HISTORIA DE LA IGLESIA
1.- De
finales del siglo II a comienzos del III
la Iglesia pasa
definitivamente a ser la Iglesia universal.
A pesar de diversas
persecuciones, de conmociones políticas
i religiosas internas
la Iglesia afianza su organización
interna, las formas de
culto, la vida diaria de sus fieles i la
perspectiva teológica.
Esta situación le permitirá
afrontar sin miedo los
retos que se le presentaran después
del edicto de Milán.
2.- Hasta
comienzos del siglo IV prospera la penetración
misionera de la
Iglesia a lo largo i ancho del Imperio. El
aumento notable de
cristianos en las antiguas comunidades o
el nacimiento de nuevas
comunidades fortalecerá a la Iglesia
ante cualquier ataque.
3.- La
Iglesia se organiza en base a grandes agrupaciones
eclesiásticas
entorno a importantes sedes como Antioquía
en Siria,
Alejandría en África del norte
i Roma con el restante
occidente latino. Los obispos Calixto, Esteban
y Dionisio fraguarán
paulatinamente la pretensión de su
iglesia de Roma de gobernar
la Iglesia universal.
4.- La Iglesia intenta ofrecer a sus fieles a través de la liturgia y la vida comunitaria una vida cristiana intensa i coherente:
El catecumenado muestra el interés de los pastores por introducir adecuadamente a los fieles en el mundo sacramental cristiano.
La diferenciación de los grados inferiores del orden delata la adaptación del clero a las exigencias concretas de la cura de almas.
Fruto del gran número de apóstatas o "lapsos " que deja la persecución de Decio la Iglesia reflexiona sobre ella misma i ordena la práctica penitencial.
La aparición de ascetas, solitarios o anacoretas manifiesta el deseo de vivir seriamente la vida cristiana i prepara el floreciente monacato del siglo IV.
Las diversas constituciones eclesiásticas aseguran las formas litúrgicas en la vida comunitaria, i se desarrollaran además, por lo menos en sus comienzos, las liturgias particulares, que caracterizan a las grandes agrupaciones eclesiásticas.
El arte cristiano empieza a desplegarse indicando la creciente seguridad de la sensibilidad cristiana.
La escuela teológica de Alejandría, con Orígenes a la cabeza, representa el encuentro con el platonismo medio.
Alejandrinos i antioquenos con sus comentarios hacen de la Biblia la pieza clave el trabajo teológico.
La cuestión trinitaria ocupa el centro de la discusión teológica. Se rechaza el monarquismo i se apunta un subordinacionismo que oculta en germen la gran polémica dogmática del siglo IV.
1.- Se
siguen evangelizando los lugares de la primitiva
evangelización
apostólica. Con éxito especial
en la zona paulina del
Asia Menor.
2.- La
evangelización abre nuevas fronteras
a la Iglesia: Siria
oriental, Mesopotamia, en oriente; África
del norte, Galia,
Germania e Hispania, en occidente.
3.- No
existe aún una dirección y
organización de la
tarea misionera. Los responsables son las
iglesias particulares y el
entusiasmo de algunos cristianos. No conocemos
el nombre de los
evangelizadores.
4.- Nuevas
formas de propagar el Evangelio:
La palabra escrita con los apologistas del siglo II.
Utilización de escuelas privadas tradicionales de la civilización greco-latina donde algunos cristianos ejercen de profesores.
5.- La heroica actitud de los mártires y confesores cristianos ante las persecuciones.
Se distinguen dos periodos. Después de la I guerra judía (73/74) i después de la II guerra judía (d. 132-135):
2.1.1- La guerra judía del siglo:
Puso temporalmente término a la actividad de la iglesia en Jerusalén. La comunidad judeocristiana fue presidida por el obispo Simeón hasta su martirio v. 107. Toparon con dificultades y la oposición del judeocristianismo heterodoxo y del judaísmo ortodoxo de Palestina. El primero continuaba considerando a Jesús de Nazaret como un gran profeta, pero no como un Mesías e Hijo de Dios. Además, tenian influencias gnósticas de Simón Mago, Menandro, Dositeo y Cerinto. Mago y Menandro especialmente sobre Samaría. Los segundos se oponían a los renegados que habían abandonado el sábado y seguían predicando como Mesías al que había sido clavado en cruz por los judíos. Se opusieron al cristianismo en Palestina i con una fuerte contracción misional hacia los centros importantes de la diáspora. Los judíos ortodoxos palestinenses acusaron al obispo Simeón ante el procónsul Ático como descendiente de David i cristiano. Fue crucificado según la jurisprudencia del edicto de Trajano.
2.1.2.- La sublevación de Bar-Kochba (132-135)
Significó el final del segundo período del judeocristianismo palestinense y el cese de toda actividad misionera en Palestina. Muchos cristianos fueron perseguidos y asesinados, otros huyeron de nuevo al otro lado del Jordán. En lugar de Jerusalén se levantó la nueva ciudad de Aelia Capitolina, la prohibición de que habitasen en ella judíos redujo a partir de entonces la comunidad cristiana a gentiles, sobre todo griegos. El primer obispo Marcos era griego. Los pocos rastros de cristianismo que encontramos hasta Constantino se reducen a las ciudades. En el campo siempre hubo una fuerte oposición hacia el cristianismo.
Desde el principio la iglesia siria se esforzó por evangelizar no solo las ciudades sino también el campo. Mientras el paganismo se mantenía en Fenicia el cristianismo aumentaba en Damasco, Sidón y Tiro. Sobre todo en Antioquía, gracias a su obispo Ignacio, el cristianismo ganó prestigio entre los griegos. Hacia la primera mitad del siglo II la misión llegó a la región de Osrhoene, en Siria oriental, cuando el judeocristiano Addai empezó a actuar en Edesa y posteriormente en Mesopotamia. Su trabajo fue continuado por Aggai, mártir posteriormente. A fines de siglo un sínodo de Edesa discutió la fecha de la pascua cabe pues suponer que las iglesias de la zona estaban cohesionadas. Se supone que Taciano compuso para ellas su Diatessaron después del 160. No está suficientemente probada la temprana conversión de la casa real de Edesa y la elevación del cristianismo a religión oficial. Bardesanes, convertido al cristianismo en el 179 y expulsado posteriormente por gnosticismo, señala como característica de dichas iglesias la reunión dominical regular y el ayuno en días determinados.
Ya en el siglo I y II el cristianismo era conocido en Arabia del norte o Transjordania. Arabes en Jerusalén en Pentecostés (Act 2,11). Recordamos la comunidad de Pella a la que pertenecía el apologista Aristón, que, poco antes de la mitad del siglo II, escribió un Dialogo entre Jasón y Papisco sobre Cristo.
Su evangelización sigue en la oscuridad no obstante los numerosos hallazgos de papiros de los siglos I i II. La fundación de la iglesia egipcia por Pedro es legendaria. Tal vez los fragmentos de papiro del evangelio de Juan de comienzos del siglo II pudieran ser las pruebas más antiguas de la presencia de cristianos en Egipto. La misión gnóstica en un principio parece que tuvo más éxito que la cristiana. Panteno es el primer maestro cristiano conocido i el 190 con el obispo Demetrio la comunidad alejandrina es ya considerable.
Ya a fines del siglo I y a comienzos del II algunas ciudades del occidente muestran iglesias organizadas (Apoc 2-3), que había que añadir a las fundadas por Pablo. Ignacio de Antioquia añade las de Magnesia y Trales. La carta de Plinio (V.112) reconoce una extensa cristianización del campo en la provincia de Bitinia. La correspondencia de Dionisio, obispo de Corinto, informa también de las iglesias de Nicomedia, Amastris y las iglesias del Ponto. Los sínodos de los años 80 que se oponen al montanismo nos hacen presumir un cristianismo bien organizado. El obispo Polícrates de Efeso alude a la gloriosa tradición de su iglesia. En Creta el mismo Dionisio habla de las iglesias de Gortina y de Cnosos. Desconocemos en cambio la suerte de la fundaciones paulinas de Cilicia y Chipre durante esta época. Parece que Grecia y Macedonia, también paulinas, quedaron a la zaga en la evangelización. La iglesia más importante era la de Corinto con el obispo Dionisio. En Atenas tenemos testimonio del apologista Arístides. La posible cristianización de las provincias del Danubio durante el siglo II es incierta. Tal vez algún soldado cristiano iniciara a otros en la fe.
La carta de Clemente a la iglesia de Corinto indica que la iglesia creció a pesar de las persecuciones neroniana y domiciana. Seguramente los crecientes eran todavía en su mayoría no romanos. El prestigio de la iglesia de Roma aparece por la fuerte atracción que ejerce sobre otras iglesias i cristianos. Ignacio de Antioquia le tributa grandes elogios. Marción, Abercio, Hegesipo e Irineo, Valentín y Teodoto, Justino, Taciano y Policarpo de Esmirna viajan por algún motivo a Roma. Unos para lograr el reconocimiento de sus doctrinas, otros para reconocer la verdadera doctrina o para trabajar por la paz cristiana. Hermas, escribiendo aún en griego, no permite conocer su vida. El obispo Victor introduce ya el elemento latino a fines del siglo II. Justino abre en Roma una escuela para enseñar a los hombres cultos " la verdadera filosofía ".
El hecho que la mayoría de cristianos de la comunidad de Roma no fuesen latinos dificulta posibles incursiones evangelizadoras. Tal vez surgieron algunas sedes episcopales en el sur de Roma en la segunda mitad del siglo II. Parece también que Sicilia no fue misionada antes del siglo III?
Evangelizada seguramente muy pronto, sin embargo no conocemos el nombre de los posibles evangelizadores. El primer documento son las actas de los mártires de Scillium -VII-180-. La comunidad principal era la de Cartago donde Tertuliano a finales del siglo II ejercía una gran actividad catequética i literaria. El 220 el obispo Agripino pudo convocar a sínodo a 70 obispos.
Evangelización de la desembocadura y valle del Ródano a través de las relaciones comerciales de Asia Menor con el sur de la Galia. El contacto fue temprano en el caso de la colonia griega de Massilia. La fuerza numérica de las iglesias de Lión y Vienne que descubre la persecución de Marco Aurelio con el martirio de 40-50 cristianos de esas ciudades permite adivinar unas comunidades fuertes. Irineo, obispo de Lión, aunque extranjero, pensó también en misionar a los celtas. Dificultades lingüísticas se lo impidieron.
Según Irineo existirían comunidades en las provincias renanas limítrofes al Rin con centros en Colonia y Maguncia. Parece también que el cristianismo llegó tempranamente a Tréveris centro comercial más importante que los anteriores.
