cristianismo tras el 1040, llevándose también a cabo la organización eclesiástica. Con Boleslao III (1102-1138) había 8 diócesis bajo el arzobispo de Gniezno y algunas abadías. Hasta comienzos del siglo XV la iglesia polaca estará íntimamente unida a la dinastía de los Piasta.
Con respecto a los Países Escandinavos comenzamos con Dinamarca, primer país eslavo cristiano. La misión cristiana en Dinamarca empezará con los carolingios y el emperador Ludovico el Pío, hijo de Carlomagno. Debemos mencionar sobre todo a S. Adgario (+865), .Apóstol del norte.. Lo cierto es que la cristianización sólo se consigue en el siglo X teniendo buena parte el arzobispado de Amburgo-Bremen, centro de la cristianización de Dinamarca. El rey Canuto el grande (+1035), al mismo tiempo rey en Inglaterra y Noruega, un reino bautismo, favoreció con todos los medios a la Iglesia siendo ayudado en este proceso por misioneros anglosajones. El potente arzobispo Adalberto de Amburgo-Bremen (1043-1072) intentó transformar su territorio en un patriarcado del norte; a causa de la oposición de Roma sólo lo consigue parcialmente debiendo confirmarse con la dignidad de legado y vicario papal. En 1104 Lumut es erigida en sede metropolitana para Dinamarca, Suecia, Islandia y Groenlandia, separándose así de Amburgo-Bremen.
En Suecia S. Adgario había predicado sin muchos resultados, no dándose resultados positivos hasta el siglo XI. El centro del cristianismo se sitúa en el sur del país en Gotteland (el país de los godos). Podemos constatar influjos anglosajones, pero sobre todo alemanes, provenientes de Amburgo-Bremen. Hacia el 1120 el reino de Suecia tenía 6 obispados. En 1164 la diócesis de Upsala se transforma en sede metropolitana para toda Suecia.
Más intensa fue la cristianización de Noruega. Al final del IX el rey Olaf (1014-1030), llamado después .el Santo. puso la base para una cultura cristiana en Noruega, sobre todo con ayuda de misioneros anglosajones, llegó incluso a declarar al cristianismo como la única religión legítima en Noruega, recurriendo incluso a medios violentos contra los paganos. También comenzó la organización eclesiástica. Al morir Olaf en una batalla contra los jefes rebeldes y Dinamarca (1030), el pueblo noruego lo veneró pronto como un santo nacional.
En el XI tenía 5 y más tarde 6 diócesis sin una sede episcopal, al ser una país de campesinos; al comienzo todas las diócesis dependían de Amburgo-Bremen, tras el 1104 dependerán de Lumut. Económicamente era una iglesia que dependía masivamente del rey. En 1152 se erigirá una propia provincia eclesiástica con sede metropolitana en Trondheim. También en Noruega el cristianismo fue durante mucho tiempo muy superficial, sólo un barniz sobre una realidad pagana a veces cruel, con venganzas de sangre y estrangulamientos. La ley del celibato eclesiástico se fue introduciendo lentamente después del siglo XIII.