El mismo
Irineo habla de la existencia de comunidades
cristianas en las
"provincias de Hispania ".
Tertuliano le reconoce en sus primeros años de gobierno una actitud benevolente hacia los cristianos. Así, el 196 se reúnen libremente diversos sínodos de obispos para discutir la fecha de la pascua. A pesar de ello algunos cristianos particulares fueron procesados en base al rescripto de Trajano no derogado. El 197 Tertuliano les dedica su Liber apologeticus.1.1. Edicto del 202:
Prohibía bajo grave pena pasarse al judaísmo o al cristianismo. Relata Esparciano " Iudaeos fieri sub gravi poena vetuit, idem etiam de Christiani sanxit ". El emperador penalizaba toda actividad evangelizadora de carácter proselitista. La oposición a de algunos cristianos a prestar el servicio militar i actitudes montanistas pudieron influir en Septimio Severo. La fe cristiana se presentaría como contraria al orden estatal. La escuela de Alejandria tuvo que cerrar i fueron ejecutados seis discípulos de Orígenes. A comienzos del 203 en Cartago fueron martirizados un grupo de catecúmenos. Tertuliano recogería el testimonio de la noble Perpetua y de su esclava Felícitas, con su maestro Sáturo y sus compañeros catecúmenos Revocato, Saturnino y Secúndulo. En Egipto, entre otros, fueron ejecutados Leónidas, padre de Orígenes, la virgen Potamiena con su madre Marcela y el soldado Basílides. Parece que hubo persecución en Capadocia, donde Alejandro, futuro obispo de Jerusalén, confesó su fe, y en Antioquía.
Inició un período de tolerancia religiosa. Al subir al trono su amnistía a los deportados no excluyó a los cristianos. Algunos ocuparon otra vez puestos influyentes en la corte como el liberto Prosenes que fue tesorero secreto. Así pues el duro proceder del procónsul Escápula (211-212) contra los cristianos en las tres provincias norteafricanas no puede atribuirse a Caracalla, sino que fue ocasionado por las corrientes rigoristas entre cristianos de África. Tertuliano los defendió en su obra Sobre la corona del soldado donde en que rechazaba el servicio militar para los cristianos.
Proyectó hacer obligatorio en el imperio el culto del dios solar de Emesa pero no se conoce su relación con los cristianos.
Su madre Julia Mamea parece que tenía declarada simpatía por el cristianismo. Durante una estancia en Antioquía habló con Orígenes de cuestiones religiosas y a ella le dedicó un tratado Hipólito de Roma. Encomendó al cristiano Julio Africano la construcción de la biblioteca junto al Panteón. Lampridio, su biógrafo en la Historia Augusta dice que mantuvo sus privilegios a los judíos y toleró que hubiera cristianos. Así "Iudaeis privilegia reservavit, Christianos esse passus est ". Antes del 234 se erigió un lugar de culto en Dura-Europos y en Roma se organizaron sin obstáculo los cementerios cristianos.
Dice Eusebio " por resentimiento contra la familia de Alejandro -Severo-, que se componía de numerosos fieles, suscitó una persecución ordenando que solamente fueran eliminados los jefes de las iglesias, como culpables de la enseñanza del Evangelio ". Parece que la persecución solo afectó a Roma donde el obispo Ponciano y un presbítero Hipólito fueron deportados a Cerdeña y posteriormente murieron allí. Orígenes dedicó a su amigo Ambrosio y al presbítero Protecteo su Exhortación al martirio.
Eusebio dice " De él cuenta una tradición que, como era cristiano, quiso tomar parte con la muchedumbre en las oraciones que se hacían en la Iglesia el día de la última vigilia de la Pascua, pero el que presidía en aquella ocasión no le permitió entrar sin haber hecho antes la confesión i haberse inscrito con los que se clasificaba como pecadores y ocupaban el lugar de la penitencia, porque, si no hacía esto, nunca lo recibiría de otra manera, a causa de los muchos cargos que se le hacían. Y se dice que al menos obedeció con buen ánimo y demostró con obras la sinceridad y piedad de sus disposiciones respecto del temor de Dios ". El cónsul en funciones del año 249 era con certeza cristiano. A pesar de la simpatía del emperador por los cristianos aquel mismo año no pudo preservar a los cristianos de Alejandría de una rebelión popular en que muchos perdieron sus bienes, y a otros, el negarse a blasfemar les costó la vida.
El edicto
general del emperador Decio del año
250 iba El texto original
del edicto no se ha conservado pero podemos
reconstruirlo por las
fuentes contemporáneas. Todos los
habitantes del imperio eran
invitados a tomar parte en un sacrificio
general a los dioses, en una
supplicatio. Se trataba de un acto de adhesión
al culto
pagano, participando en una comida sagrada,
libación o
sacrificio, incluso reducido a su más
simple expresión,
como la ofrenda de algunos granos de incienso
a la estatua del
emperador, demostrando con ello el reconocimiento
de la divinidad
imperial, convertida en la síntesis
de la religión
oficial de Roma. Con ello el sospechoso demostraba
la inutilidad de
la sospecha, por fundada que fuese, que pesaba
sobre él, y el
cristiano abjurando de su fe, se encontraba
al mismo tiempo absuelto,
en virtud de la legislación trajana,
del delito, que cesaba
con su retractación.
Una novedad
era la inspección exacta del cumplimiento
del edicto en todo
el imperio. Una comisión controlaría
la veracidad del
sacrificio y expediría a cada ciudadano
un certificado o
libellus en que constara que había sacrificado.
Posteriormente los libelli tenían que ser presentados a las autoridades.
Los que se habían negado a sacrificar
eran encarcelados y todavía en la
cárcel se intentaba quebrantar por
medio de la tortura la resistencia del confesor
de la fe.
El mes de
diciembre del 249 fueron detenidos algunos
cristianos y el 20 de
enero del 250 era ejecutado el papa Fabián.
A pesar de ello
las conmovidas quejas de los obispos Dionisio
de Alejandría y
Cipriano de Cartago no dejan lugar a dudas
de que, sobre todo en
Egipto i África del norte, el número
de los que de una
u otra forma siguieron las órdenes
del edicto superó
con mucho al de los que se resistieron a
obedecerlas. San Cipriano
dice que hubo apóstatas de muchas
clases. Unos, a los que
llamó sacrificati , aceptaron ofrecer realmente
sacrificios a los dioses; otros, thurificati, solamente
quemaron incienso ante las imágenes
divinas, principalmente
ante la del emperador; otros, en fin, se
hicieron inscribir en los
registros públicos, como queriendo
satisfacer a la ley, o sólo
consiguieron, pagando la mayoría de
las veces, certificados o
libelli que testimoniaban que habían obedecido
las
órdenes imperiales; a éstos
se les llamaba acta
facientes o libellatici .
A finales del 251 el papa Cornelio fue desterrado a Centum Cellae (Civitavecchia) donde murió el año 253. Su sucesor Lucio fue también desterrado (253-254) pero volvió a la muerte de Galo. Según Dionisio de Alejandría en Egipto se produjeron otras detenciones.
Eusebio
citando a Dionisio de Alejandria dice que
" Valeriano (...) se
ha de considerar cómo era al principio,
qué favorable y
benevolente para con los hombres de Dios,
porque, antes de él,
ningún otro emperador, ni siquiera
los que se dice que
abiertamente fueron cristianos, tuvo una
disposición tan
favorable y acogedora. Al comienzo los recibía
con una
familiaridad i una amistad manifiestas, i
toda su casa estaba llena
de los hombres piadosos i era una iglesia
de Dios ". Dionisio
opinaba que la mutación efectuada
en Valeriano fue producida
por su ministro Macrino quien le sedujo con
la posibilidad de
remediar la situación financiera del
imperio confiscando los
bienes de los cristianos ricos.
1er.
edicto de agosto del 257. Sólo concernía
inmediatamente al clero superior, desde los
obispos a los diáconos,
en el que se les ordenaba sacrificar a los
dioses del Imperio.
Estaban prohibidas las celebraciones de culto
cristianas y la visita
a los cementerios, pero no el culto privado.
Sino se sacrificaba
estaba previsto el exilio y si se desatendian
las otras prohibiciones
se pensaba incluso en la muerte de los infractores.
Cipriano obispo
de Cartago y Dionisio obispo de Alejandria
fueron exiliados
juntamente con muchos otros obispos, sacerdotes
y diáconos de
África.
2º.
edicto del 258. Se prescribió que los clérigos
superiores que no hubiesen obedecido fuesen
ejecutados sin demora.
Los laicos de alto rango serían degradados
de sus funciones i
les serían confiscados sus bienes
y, si este castigo no les
conducía al arrepentimiento, padecerían
la pena
capital. Sus mujeres perderían también
sus bienes y
serían desterradas. A los empleados
imperiales en Roma y
provincias, los caesarini , se los amenazó igualmente
con la confiscación de sus bienes
y trabajos forzados.
Fue decapitado Cipriano, obispo de Cartago; Sixto II, obispo de Roma, junto con sus diáconos, entre ellos Lorenzo; Fructuoso, obispo de Tarragona, y sus diáconos Augurio i Eulogio fueron quemados vivos en el anfiteatro de la ciudad el 21 de enero del 259; probablemente también en esta época fue decapitado en Troies Patroclo. Dionisio de Alejandría sufrió solamente exilio.
El año
259 tras la muerte de Valeriano que cayó
prisionero de los
persas le sucedió su hijo Galieno
que intentó
reconciliarse con los cristianos. Publicó
un edicto,
posiblemente del 260, donde ordenaba cesasen
las persecuciones y
posteriormente (v. 262) la restitución
de las iglesias. Dice
Eusebio: " Inmediatamente puso fin, mediante edictos,
a la
persecución contra nosotros, y ordenó
por un rescripto
a los que presidían la palabra que
libremente ejercieran sus
finciones acostumbradas. El rescripto rezaba
así: " El
emperador César Publio Licinio Galieno
Pío Félix
Augusto, a Dionisio, Pina, Demetrio y a los
demás obispos: He
mandado que el beneficio de mi don se extienda
por todo el mundo, con
el fin de que se evacue los lugares sagrados
y por ello también
podáis disfrutar de la regla contenida
en mi rescripto, de
manera que nadie pueda molestaros. Y aquello
que podáis
recuperar, en la medida de lo posible, hace
ya tiempo que lo he
concedido. Por lo cual , Aurelio Cirinio,
que está al frente
de los asuntos supremos, mantendrá
cuidadosamente la regla
dada por mí ". Quede inserto
aquí, para mayor
claridad, este rescripto, traducido del latín.
Se conserva
también, del mismo emperador, otra
ordenanza que dirigió
a otros obispos y en que permite la recuperación
de los
lugares llamados cementerios ".
La
consolidación interna del cristianismo
en el siglo III se
manifiesta especialmente en la literatura
cristiana. La conversión
a la fe de personas cultas impulsa a estas
a transmitir su nueva fe
mediante la palabra oral y escrita.
Ya en el
siglo II convertidos cultos como Justino
y su discípulo
Taciano actuaron en Roma públicamente
como profesores de la
"nueva filosofía". Se trataba
aún de
iniciativas privadas. Mostraban la fe a personas
interesadas y la
fundaban en confrontación con otras
corrientes religiosas.
También
se dedicaron a ello maestros privados gnósticos
o monarquianos
como Apeles, Sinero y Ptolomeo. Los obispos
romanos del siglo III les
expulsaron de la comunión de la Iglesia
y convirtieron las
escuelas cristianas en instituciones eclesiásticas
dedicadas
fundamentalmente a la instrucción
de los catecúmenos.
Las escuelas teológicas cristianas se desarrollaron sobretodo en Oriente y no en Roma o en el resto de Occidente.
Alejandría,
capital de Egipto, contaba con una larga
tradición científica,
y su clase dirigente se mostró siempre
abierta a las
cuestiones filosóficas i religiosas.
Las bibliotecas del
Serapeon y Museon fundadas por los Ptolomeos
ayudaron a fomentar la
vida intelectual sobre todo desarrollada
entorno a la poesía
helenística y la filosofía
neoplatónica. Los
nuevos convertidos cultos se vieron pues
obligados a competir
intelectualmente con la vida cultural que
los rodeaba.
A finales
del siglo II aún no podemos hablar
de una escuela catequística
de Alejandría. Lo que existían
eran escuelas privadas
dispuestas a recibir a cualquier interesado
y donde el maestro
configuraba personalmente el programa académico.
Panteno.-
Siciliano. Hacia el año 180 tenía
en Alejandría
un didascaleo, sin encargo eclesiástico, donde
enseñaba
y razonaba su filosofía cristiana.
No ha llegado a nosotros
ninguna de sus obras.
Clemente de Alejandría.- Enseñaba la "verdadera gnósis" en lecciones públicas.
Orígenes.-
Profesor de gramática abandona su
oficio para enseñar
libremente la religión cristiana.
Hacia el año 215 el
obispo Demetrio le encarga la dirección
de una escuela
catequética para catecúmenos.
Posteriormente confía
esta misión a su amigo Heraclas y
él se dedica a
enseñar sistemáticamente a
un grupo de oyentes cultos
el saber filosófico de su tiempo que
culmina con la enseñanza
de la religión cristiana. Así
se convierte en una
verdadera escuela teológica. Fue acusado
de dar demasiada
importancia a la filosofía profana.
El 230 por
desavenencias con el obispo Demetrio se trasladó
a Cesarea de
Palestina. La escuela de Alejandría
se convirtió
nuevamente en escuela catequética
para catecúmenos.
Orígenes llevó a su nueva residencia
la escuela
teológica que recibió la protección
del
episcopado palestinense.
Clemente de Alejandría y Orígenes imprimieron a la escuela de Alejandría características de escuela teológica: " El aprovechamiento de la filosofía y la predilección por el método alegórico en la exégesis bíblica; y una fuerte tendencia, sostenida por un rasgo idealista fundamental, a penetrar especulativamente en el contenido sobrenatural de las verdades reveladas ".
Hijo de una
familia pagana de Atenas, convertido en edad
madura al cristianismo y
con una buena formación profana. Llegó
a Alejandría
después de largos viajes hacia fines
del siglo II i allí
se convirtió en maestro cristiano.
La persecución de
Septimio Severo, hacia el 202, le obligó
a emigrar al Asia
Menor donde murió hacia el 215. Obras:
1.- Protréptico. Obra del estilo de Aristóteles, Epicuro o Crisipo. Se trataba de un discurso de exhortación y prosilitismo que supone lectores paganos, a los que quiere ganar para su filosofía. Supera a los apologistas precedentes pues trata con mayor serenidad la superioridad del Dios cristiano sobre los dioses paganos. Reconoce que muchos filósofos paganos, con Platón a la cabeza, se hallaban en el recto camino para encontrar a Dios. Sin embargo la plenitud del conocimiento y la salvación eterna solo la ha traído el Logos Jesucristo, que llama a todos, helenos y bárbaros, a su seguimiento.
2.-
Pedagogo. Es una especie de ejercicio de perfección
y virtudes cristianas. El Logos-Pedagogo,
por su propia vida y por los mandamientos
consignados en la Sagrada Escritura, ha sentado
las normas que han de orientar la conducta
de un cristiano. Selecciona una serie copiosa
de ejemplos de la vida diaria. Tanto la ascesis
cristiana como el amor al prójimo
han de probarse en el ambiente cultural que
nos rodea
Clemente quería que, ambas obras conexas entre sí, fuesen rematadas por el Didascalo, colofón que ofrecería una exposición sistemática de las principales doctrinas del cristianismo.
3.-
Stromata. Trata de forma suelta una muchedumbre de
temas varios,
que quieren en primer término atraer
la atención del
gentil con inquietudes religiosas. Seguramente
se trataba de las
cuestiones que Clemente explicaba en sus
lecciones. El género
literario es parecido al "Banquete de los sofistas "
de Ateneo o a las "Noches áticas " de Aulo
Gelio. La pretensión es clara demostrar
en la discusión
con el gnosticismo contemporáneo que
la religión
cristiana es la verdadera gnosis, presentar
en el cristiano fiel al
verdadero gnóstico.
En el
bautismo recibe todo cristiano fiel al Espíritu
Santo y, con
El, la capacidad de ascender de la fe sencilla
a una gnosis (ciencia,
conocimiento) más y más perfecta;
pero sólo
asciende, de hecho, el que se esfuerza constantemente
por ello, el
que lucha por una perfección cada
vez mayor en su conducta.
Sólo por un constante trabajo de educación
de sí
mismo, penetrando cada vez más a fondo
en el evangelio; sólo
dentro de la Iglesia, " la única madre virgen ",
se llega a ser verdadero gnóstico
y se supera así el
ideal de formación del " sabio " de la
filosofía pagana, que representa desde
luego un valor digno de
reconocerse, pero que no pasa del estadio
preparatorio.
La imagen
directriz del gnóstico cristiano es
la persona de Cristo, con
quien ha de conformarse o configurarse y
en cuya imitación se
convierte en imagen de Dios. Con ello va
unido un crecimiento
continuo en el amor de Dios que permite al
gnóstico una vida
de constante oración, le hace ver
a Dios y le regala la
semejanza divina. Esta ascensión de
grado en grado no sustrae
al verdadero gnóstico de la comunidad
de sus hermanos que no
hayan subido tan alto; se pone más
bien a sus servicio con
abnegación constante, y por el ejemplo
de una conducta pura,
los convida a seguirlo en su camino.
En Clemente de Alejandría prevalece el Logos como maestro i legislador sobre Cristo como redentor. Es el primer teorizante de la aspiración cristiana a la perfección.
La mayor
parte de su producción literaria se
ha perdido y sus obras
fueron condenadas por el concilio de Constantinopla
del año
553. Poco se nos ha conservado en su lengua
original griega; una
parte mayor de sus homilías bíblicas
se nos ha llegado
en versión latina, sobre todo de
Jerónimo y Rufino.
Orígenes
nació hacia el año 185 en un
hogar cristiano. Recibió
una excelente formación en las ciencias
profanas que le
permitió trabajar como profesor en
una escuela de gramática.
La preocupación por la instrucción
de gentiles en la
religión cristiana le llevó
a estudiar el neoplatonismo
con Ammonio Saccas, cuyo influjo fue en él
grande y
permanente. Los viajes que emprendió
le permitieron visitar
Cesarea de Palestina, Jerusalén, Arabia
i Roma. El obispo
Demetrio de Alejandría le nombró
profesor de
catecúmenos y director de la escuela
teológica de
aquella ciudad. El 230-231 un conflicto con
dicho obispo le obligó
a trasladar sus actividades a Cesarea de
Palestina. Durante la
persecución de Decio confesó
la fe, fue torturado y
murió como consecuencia de ello en
Tiro hacia 253-254.
Núcleo de la obra teológica de Orígenes es su trabajo sobre la Biblia. Se decantó por los trabajos critico filológicos sobre el texto bíblico, en comentarios científicos a libros particulares de la Sagrada Escritura y, finalmente en muchedumbre de homilías bíblicas.
El deseo de
lograr un texto bíblico seguro le
llevó a componer las
" Hexaplas ", que, en sus columnas paralelas,
ofrecían el texto original en caracteres
hebreos, en
transcripción griega, las versiones
de Áquila, Símmaco,
los Setenta y Teodoción.
Se han
conservado escasos fragmentos de algunos
de sus comentarios bíblicos:
al Génesis, a los salmos, a los Proverbios,
al Cantar de los
cantares, a Isaías, Ezequiel, al Dodekapropheton,
a Lucas,
Mateo, Juan y a la mayoría de las
epístolas paulinas.
La exégesis
alegórica no es para él sólo
un método
tradicional tomado de la interpretación
de textos profanos. Es
el camino que lo lleva al corazón
de la palabra que late en la
Escritura y le procura intuiciones y conocimientos
religiosos de
valor sumo. La Sagrada Escritura sólo
revela sus secretos a
quien lo pide con fervorosa oración.
La diaria
lección de la Escritura, a que exhorta
Orígenes, le
llevó a influir en el monacato oriental
y después a
través de Ambrosio en el occidental
latino. El fin último
de la ascensión a la perfección
es la semejanza con
Dios, a que el hombre fue llamado cuando
Dios lo creó " a
imagen suya ". El camino más seguro para
este fin es
la imitación o seguimiento de Cristo.
Quien sigue a Cristo
sigue la vida y la luz, pero para ello debe
conocerse así
mismo y descubrir y luchar contra su condición
pecadora. Quien
escoge voluntariamente la vida célibe
y la virginidad
alcanzará más fácilmente
el fin.
Periarjon.
En cuatro libros trata de las cuestiones
generales acerca de Dios, la
creación del mundo, el pecado original,
la redención
por Cristo, el pecado personal, el libre
albedrío y la Sagrada
Escritura como fuente de fe. En la introducción
expone los
principios metodológicos de su obra:
La Escritura y la
tradición son las dos fuentes en que
se inspira su exposición
de la doctrina cristiana. La autoridad de
la Iglesia nos garantiza
que en la Escritura no se han introducido
escrituras espurias. Solo
ha de aceptarse por fe aquella verdad que
no esté en
contradicción con la tradición
eclesiástica y
apostólica, i esa verdad se halla
en la predicación de
la Iglesia que, " per successionis ordinem ", se ha
transmitido desde los apóstoles.
En la
doctrina de la Trinidad, Orígenes
piensa aún
subordinacionadamente; sólo el Padre
es "zeós "
o el "autozeós "; el Logos posee igualmente
la naturaleza divina; pero, respecto al Padre,
sólo puede ser
llamado "deuteros zeós ". Sin embargo afirma
claramente la eternidad del Logos y lo califica
de "omoousios
" abriendo el camino de Nicea. La denominación
de
Dios-home (zeanzropos) aparece en él por vez primera, y
él sin duda prepara el término
"zeotokos ".
Antes del
mundo actual existió ya un mundo
de espíritus
perfectos al que pertenecían también
las almas humanas,
que fueron, por ende, preexistentes. la apostasía
de Dios las
desterró a la materia, que Dios creó
entonces. La
medida de su culpa premundana determina incluso
la medida de la
gracia que Dios concede a cada uno sobre
la tierra. Toda la creación
se apresura a volver a su origen en Duos;
para ello es sometida a un
procesos de purificación, que puede
extenderse sobre muchos
eones, proceso en que todas las almas, aun
los malos espíritus
de los démones y Satán mismo,
se purifican más y
más, hasta ser capaces de resucitar
y de unirse de nuevo con
Dios. Entonces es Dios otra vez todo en todo,
y se alcanza la
restauración de todas las cosas (apokatastasis ton panton).
Con esta concepción queda prácticamente
suprimida la
eternidad del infierno.
De principiis. Obra sistemática " Sobre las bases o fundamentos ".
A su muerte
la escuela tomó otra vez carácter
de escuela
catecuménica.
Dionisio,
obispo de Alejandria. Su doctrina sobre la Trinidad fue puesta
en
tela de juicio por Roma y trató de
defenderla en una apología
en cuatro libros dirigidos a su homónimo
Dionisio, obispo de
Roma. Se enfrentó con las ideas milenaristas
del obispo Nepote
de Arsione, y la polémica, sin duda,
lo llevó a negar
al apóstol Juan la paternidad del
Apocalipsis. Es el primer
obispo de quien consta que, en las llamadas
" cartas
pascuales ", anunciaba anualmente a la cristiandad
de Egipto
la fecha de la pascua.
Teognosto.
Compuso una obra dogmática las "
Hipotiposeis ".
Pierio.
Se ocupó más de trabajos exegéticos
y desarrolló
una gran actividad homilética.
Pedro. Obispo de Alejandría desde el año 300. No está demostrado que se ocupase también de la escuela catequética. Sus tratados revelan preocupaciones pastorales, por ejemplo, los que discuten los cánones sobre la penitencia y el " Sobre la pascua ", que en parte impugna supuestos errores de Orígenes.
Gregorio
Taumaturgo (+ v. 270). Compuso un panegírico sobre
Orígenes.
Julio
Africano, laico (+ v. 240). Oriundo de Palestina y amigo de
Orígenes. En carta a éste pone
en duda la autenticidad
de la historia de Susana; en otra, estudia
las genealogías de
Jesús en Mateo y en Lucas.
Pánfilo, prebitero de Cesarea de Palestina. Se ocupó del texto bíblico, coleccionó los escritos de Orígenes y atendió la biblioteca fundada por éste en Cesarea. La persecución de Diocleciano lo llevo, tras larga prisión, al martirio (+310); en la cárcel escribió su " Apología en pro de Orígenes ".
La tradición
señala como fundador de la escuela
teológica de
Antioquía al presbítero Luciano, ordenado hacia
el año 270. Realizó una nueva
recensión de los
Setenta, para la que confrontó también
el texto hebreo.
Su recensión se difundió en
los obispados de Siria i
Asia Menor. Su método exegético
considera sobre todo el
sentido literal y sólo emplea la exégesis
tipológica
donde el texto mismo la pide. Parte siempre
de los datos bíblicos
y no de supuestos filosóficos. Así
llega, entre otras
cosas, a un estricto subordinacionismo en
la doctrina del Logos tal
como será pronto defendido por Arrio.
La lengua de
la predicación y de la liturgia en
Roma era el griego. Sólo
al desaparecer la mayoría griega se
sintió la necesidad
de traducir al latín las Escrituras
Sagradas, de predicar en
latín y emplear finalmente el latín
como lengua de la
liturgia. La primera Biblia latina en Roma
se remonta a la segunda
mitad del siglo II.
El latín
cristiano se formó:
1.- Lengua que hablaba el pueblo sencillo.
2.- Se tomó del griego muchas palabras, pues muchas latinas expresaban el culto pagano.
3.- Hubo que dotar a muchos términos
latinos ya existentes de
nueva significación.
Características de la teología latina cristiana:
1.1.- A fines del siglo II y comienzos del III:
Las discusiones teológicas son sostenidas por lo general aún por griegos. Justino escribe su apología en griego; Marción y otros polemistas trinitarios son asiáticos; Hipólito es oriental y publica sólo en griego.
1.2.- En el siglo III:
La teología latina no se cultiva como en Oriente dentro de una escuela teológica. Tertuliano y Novaciano dos buenos teólogos no fundan ninguna escuela.
1.2.1.- Minucio Félix:
Abogado de formación filosófica, influido particularmente por el estoicismo. Escribió el diálogo Octavio, apología del cristianismo. Celio el interlocutor pagano del diálogo, mira con fuerte escepticismo la fe en los dioses paganos; pero, puesto que Roma le debe su grandeza, todavía la prefiere al cristianismo, cuyo Dios invisible le parece un fantasma y sus seguidores incultos. El cristiano Octavio, por argumentos puramente filosóficos y sin referencia alguna a la Sagrada Escritura refuta el escepticismo filosófico y rechaza como calumnias las acusaciones hechas a los cristianos.
1.2.2.- Hipólito:
Posiblemente
era oriundo de Alejandría y permaneció
en Roma como
presbítero de la iglesia local. Su
rigorismo en la cuestión
de la penitencia lo convirtió en adversario
irreconciliable
del papa Calixto (217-222) y cabecilla de
un grupo de oposición,
numéricamente escaso, pero espiritualmente
importante. Las
fuentes no apoyan el hecho de considerarle
el primer antipapa de la
historia de la Iglesia. Tampoco existen pruebas
ciertas de que fuera
el escritor Hipólito desterrado a
Cerdeña por el
emperador Maximino Traciano junto con el
papa Ponciano y de que se
hubiera reconciliado allí con él,
muriendo en el
destierro. No se excluye que hubiera pertenecido
por algún
tiempo al cisma novaciano y, después
de 253, muriera
nuevamente admitido en la Iglesia. Eusebio
y Jerónimo dan una
lista de sus escritos.
Con Orígenes
comparte el amor a los estudios bíblicos
y con él
practica la exégesis alegórica
pero con método
más sobrio. Nos han llegado su comentario
original a Daniel en
griego, y en versión, una exposición
del Cantar de los
cantares.
La solicitud
por el mantenimiento de las tradiciones apóstolicas
determinó
su segunda preocupación. La Traditio apostolica no se
ha conservado en su lengua original, pero
forma el núcleo de
una serie de constituciones eclesiásticas,
como la Ordenación
apostólica, el Testamento de nuestro Señor
Jesucristo, los Cánones de Hipólito , y el
libro octavo de las Constituciones apostólicas. Intentó
asegurar las reglas y fórmulas más
importantes para la
colación de las órdenes, las
varias funciones de los
oficios eclesiásticos, la administración
del bautismo y
la celebración de la eucaristía
en la forma
tradicional. Influyó en oriente, sobre
todo en Egipto.
Los escritos dogmáticos y antiheréticos tienen como fin asegurar la tradición apostólica en orden de la doctrina. El Sintagma trataba de 32 herejías aparecidas hasta su tiempo. También se le atribuye el Philosophoumena o Refutación de todas las herejías . Exponía los errores de la filosofía, las aberraciones de las religiones paganas y refutaba los sistemas gnósticos. Lo que al autor le interesa demostrar sobre todo es la tesis de que toda herejía se funda en que no sigue a Cristo, la Sagrada Escritura y la tradición, sino que vuelve a las doctrinas paganas. La Iglesia es portadora y guardiana de la verdad, sobre cuya pureza y autenticidad han de vigilar los obispos legitimados por la sucesión apostólica.
1.2.3.- Novaciano:
El papa Fabián lo ordenó de presbítero aunque sólo había recibido el bautismo de urgencia y manifestaba falta de valor para confesar la fe. Hacia el 250 durante la vacante de la sede romana llevó la correspondencia de dicha iglesia con las otras iglesias. Expuso al obispo Cipriano la posición de Roma en el trato a los caídos durante la persecución.
Obra
teológica sobre la Trinidad (v. 250). Se apoya en Hipólito
y Tertuliano. Rechaza la teología
de Marción y la
concepción modalista de los monarquianos.
En cambio, profesa
un subordinacionismo sutil que, aún
insistiendo en la
divinidad de Cristo, lo subordina al Padre
casi más claramente
que la teología anterior. Pone de
relieve la subordinación
del Espíritu Santo al Hijo. Es el
Espíritu Santo quien
mantiene la Iglesia en la santidad y la verdad.
Con ocasión
de la elección del papa Cornelio (251)
que fue preferido a él
Novaciano se separó de la Iglesia
y rigió una comunidad
propia de cuño rigorista. Quiso justificar
su rotura con un
concepto de Iglesia según el cual,
en una Iglesia de los
santos no hay ni puede haber lugar para el
que peca gravemente, por
muy dispuesto que esté a la expiación
y a la
penitencia. Un sínodo de 70 obispos
presididos por Cornelio le
excomulgó a él y a sus seguidores.
Cartas
pastorales de Novaciano:
obligatoriedad de las prescripciones judaicas sobre comidas, que es rechazada;
prohibe la asistencia a teatros y a circos paganos;
De bono pudicitiae. predica enérgicamente la fidelidad conyugal y el alta estima de la virgindad.
Socrates dice que murió mártir en la persecución de Valeriano.
1.2.4.- Tetuliano:
Características
principales de la Iglesia africana:
- En África se llevó a cabo antes que en Roma el tránsito a la lengua latina en la predicación y la liturgia. Las actas de los mártires escilitanos, que son el primer documento latino fechado (180), suponen ya una traducción latina de las cartas de Pablo.
- Las persecuciones marcaron su desarrollo.
.- Las controversias internas: sectas gnósticas y montanismo; movimiento cistmático de Novaciano y Felicísimo; disputa sobre el bautismo de los herejes.
Hijo de un
centurión pagano nació hacia
el 160 en Cartago. Buena
educación retórica y jurídica,
conocedor
excelente del griego. Se convirtió
de adulto movido por el
testimonio de los cristianos durante la persecución.
Las
fuentes no permiten decidir si llegó
a ordenarse de presbítero
o permaneció laico. Hacia el 207 se
pasó al movimiento
montanista que defendió con igual
ardor como había
defendido la Catholica. Agustín dice que al final de su
vida fundó un grupo sectario que,
por él, se llamó
tertulianista.
Apologeticum.
Dirige la obra a los praesides de las provincias
romanas. Parte en
cada punto de ideas familiares a sus lectores
paganos y les opone la
doctrina y vida cristianas. Dice que se comete
contra los cristianos
la más amarga injusticia, pues se
los condena sin saber lo que
son. Por eso no pide absolución, sino
justicia, que se funda
en la búsqueda leal de la verdad.
De
praescriptione haereticorum. Ya antes de que aparecieran las
herejías los doctores cristianos predicaban
el mensaje que
habían recibido de los apóstoles
y que a ellos, a su
vez, les fue encomendado por Cristo. Por
esos la Iglesia sola posee
la Sagrada Escritura, y ella sola puede juzgar
sobre su verdadero
sentido y fijar así el contenido de
la fe.
Escribió
también obras concretas: Contra Marción
refutó
su dialismo y defendió la armonía
entre el Antiguo i
Nuevo Testamento. Contra toda volatización
gnóstica
aseguró la doctrina sobre la creación,
la resurrección
de la carne y la dignidad del matrimonio.
Contra Práxeas
expuso la concepción eclesiástica
de la Trinidad.
Se observa un cierto rigorismo en algunas pequeñas obras: De monogamia. Donde condena las segundas nupcias. De corona, De idolatría. Condena el servicio militar y todas las profesiones que pudieran relacionarse con la idolatria. De ieiunio. Proclama la más rigurosa práctica del ayuno. De pudicitia. Niega a la Iglesia el poder de perdonar los pecados, poder que sólo concierne a los profetas montanistas.
1.2.5.- Cipriano:
Teológicamente
debe mucho a Tertuliano, al que llamaba maestro
y leía
constantemente. Sus tratados y cartas se
destinan por lo general a la
solución de cuestiones del día
que le planteaban la
persecución o la amenaza de la escisión
en la Iglesia
por obra de conventículos sectarios.
Ad
donatum. narra como tras larga búsqueda logró
la
paz religiosa por el bautismo.
De
mortalitate. Palabras de consuelo en tiempos de peste
a los
cristianos de África.
De opere
et eleemosinis. Exhorta a los cristianos a una caridad abnegada.
De habitu
virginum. Celebra el ideal cristiano de la virginidad.
De zelo
et livore. Precave contra los destructores efectos de
la
discordia.
Sobre la
unidad de la Iglesia. El obispo es el garante y representante
de
la unidad de la Iglesia, que está
unido con sus compañeros
de ministerio por la común razón
básica que el
episcopado tiene en el ministerio apostólico.
Pedro tiene
entre ellos una posición única:
el poder de atar y
desatar. Como este poder fue otorgado a un
sólo apóstol,
con ello quedaba afirmada para siempre la
unidad de la Iglesia
querida por Cristo. A Roma le conviene una
posición de honor
no todavía de jurisdicción.
Sólo en la Iglesia
se asegura la propia salvación, conforme
a la densa fórmula:
Salus extra eclesiam non est.
Los niños
han de incorporarse a la Iglesia lo más
pronto posible; el
bautismo de los niños no admite discusión
en Cipriano.
El que ha
ofrecido su vida en martirio logra la visión
inmediata de
Dios.
La teología
del siglo II no se planteó a fondo
el problema de la relación
del Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Los apologistas en su lucha
contra el paganismo señalaron el estricto
monoteísmo
cristiano. También la Iglesia en su
lucha contra el
gnosticismo señaló ese aspecto.
El
apologista Teófilo había incluso
hallado el término
"tríada " para significar esta realidad. La
cristología del Logos tenía
sus fallos en cuanto
subordinaba al Padre el Hijo. Tal subordinacionismo
turbaba menos la
conciencia creyente, pues no se veía
en él una amenaza
inmediata a la divinidad de Cristo. Si se
hacía, en cambio,
resaltar con más viveza la unidad
de Dios, la insistencia en
la distinción del Padre i el Hijo
podía parecer
inquietante. Esa teología fue denominada
"monarquianismo
".
La
impugnación de la teología
del Logos siguió
doble camino:
Algunos vieron en Cristo sólo a un hombre, nacido desde luego de la Virgen por obra del Espíritu Santo y en quien la fuerza (dinamis) o virtud de Dios tuvo eficacia singular. Este monarquianismo, llamado "dinámico ", salvaba realmente el principio divino único, pero dejaba prácticamente de lado la divinidad de Cristo.
Otros afirmaban que Dios se había manifestado en cada caso de modos distintos, una vez como Padre, luego como Hijo. Explicación en la que se suprimía hasta tal punto la distinción entre el Padre y el Hijo, que se llegaba a decir que era el Padre quien había padecido en la cruz. Por esos fueron llamados "modalistas " o "patripasianos ". El monarquianismo modalista es también llamado adopcianismo. Parece que sus partidarios procedían de sectores intelectuales, y no halló mayor eco en el pueblo sencillo.
El primer representante del modalismo fue Teódoto, oriundo de Bizancio, que fue a Roma hacia el año 190 y propaló allí sus ideas teológicas. Hasta su bautismo en el Jordán, Jesús había llevado la vida de un hombre sencillo, aunque justísimo, sobre el que descendió el Espíritu o Cristo. Él y sus seguidores apoyaban su tesis con la Biblia. El papa Víctor (186-198) le expulsó de la Iglesia.
Discípulo
de Teódoto fueron Asclepiodoto , Teódoto el
Joven y más tarde Artemón. Los dos primeros
trataron de organizar a los adopcionistas
en una iglesia propia e
incluso ganaron para dirigirla al confesor
romano Natalis, quien, sin
embargo, los abandonó al poco tiempo.
Teódoto el
Joven introdujo un elemento nuevo en las anteriores
teorías
al designar a Melquisedec como la virtud
suprema, que está por
encima de Cristo, el verdadero mediador entre
Dios y los hombres.
Hacia la
mitad del siglo III, un doble argumento desempeñó
misión importante en esta doctrina.
Los adopcianos atacaban la
doctina ortodoxa como diteísta, y
apelaban luego a que ellos,
como guardianes fieles de las tradiciones
apostólicas, sólo
enseñaban sobre Cristo lo que siempre
se había creído.
Después de la mitad del siglo III predicó en oriente un adpocionismo singularmente craso Pablo de Samosata, obispo de Antioquía. Enseñaba que el Hijo sólo designa al hombre Jesús en que moró la sabiduría de Dios. El Espíritu no sería otra cosa que la gracia que Dios concedió a los apóstoles. Por sabiduría de Dios o Verbo no entendía una persona distinta de Dios, sino una fuerza impersonal. Dos sínodos se opusieron a sus ideas (264). En el segundo el presbítero Malquión lo convenció de sus errores, fue depuesto de su cargo y excluido de la comunión de la Iglesia. El sínodo rechazó la proposición de que el Hijo sea consubstancial (omoousios) con el Padre; pues, con ese término, Pablo de Samosata quería negarle la propia subsistencia. Su sucesor en Antioquía, el obispo Domno, apeló a la autoridad estatal para obligar a Pablo a dejar la mansión episcopal.
Toda teoría
que separara demasiado tajantemente al Hijo
o al Verbo, del Padre,
era mirada con recelo, pues de ahí
podía eventualmente
deducirse la existencia de dos dioses.
Noeto.
oriundo de Esmirna en el Asia Menor. Encarecía
rigurosamente
el dogma del Dios uno, que es el Padre, y
afirmaba la identidad de
Cristo con el Padre; de donde sacaba la consecuencia
de que el Padre
se hizo hombre y padeció en la cruz.
Fue expulsado de la
Iglesia, pero halló partidarios que
se apoyaban en la Biblia
(Ex 3,6; Is 44,6; 14-15;Jo 10,30;8ss; Rom
9,5).
Epígono
llevó la doctrina a Roma, donde se
le adhirió
Cleómenes. Según Tertuliano en su obra contra
Práxeas (213) este parece haber modificado su teoría
en el sentido de que distinguió al
hombre Jesús del
Dios Cristo, que era idéntico al Padre,
de suerte que el Padre
sufrió juntamente con el Hijo (compatitur).
Sabelio
debió venir de Libia a Roma, en vida
aún del papa
Ceferino (199- 217). Él fue quien
sistematizó la
doctrina modalista. Atribuyó a la
única divinidad tres
modos de obrar, de suerte que el Padre era
la verdadera naturaleza
divina que, sin embargo, también se
manifestaba como Hijo y
Espíritu Santo; como Padre fue Dios
creador y legislado; como
Hijo operó la redención y como
Espíritu Santo
daba la gracia y la santificación.
Sobre sus ideas sólo
nos informan sus impugnadores Hipólito,
Tertuliano y Epifanio.
Hipólito
atacó vivamente a los papas Ceferino
(199-217) y Calixto
(217-222) por haber favorecido y hasta reconocido
estas herejías.
Al primero acusaba de hombre ignorante e
inculto y de haber defendió
a la vez ambas tesis:
1.- Yo sólo conozco a un sólo Dios, Cristo Jesús, y ninguno fuera de Él, que nació y padeció.
2.-
No fue el Padre quien padeció, sino
el Hijo.
Sin embargo
parece que Ceferino lo que quería era recalcar de un
lado la divinidad de Cristo y de poner, por
otro, de relieve la
distinción entre el Padre y el Hijo;
sólo que para ello
le faltaba una terminología adecuada.
Contra Calixto
afirmaba que se habría dejado seducir
por Sabelio. Sin
embargo trataba también de mantener
un término medio.
Contra la tendencia diteísta de Hipólito
el papa
afirmaba la unidad de Dios, cuando decía
que el Padre y el
Hijo no son dos seres separados; contra Sabelio
afirmaba la
distinción del Padre y el Logos, que
existía antes de
todo tiempo y se hizo hombre en el tiempo.
Novaciano.
A mediados del siglo III aprovecha el trabajo
de Tertuliano y se
aparta claramente del modalismo, cuando dice
que el Hijo engendrado
por el Padre, el Verbo, no es mero sonido,
sino que tiene substancia
propia, es una "segunda persona "; pero el Hijo no
había sido engendrado sólo
con miras a la creación,
sino que existió antes de todo tiempo,
pues pertenece a la
esencia del Padre tener en todo tiempo un
Hijo.
Rechaza
también la dialectica diteísta,
al recalcar que el Hijo
es Dios sólo en cuanto Hijo que recibe
la divinidad del Padre,
y sólo en cuanto Hijo se distingue
del Padre; no hay, por ende
división alguna de la naturaleza divina.
No se expresa con
igual claridad acerca dela "persona " del Espíritu
Santo, al que mira como una fuerza divina,
que obra en los profetas,
en los apóstoles y en la Iglesia.
Berilo,
obispo de Bostra en Arabia. Bajo el emperador
Gordiano (238-144)
profesó la opinión de que Cristo,
no existió de
manera propia, antes de su encarnación,
ni poseyó una
divinidad suya propia, sino la del Padre
que inhabitaba en él.
Orígenes disputó con él
y lo llevó a la
recta fe.
Dionisio,
obispo de Alejandría (260). Sostuvo
una discusión con
patripasianos de la Pentápolis libia.
Atacaba las teorías
modalistas de los obispos Ammnonio y Eufranor
con lenguaje vivo, pero
a par descuidado, y formulaba la distinción
del Padre y Hijo,
al que llamaba criatura (poiema) con tan
poca precisión que
parecía borrarse la igualdad de esencia
entre ambos. Una
denuncia a Roma fue ocasión para que
el papa Dionisio
(259-268) le rogara que precisara su modo
de ver y expusiera la
concepción de la Iglesia de Roma sobre
la Trinidad. Según
el papa en la escuela teológica de
Alejandría algunos
catequistas y maestros de teología
dividían la
monarquía en tres hipóstasis
y en tres divinidades
separadas y profesaban una doctrina diametralmente
opuesta a la
sabeliana; si Sabelio afirmaba que el Hijo
era el Padre y a la
inversa, aquéllos predicaban en cierto
modo tres dioses.
Contra eso, ha de afirmarse la unidad de
Dios tan firmemente como la
trinidad divina; hablar de Cristo como de
una criatura o afirmar que
hubo un tiempo en que no existía,
es tan blasfemo, como llamar
creación (poiesis) a su divina e inefable
creación.
Dionisio se defendió del ataque y
su posición satisfizo
a Roma.
Manes
nació el 14 de abril del año
216 d.C. seguramente en
Ctesifonte, capital parta Seleucia. Sus padres
estaban emparentados
con la casa de los príncipes persas
de los Arsácidas.
Su padre perteneció a la secta de
los mandeos, en que la
rigurosa abstinencia de carne y vino iba
unida a múltiples
ritos de purificación. Manes fue
educado en esa secta. Un
ángel le descubrió que estaba
destinado para apóstol
y heraldo de una nueva religión universal,
cuyo contenido le
fue comunicado en ulteriores revelaciones.
Emprendió
un viaje a la India, donde predicó
con éxito sobre todo
en la región de Beluchistán.
De vuelta a Persia obtuvo
el favor del rey Sapor I (241-273) quien
le permitió predicar
libremente por todo el imperio de los Sasánidas.
Él
mismo y un grupo numeroso de misioneros llevaron
la fe hasta Egipto y
las provincias orientales de Irán.
Sin embargo el rey Bahram I
(274-277) desencadenó una persecución.
Probablemente,
los sacerdotes de la religión zoroástrica
lo acusaron
de planes revolucionarios y de herejía
religiosa. Tras breve
detención, Manes murió en la
cárcel el año
277. Sus seguidores llamaron a su muerte
"crucifixión
" señalando así el carácter
martirial.
Una persecución les obligó
a huir hacia occidente, la
India y China donde existieron hasta el siglo
XV.
Su
predicación la consignó en
una serie de escritos que
alcanzaron pronto validez canónica:
El gran evangelio de
Alfa a Tau, que estaba provisto de un álbum
de imágenes;
el Tesoro de la vida, citado con frecuencia por san Agustín;
el Libro de los misterios, en 24 capítulos y,
finalmente, sus cartas halladas en el Alto
Egipto.
Doctrina
del maniqueismo. Le caracteriza un dualismo radical en la
doctrina acerca de Dios:
- Hay dos seres o principios supremos de igual orden o categoría, el principio de la luz y el de las tinieblas.
- Ambos son ingénitos y poseen el mismo poder; pero se hallan en una antítesis o contraste irreconciliable, cada uno en su propio imperio, la región de la luz o del bien, situada en el norte, y la del mal, en el sur.
- Ambos están sometidos a sendos reyes; el imperio de la luz, al Padre de la grandeza; el reino del mal, al príncipe de las tinieblas, que manda sobre numerosos demonios.
- Entre los dos principios primeros y sus reinos respectivos se desencadena una guerra, en que el reino de la materia trata de devorar a la luz; para defensa de ésta crea el Padre de la grandeza el primer hombre, que, con sus cinco hijos, sale a campaña, pero es vencido juntamente con ellos por el mal.
- El primer hombre se da cuenta de su destino o desventura y pide ayuda al Padre de la grandeza. Éste, después de una serie de emanaciones intermedias, desprende de sí al espíritu viviente, que libra al primer hombre de la materia mala y, así. lo redime.
- Apenas el hombre se da cuenta de que es una mezcla de luz y de tinieblas, es decir, apenas se conoce a sí mismo, comienza su redención.
- El Padre de la luz le ayuda a liberarse más y más de las tinieblas, que hay en él. Para ello envía a la tierra los mensajeros de la verdadera religión, que traen al hombre el verdadero conocimiento de sí mismo. Estos mensajeros son Buda, Zoroastro, Jesús y Manes. Antes de Manes a los heraldos del redentor maniqueo se les asignaron solamente partes limitadas del mundo, a las que tenían que llevar la verdadera gnosis: Buda actuó en la India, Zoroastro se ciñó a Persia, Jesús a Judea o, en todo caso, a occidente. Ninguno de estos tres fijó su mensaje por escrito; de donde resultó que las religiones por ellos fundadas, señaladamente la cristiana, decayeron rápidamente o fueron falseadas.
- Manes es el último llamamiento a la salvación; al mundo no le cabe ya sino convertirse ahora o perecer para siempre.
La ética
del maniqueismo se fundamenta en la abstención
de todo lo que
liga al hombre a la materia. Por esos el
perfecto maniqueo renuncia a
este mundo, no quiere poseer nada en él
y combate en sí
mismo todos los deseos o concupiscencias.
Es decir, se abstiene de
palabras y placeres impuros y repudia todo
trabajo servil, pues por
él es violado el mundo de la luz,
cuyos fragmentos se hallan
en todas las cosas visibles y palpables;
practica la continencia
absoluta y condena el matrimonio.
Los fieles
maniqueos son divididos en escogidos (electi)
y oyentes (audientes).
Los últimos sirven a los elegidos,
les procuran comida y
vestidos y así esperan nacer un día
en el cuerpo de un
elegido i alcanzar luego la salvación.
Al frente de
la iglesia maniquea está un superior
dotado de suprema
autoridad, el cabeza de los apóstoles
o rey de la religión,
que tiene su residencia en Babilonia. Evidentemente
el primero fue
Manes. A él está subordinada
una jerarquía muy
escalonada, que, en grados varios, comprende
12 apóstoles, 72
obispos o maestros de la verdad y 360 presbíteros;
a éstos,
como diáconos, se junta el resto de
los elegidos, hombres i
mujeres.
Los fieles
maniqueos se reunían en sus templos
para celebrar su liturgia,
que consistía en lectura de los escritos
maniqueos y canto de
himnos propios. Los ritos externos son rechazados,
pues en ellos
actúa el hombre ligado a la materia,
cuando sólo la
verdadera gnosis opera la salvación.
Relación
del maniqueismo con el cristianismo. Al comienzo de sus cartas,
Manes se llama enfáticamente a sí
mismo "apóstol
de Jesucristo ". Este Jesús apareció
sobre la
tierra como un eón celestial en un
cuerpo aparente, para
instruir a la humanidad sobre su origen real
y verdadero camino de la
redención. Jesús fue guía
de las almas, al que
los fieles maniqueos bendicen en numerosos
himnos, que suenan en
algunos trozos como oraciones puramente cristianas.
Este Jesús
finalmente envió al Paráclito
por Él prometido,
a fin de preservar su doctrina de toda falsificación.
El
Paráclito descendió sobre Manes
y le reveló los
misterios ocultos. Luego Manes se hizo uno
con él, de suerte
que ahora puede presentarse y enseñar
como el Paráclito
prometido. Por boca de Manes habla el Espíritu
enviado por
Jesús.
Coincidiendo
con Marción no reconoce al Dios del
Antiguo Testamento con
Dios de la luz; pero los ángeles de
la luz han consignado
también verdades sueltas en la Biblia
de los judíos.
Los evangelios y cartas paulinas aunque estén
también
penetrados de errores judaicos, sin embargo
en ellos se halla parte
del mensaje de Jesús sobre las más
profundas conexiones
del mundo, sobre el sentido del destino humano,
sobre la lucha de la
luz y las tinieblas y sobre la liberación
del alma de las
cadenas de la materia.
Oposición
al maniqueismo. Muy rápidamente se propagó
la
religión maniquea por Mesopotamia;
desde allí penetró
en Siria y Arabia, y halló una base
firme sobre todo en
Egipto, que se convirtió en centro
de propaganda para las
tierras del Mediterráneo.
El emperador
Diocleciano dictó al procónsul
de África un
edicto muy riguroso contra los maniqueos
(297). Se funda en quejas
oficiales de autoridades de aquella zona.
Ordena sean quemados vivos
en la hoguera los dirigentes del movimiento;
sus partidarios han de
ser decapitados; los ciudadanos romanos de
alta clase serán
condenados a trabajos forzados en las minas.
Bajo el papa Melcíades (311-314) se señala su presencia en Roma, y de aquí emprende sin duda el camino hacia la Galia, Hispania los Balcanes. Los concilios del siglo IV se refieren reiteradamente al maniqueismo. Una ley del emperador Valentiniano I (372) ordena confiscar las casas donde se reúnen. Teodosio II aumenta las sanciones contra ellos y Justiniano I castiga de nuevo con pena de muerte el credo maniqueo. En África el maniqueismo cautiva a muchos, entre ellos al propio Agustín durante un decenio. Los vándalos en el siglo V les persiguieron también. Las corrientes neomaniqueas de la Edad Media sobre todo en los Balcanes atestiguan la vitalidad del maniqueismo.
Theonas,
obispo de Alejandría (300) previene
a sus fieles cristianos de
las doctrinas maniqueas acerca del matrimonio.
También se
opusieron al maniqueismo obispos como Cirilo de Jerusalén,
Afrahates y Efrén en oriente, y posteriormente León
Magno en occidente. La Iglesia mandaba que se
pusiera especial
atención, cuando un maniqueo quería
convertirse al
catolicismo; por medio de fórmulas
precisas de abjuración,
había que asegurarse de la sinceridad
de la conversión.
Agustín mismo hubo de suscribir una
de esas fórmulas.
Algunos
autores antimaniqueos: el obispo Serapión
de Tmuys. Dídimo
de Alejandria con un trato especial "Katá manijimon ",
el obispo árabe Tito de Bostra y las
Acta Archelai, Hegemono
de Siria, Eusebio de Emesa, Jorge de Laodicea
y Diodoro de Tarso.
La fiesta
pascual experimenta un desarrollo que la
convierte, en la conciencia
de los creyentes, en la fiesta central y
prevalente sobre todas, de
la conmemoración de la redención
cristiana. Dos
factores:
la plena estructuración de la celebración pascual misma de entonces, ampliando su duración a los días anteriores y posteriores;
La inclusión en la liturgia pascual de la administración del sacramento de la iniciación cristiana.
Los
comienzos de este movimiento se remontan
ciertamente al siglo II,
pues ya en los comienzos del III los vemos
en un estadio progresivo.
Las fuentes: la Didascalia siria, algunos escritos de
Tertuliano y la Tradición apostólica de Hipólito
pertenecen al siglo III; las homilías
sobre los salmos de
Asterio el sofista se compusieron a comienzos
del siglo IV, pero
reflejan a menudo un estado de evolución
litúrgica que
ha de situarse a fines del siglo III.
En el siglo
II se celebra en Asia Menor y en algunos
territorios vecinos un
"PASSAH " cristiano, que pone desde luego en
el
primer plano el pensamiento de la pasión
del Señor,
pero que tampoco excluye la idea de que esta
pasión desemboca
en la resurrección. Así parece
que mantenían el
14 de nisán, siguiendo el uso judío,
como fecha de la
pascua. La iniciaban con riguroso ayuno,
y en uno y otro caso se
escuchaba una homilía sobre Éxodo
12. No se trataba,
sin embargo, de un día exclusivamente
de duelo, pues la
celebración tenía un final
gozoso con el ágape y
la recepción eucarística, la
mañaña del
15 de nisán. A esos se les llamaba
cuartodecimanos.
En Siria,
Egipto, en el Ponte y el occidente latino
se practicaba el "PASSAH
" dominical, es decir, la celebración
de la pascua el
domingo siguiente al 14 de nisán.
No excluía de la idea
fundamental del rito el pensamiento de la
pasión del Senior.
Iniciábase tal celebración
con la expresa memoria de
ella e iba unida también a un riguroso
ayuno, pues el recuerdo
de la pasión era presupuesto para
una digna y razonable
conmemoración de la resurrección
del Señor. la
vigilia daba aquí término a
estos ayunos pascuales y
representaba el tránsito a la alegría
pascual por la
redención consumada en la resurrección.
La
controversia pascual del siglo II era una
disputa no sobre el modelo
sino acerca de la fecha de la misma pascua
y de la forma i duración
del ayuno pascual, que no condujo por lo
pronto a una concordia, pues
las dos partes creían poder apelar
en pro de su respectiva
interpretación a la tradición
apostólica.
Irineo
supone la introducción del "passah dominical "
en tiempos del papa Sisto, a comienzos del
siglo III. La distinta
práctica originó polémicas
y discusiones, como
lo demuestra la discusión entre Melitón
de Sardes y el
obispo Claudio Apolinar de Hirápolis
(hacia 170) en Asia
Menor, discusión en la que intervino
también Clemente
de Alejandría. Éste, en un escrito especial contra
los cuartodecimanos, apelaba a la cronología
joánica, y
recalcaba que Jesús, el verdadero
cordero pascual, había
muerto y sido sepultado en un solo día,
el de la prasceve del
passah. En su réplica, Melitón fundaba el
uso cuartodecimano en la datación
de los sinópticos
según la cual Jesús celebró
la pascua antes de
su muerte, y a ella había que atenerse
también ahora.
A finales
del siglo II el presbítero Blastos
quiso introducir en Roma el
uso cuartodecimano y pudo hallar apoyo en
los cristianos venidos de
Asia Menor. Hacia el 195 el papa Victor quiso
imponer una regla única
para la Iglesia universal y mandó,
para este fin, celebrar
sínodos en todas partes. La mayoría
se pronunció
por la práctica dominical. La provincia
de Asia se opuso a
través del obispo de Efeso Polícrates.
El papa Víctor
trató de excluir entonces a las iglesias
del Asia Menor de la
comunión eclesiástica. Ireneo
de Lión, en
cambio, preconizó un trato de tolerancia
con los partidarios
cuartodecimanos y tuvo éxito. Los
obispos de Palestina se
esforzaron por unificar el uso pascual en
sentido dominical. La
minoría cuartodecimana permaneció
fiel al uso antiguo
durante todo el siglo III i se unieron a
ellos los novacianos del
Asia Menor. El concilio de Arles (314) recomendó
en su canon 1
la pascua dominical. El concilio de Nicea
(325) excluyó de la
comunión eclesiástica a los
cuartodecimanos.
Las fuentes
del siglo III equiparan el curso de la celebración
pascual en
oriente y en occidente. La fiesta se iniciaba
con un ayuno
rigurosamente obligatorio, que se tenía
por elemento esencial
de la pascua. La duración variaba
según los lugares. El
centro de la fiesta pascual era la vigilia
nocturna. No era un rito
familiar, con el passah judío, sino una fiesta
esencialmente comunitaria de todos los creyentes.
La asistencia era
obligatoria.
Las primeras
horas de la noche se llenan con oración
y lecciones; se citan
expresamente salmos y lecciones de los profetas
i de los evangelio.
La vigilia, según la Didascalia , pertenece al día
de pascua y tiene, por ende, un final festivo
que va resaltando más
y más con el ulterior desarrollo de
la vigilia, tal como ha de
cumplirse a comienzos del siglo III.
Aquí
hay que mencionar sobre todo el solemne bautismo,
que, como elemento
nuevo, se incorpora por este tiempo a la
liturgia pascual. Tertuliano
habla de "dies baptismo sollemnior ".
El siglo III
presenta también el primer desarrollo
del tiempo pascual, que
se convierte así, como primer ciclo
festivo, en el centro de
gravedad del año eclesiástico
en formación.
Durante 50 días a partir de pascua
se celebra la resurrección
del Señor. El carácter festivo
de este Pentecostés
se subraya por el hecho de que no se ayuna
ni se reza de
rodillas. El día último de
Pentecostés no
tiene un tono festivo. En Hispania se celebraba
de manera distinta.
El concilio de Elvira (300) reprueba la celebración
del tiempo
pascual de 40 días e impone el día
quincuagésimo.
A finales del siglo III y comienzos del IV
se desarrolla la octava de
pascua.
Los primeros indicios de la formación de un calendario cristiano en el siglo III podrían verse en el recuerdo de los mártires que cultiva la Iglesia. Los cristianos celebran la eucaristía en el aniversario de la muerte del mártir y hacen memoria de ellos en la oración. En oriente se inicia ya en el siglo II, según el relato del martirio de Policarpo de Esmirna, que habla al final de celebrar su "día natalicio ", es decir, el aniversario de su muerte. En occidente no tenemos noticias hasta la primera mitad del siglo III, cuando el correspondiente calendario, la Depositio martirum, cita al obispo romano Calixto (+222). Cipriano atestigua también el culto a los confesores. En el siglo III comienza a distinguirse el sepulcro de los mártires por su configuración especial arquitectónica del lugar de enterramiento, aun cuando sólo la memoria apostolorum de la Via Appia, cerca de Roma, pueda considerarse ciertamente como tal construcción de este tiempo, la misma que posteriormente se llamó de manera general martirion. Entre dichos monumentos hemos de considerar el tropaion sobre la colina vaticana mencionado por el presbítero Gaio.
A fines del
siglo II y comienzos del III se introduce
en la Iglesia universal el
catecumenado. El éxito misional de
fines del siglo II requería
examinar a los nuevos convertidos gentiles
para mantener el nivel de
las comunidades cristianas. La gran amenaza
de las sectas heréticas,
sobre todo del movimiento gnóstico;
la necesaria comprensión
de la fe motivó, a semejanza de los
cultos mistéricos,
tan gratos a los paganos, una introducción
regulada por normas
fijas en el mundo de los sacramentos de iniciación
cristiana.
La primera
instrucción de la fe se impartió
de manera privada. La
Iglesia podía también tomar
a su servicio a un recién
convertido culto, por ejemplo Justino, que
venía actuando
previamente como maestro privado de la religión
cristiana.
Paulatinamente la Iglesia atraerá
hacia sí estas formas
privadas de preparación de los candidatos
al bautismo. A
comienzos del siglo III Hipólito en
la Constitución
eclesiástica nos da noticia del catecumenado.
La Iglesia
somete al candidato al bautismo a un examen
riguroso que tiene por
objeto sobre todo sus cualidades morales.
El aspirante debe presentar
un garante o fiador cristiano que demuestre
la seriedad de su
voluntad de conversión. La admisión
al catecumenado
depende además de un examen del pretendiente
por parte del
maestro del catecúmeno, que puede
ser clérigo o laico.
Este examen se extiende a los motivos de
su pretensión, a sus
relaciones matrimoniales, a su profesión
y posición
social. Si el pretendiente es esclavo de
un amo cristiano su admisión
depende de la opinión de aquel. Son
profesiones incompatibles
las que están o pueden estar fácilmente
en relación
directa con el culto pagano, tales como las
de sacerdote
sacrificador, guardián de un templo,
actor, astrólogo y
hechicero. El concilio de Elvira añade
aún el auriga de
circo. Tertuliano piensa también
en los soldados que deben
tomar parte en sacrificios, vigilan los templos
o participan en actos
violentos. Las prostitutas son rechazadas
y los problemas
matrimoniales deben arreglarse antes de la
admisión a la
enseñanza catequética.
Superado el
examen la consignatio o señal de la cruz convierte al
aspirante en christianus o catechumenus.. Durante tres
años está al cuidado del doctor audientium. La
instrucción se basa sobre la Biblia,
con la que el catecúmeno
se va familiarizando por medio de las lecciones
litúrgicas y
la homilía. La hora de instrucción
se cierra siempre
con una oración i con la imposición
de manos del
catequista.
Los tres
años del catecumenado terminan con
un nuevo examen de los
aspirantes al bautismo, que se extiende a
la conducta religiosa y
moral durante todo este tiempo. El examen
se efectúa una
semanas antes del bautismo ante el obispo
y con la asistencia de un
fiador. La buena conducta se valora por sus
buenas obras (visita a
enfermos y preocupación por las viudas).
El ejemplo sublime
era "haber sido encarcelado por el nombre ). Si el
catecúmeno moría en el trance
sin haber recibido el
bautismo, se salvaba, pues "había sido bautizado en su
propia sangre ".
El candidato
que ahora se llama electi se prepara inmediatamente para
recibir el bautismo. Este estadío
se caracteriza por el más
frecuente empleo de oraciones litúrgicas
de purificación,
o exorcismmos, que liberen y curan más
y más del poder
de lo demoníaco. El obispo examina
por medio de un exorcismo,
al acercarse el día del bautismo,
la pureza de los aspirantes
y excluye a los energúmenos; ora con
ellos el sábado
anterior al bautismo, les impone las manos
y bendice sus sentidos con
el signo de la cruz. Tertuliano dice que
la segunda etapa del
catecumenado empezaba con una primera renuncia
a Satán. El
ayuno bautismal especial se imponía
a los candidatos el
viernes y sábado antes del domingo
del bautismo.
El bautismo
se inserta dentro del marco de impresionante
vigilia que dura toda la
noche y está llena de lecciones y
últimas instrucciones
litúrgicas. La vigilia pascual, sobre
todo, era la que reunía
el mayor número de bautizados al año;
en otros casos,
cuando un motivo especial exigía nuevo
día de bautismo,
se señalaba la noche de un sábado
a domingo. Al
amanecer, señalado por el canto del
gallo, daba comienzo la
acción propiamente bautismal. Los
catecúmenos dejaban
sus vestidos y se limpiaban de toda mancha,
entraban en la pila o
piscina bautismal, surtida por corrientes
de agua limpia. Previamente
el obispo consagraba el óleo de acción
de gracias y el
óleo del exorcismo. Primero eran bautizados
los niños,
sus padres responden por ellos, luego los
hombres y, por fin las
mujeres.
El sacerdote
manda primeramente al bautizado renunciar
a Satán vuelto hacia
occidente: "Renuncio a ti, Satán, y a toda tu
pompa y
a todas tus obras ". Luego sigue la unción el óleo
del exorcismo. Posteriormente el bautizando
baja con el diácono
a la pila bautismal. El ministro, obispo
o presbítero, le
impone la mano y le va haciendo sucesivamente
las tres preguntas
sobre su fe: Crees en Dios Padre, Dios Hijo,
Dios Espíritu
Santo. A cada pregunta responde el bautizado:
Creo, y el
ministro vierte agua sobre su cabeza. Luego
un sacerdote lo unge con
óleo de acción de gracias.
Luego el bautizando se
vuelve a vestir, y terminada la acción
bautismal, marchan
todos desde el lugar del bautismo a la iglesia.
Aquí se
ejecuta un nuevo rito sobre cada uno de los
neófitos, la
consignatio, que se reserva el obispo. Le impone la
mano y
recita al mismo tiempo una oración
en la que implora la gracia
de Dios sobre el nuevo bautizado, a fin de
que sirva a Dios y cumpla
su voluntad. Luego unge a todos la cabeza
con óleo, signa su
frente con la cruz y da a cada uno un beso
diciendo: El Señor
sea contigo ; a lo que contesta el confirmando Y con tu
espíritu. Seguidamente, los neófitos se juntan
con
la comunidad de los fieles y celebran con
ellos por primera vez la
eucaristía.
En el catecumenado de África se atribuye mayor importancia a la educación ascético moral de los aspirantes, que a su introducción en la ciencia de la fe.
Justino,
màrtir +150. Primeramente esboza el curso de la
celebración, tal como sigue al bautismo;
poco después
habla de la celebración en común,
"el día
que llaman del sol ", a la que concurren todos.
"Se leen las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas". Sigue la homilía del presidente y las oraciones en común "por nosotros mismos, por los recién bautizados y por todos los otros dondequiera que se encuentren ". Acaban con el beso de paz.
Presentación de las ofrendas ( pan y vino mezclado con agua) no sabemos por quién. Oración del presidente, que se llama eucharistia: en ella se hace subir al Padre del universo, en el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, alabanza y bendición, y le da gracias de que se digne conceder a los fieles estos dones. Toda la comunidad presente afirma y confirma la eucharistia del presidente con el hebreo amén.
Se
reparten los dones eucarísticos consagrados,
llamados también
eucharistia, entre los presentes y se lleva también
a
los ausentes. Sólo comulgan los bautizados.
Hipólito.
Doble descripción de la celebración
de la misa:
primeramente, tal como tiene lugar después
de una consagración
episcopal; luego, tal como la celebra la
comunidad cristiana, con sus
miembros recién bautizados. Su más
alto valor está
en la fórmula
Presentación de las ofrendas por los diáconos. Sobre ellas extiende las manos el obispo con los presbíteros al comenzar la solemne oración de acción de gracias, que se inicia con el diálogo entre el mismo obispo y la comunidad reunida, tal como hasta hoy lo ha conservado la liturgia romana.
La acción de gracias del canon es ofrecida al Padre por medio de su Hijo querido Jesucristo, que Él envió como salvador y redentor. Él es la Palabra o Verbo del Padre, por quien todo ha sido creado; tomó carne en el seno de la Virgen y nació del Espíritu Santo y de ella. Él aceptó voluntariamente la pasión, a fin de quebrantar el poder de la muerte y de Satán, i ha hecho manifiesta su resurrección.
La Iglesia sigue su ejemplo y cumple su mandato de la última cena en este punto se citan las palabras de Cristo cuando rememora su muerte y resurrección, ofrece al Padre el pan y el cáliz y le da gracias porque la tiene por digna de servirle.
El obispo sigue rogando al Padre que envíe su Espíritu Santo sobre las ofrendas de la santa Iglesia, y llene del Espíritu Santo a todos los que las reciban, a fin de que afirmen su fe en la verdad. El Amén de toda la comunidad refuerza y confirma también aquí la oración del obispo.
El canon
eucarístico de Hipólito no
trata de ser un texto
obligatorio para toda iglesia y para toda
ocasión, sino un
muestra de formulario, cuya estructura e
ideas fundamentales han de
mantenerse, pero que puede variarse y completarse
en los pormenores.
En el siglo III se descubren los primeros indicios de la llamada disciplina del arcano, por la que se mantenían ocultos a los no iniciados las acciones y textos más importantes del culto litúrgico, sobre todo del bautismo y eucaristía, el padrenuestro y el símbolo de la fe, o sólo se aludía a ellos ante los no elegidos en lenguaje velado.
A la
creación artística cristiana
se opuso una corriente, de
fuerza considerable dentro de la misma Iglesia,
que repudiaba de
forma absoluta toda actuación en el
terreno del arte. Orígenes
se apela a la prohibición de Éxodo
20,4 cuando dice que
los cristianos aborrecen los templos, altares
e imágenes. Para
Minucio Félix el espiritualismo del
Dios cristiano se opone
también a su culto en un templo. Tertuliano
rechaza el arte
que descubre estrechamente ligado al culto
pagano. El concilio de
Elvira (300): " Ha parecido que no debe
haber pinturas en las
iglesias, con el fin de que no se pinte en
las paredes lo que se
venera y adora " (canon 36).
Tertuliano
conoce cristianos que poseen capas con la
imagen del buen Pastor.
Clemente de Alejandría, aún
con todas las reservas
respecto a una representación de Dios,
propone a los
cristianos de sus días algunos símbolos
que pueden
llevar en sus anillos de sellar, y cita,
entre otros, la paloma, el
pez, la barca, el áncora y el pescador.
Hacia el
205, una inundación destruía,
en la Edesa sirio
oriental, también "el templo de los cristianos ".
En su comentario a Daniel cuenta Hipólito
que los enemigos de
los cristianos penetran "en la casa de Dios ",
precisamente cuando los fieles se reúnen
para orar. Tertulino
habla de "la casa de nuestra paloma " posiblemente
un templo cristiano en Cartago. Para la segunda
mitad del siglo III
hay testimonios sobre "iglesias " cristianas en
Palestina y Sicilia. Eusebio señala
que, antes de Diocleciano,
los antiguos lugares de culto de los cristianos
fueron sustituidos
por edificios más amplios. En virtud
del edicto persecutorio
de Diocleciano fueron destruidos los templos
cristianos en Bitinia,
Galacia, el Ponto, Tracia, África,
Hispania y la Galia. Una
iglesia doméstica preconstantiniana,
erigida hacia el año
232, fue excavada en Dura-Europos, guarnición
fronteriza
romana a la orilla occidental de Eufrates.
A mediados
del siglo III la Iglesia llegó a poseer
lugares propios de
enterramiento, que se llamaron primeramente
cementerios y en Roma, a
partir del siglo IX, catacumbas, nombre que
se deriva del de la
campiña in o ad catacumbas junto al cementerio
de San Sebastián en la Vía
Appia. El cementerio
cristiano más antiguo es el coemeterium Callixti , que
se estableció en una finca donada
por el papa Ceferino
(199-217) de sus bienes privados a la iglesia
de Roma, y cuya
administración encomendó al
diácono Calixto.
Se decoran
las paredes y techos de las cámaras
sepulcrales de las
catacumbas con escenas de la Sagrada Escritura
que proclamen la
esperanza cristiana de una vida eterna. Entre
las más antiguas
representaciones se encuentran, por ejemplo,
Daniel entre los leones,
Noé en el arca, Jonás devorado
por el pez y vomitado
luego, o la escena del Nuevo Testamento de
la resurrección de
Lázaro. Encontramos también
la figura del Buen Pastor,
a través de ella Cristo se muestra
como soter (salvador),
que, como buen Pastor, trae la vida, y como
Maestro, el verdadero
conocimiento de Dios. Cristo aparece también
como maestro en
la primitiva plástica cristiana de
los sarcófagos. Un
mosaico de un mausoleo descubierto bajo San
Pedro de Roma muestra
Christus-Helios subiendo del hades al Padre.